Aprobación del Pabellón y Escudo Nacional en el Tercer Congreso reunido en el templo de la Encarnación el 25 de noviembre de 1842, bajo la presidencia de don Carlos Antonio López.
Óleo sobre lienzo de Guillermo Ketterer pintado en 1957.

jueves, 19 de julio de 2012

LA DIFERENCIA ENTRE “LO GUARANÍ” Y “LO PARAGUAYO”


Invitamos al lector a reflexionar sobre este tema que pocas veces abordamos en el marco del sistema educativo. Nuestro sistema adolece de tantas imperfecciones siendo una de ellas ésta; es decir, la falta de distinción entre “lo que es guaraní” y “lo que es paraguayo”.  Es deber del sistema educativo el esclarecimiento y separación de ambas culturas.  La confusión sube de punto cuando se trata de la lengua, porque al paraguayo se le inculca que el idioma guaraní que habla le corresponde genuinamente a su pueblo y que no está dialectalizada; que es una lengua única, sin lenguas hermanas en el continente. Nuestro sistema educativo tiene el deber primario de corregir este enfoque y enseñar que el idioma guaraní hablado por los paraguayos es una de las 53 variedades dialectales de este idioma y que como tal los paraguayos debemos asumirla.

Para dimensionar la diferencia existente es de rigor una visión acabada de la cultura guaraní y de la cultura paraguaya.

1.- El pueblo guaraní y su pervivencia

El peor defecto que comete y ha venido cometiendo desde antaño el sistema educativo nacional es la referencia que hace del pueblo guaraní siempre en tiempo pasado. Los paraguayos aprendimos, junto con las primeras letras en la escuela, que el pueblo guaraní ha desaparecido, dejando en su lugar al pueblo paraguayo. Todos los textos escolares mencionan que los guaraní fueron valientes; que fueron aguerridos, que fueron sabios, que alcanzaron altos niveles de conocimientos en botánica, en medicina, en astronomía, etc. Nuestros textos escolares usaron siempre todos los verbos en tiempo pasado cuando se referían al pueblo guaraní. Por causa de este levado de cerebro es que el paraguayo de hoy cree firmemente que el pueblo guaraní desapareció y lo cree a pesar de las estadísticas, de las publicaciones periodísticas, de las entrevistas radiales y televisivas hechas a los indígenas e incluso a pesar de la aparición eventual de los indígenas ante sus ojos. Este enfoque perverso ha consumado un etnocidio mental, el cual debe corregirse con la mayor urgencia. El sistema educativo debe informar a las generaciones jóvenes que el pueblo guaraní vive y pervive a pesar de todas las vicisitudes pasadas; que está allá en la selva viviendo de conformidad con su cultura propia. La nación guaraní no es un mero objeto de estudio antropológico sino un pueblo en marcha que se encuentra atravesando la situación más difícil de su historia por causa de la depredación de su hábitat, pero a pesar de ello pervive.

2.- Descripción de la cultura guaraní

2.1.- Lengua

La cultura guaraní se enmarca dentro de las culturas eminentemente orales y ágrafas. Los guaraní no alcanzaron la escritura. Incluso volvieron a perderla después de la gran experiencia jesuítica.  Sin embargo, durante la colonia fue una de las tres lenguas de América junto con el quechua en los Andes y el náguatl en México.  También fue una de las primeras lenguas estudiadas por los europeos, al punto que en el siglo XVII ya contó con diccionario y gramática producidos por los misioneros jesuitas y franciscanos. Debido a la gran extensión de la lengua en América del Sur y el Caribe, la misma se halla dialectalizada por cada uno de los pueblos o parcialidades autodefinidas.  La lingüística ha llegado a identificar 53 variedades dialectales de la lengua guaraní, de las cuales una decena ya se halla extinguida.  En el Paraguay actual existen 6 variedades dialectales indígenas y 1 no indígena denominada guaraní paraguayo.  Las demás se hallan ubicadas en el Brasil, la Argentina, Bolivia, Colombia, Perú, Venezuela y Guayana.   

El patrimonio común de todas las parcialidades es la lengua. Muchas parcialidades llaman a su lengua “Ava ñe’ẽ”, otras “ñande ñe’ ẽ”, otras “ñande ayvu”, y otras “ñande ñe”.

2.2.- Religión

Si bien existe una gran penetración de las religiones europeas, especialmente la cristiana, al interior de las parcialidades, el guaraní profesa aún su religión propia.  Las distintas parcialidades realizan una interpretación de la oratura sagrada común y con base en ella establece su religión. Tanto el dios principal, creador de todo lo creado, como el gran panteón de dioses que conforma la pirámide de la religión guaraní, reciben nombres distintos según las parcialidades.  La separación de los guaraní en parcialidades, tal como se presenta actualmente en el Paraguay, como en el resto de América del Sur, se debe precisamente a discrepancias teológicas en cuanto a la interpretación de la oratura sagrada.  La oratura sagrada consiste en una larga narración teológica que comienza con la aparición del supremo hacedor en medio de las tinieblas primigenias, su naturaleza inicial de voz, palabra y canto, y su posterior materialización a través de la luz.  Corporizado que fue el verbo, su cuerpo asumió la forma humana, creó la tierra bajo sus pies y la puso en equilibrio en el universo, sobre dos líneas en cruz.  Con posterioridad creó todo lo existente en la tierra, creó a su propia mujer de un hilo de su vincha sagrada y comenzó a tener una larga descendencia.  Construyó el panteón de los dioses menores y estableció las jerarquías sagradas, pirámide cuya base es el hombre. El supremo hizo saber de su existencia, a toda su descendencia a través de su palabra. Luego estableció la misión del hombre en la tierra y adelantó la forma en que la tierra se echará a perder, así como los signos reveladores del principio del fin.

La oración que al mismo tiempo es canto, música y danza, responde a los sistemas de creencias de las parcialidades. 

2.2.1.- La oratura sagrada de los guaraní y la literatura

Es por demás habitual que los guaraniólogos presenten el AYVU RAPYTA de León Cadogan como “literatura guaraní”. Es un error lamentable que corresponde a las universidades corregirlo.  Ese texto no es literatura de ficción ni historia, ni ensayo. Es la oratura sagrada de los guaraní en versión de la parcialidad Mbya Ka’yguã.  Para ser más explícito digo que ese texto es comparable en nuestra cultura sólo con la biblia.

De la misma forma que Cadogan documentó también una buena parte de la oratura sagrada, pero la de los Paĩ Tavyterã, el General Marcial Samaniego. Hoy día conocen bastante esa versión el antropólogo Georg Grumberg y los paraguayos Gregorio Gómez Centurión, Cristina Olazar, y yo mismo que publiqué parte importante de ella en el número 18 en la Revista Ñemitỹ.  Los Paĩ Tavyterã denominan a esta oratura sagrada ARAKUAÁVY, pero es más conocido con el nombre vulgar de MBORAHÉI PUKU.  Este nombre se debe al modo de contar cantando y dicen que la narración no se termina de contar en 40 días con sus noches.  Por tanto es un texto de mucha envergadura.

De igual modo tienen sus respectivas versiones las otras parcialidades de la nación guaraní. La de los guaraní Apapokúva fue una de las primeras en ser recogidas; fue hecha por el etnógrafo alemán Kurt Unkel, más conocido por su nombre guaraní de Nimuendaju. Reiteramos que es un error estudiar dichos textos como literatura, simplemente porque no lo son. Y además, porque se degrada la cultura guaraní equiparando textos sagrados a la literatura de ficción de estilo europeo que nada tiene de sagrado ni de teológico.

2.2.2.- La oratura profana

Después de la oratura sagrada existe en la cultura guaraní la oratura profana cuyas manifestaciones más comunes son los dos cantos denominados: GUAHU y KOTYU; el primero es un canto ceremonial y por ende sagrado, y el segundo es canto profano o de divertimento que habitualmente es acompañado de danzas colectivas.  Estos textos tampoco constituyen literatura por el hecho de no estar escritos.  Cuando son transcriptos constituyen oralitura y debe ser tratada como tal, porque de lo contrario se desnaturaliza su esencia oral.

El conocimiento de estos textos es importante, pero reiteramos que no deben equipararse a lo que en la concepción europea se conoce como literatura.

2.3.- Economía

En cuanto a la organización económica es preciso divulgar a través de las universidades que la guaraní es una cultura que no realiza acumulación de bienes materiales. Este aspecto que marca la diferencia fundamental con las sociedades de modelo europeo, como la nuestra, curiosamente nunca se señala en la cátedra; casi nunca los descriptores de esta cultura llamaron la atención sobre este aspecto que, para mí al menos, es crucial para establecer la diferencia, para ilustrar acerca de la cultura guaraní y presentarla como una alternativa diferente de vida.  De ello derivan una serie de conductas tales como la escasa valoración del trabajo humano, la casi nula predisposición para el almacenamiento de víveres, la imprevisión más absoluta en materia alimentaria, el escaso apego a las comodidades, la precariedad de la vivienda y el escaso desarrollo de la agricultura, entre otros.  Si bien la sociedad guaraní ha llegado al neolítico, esa etapa está apenas en sus inicios, siendo escasa la diferencia entre lo encontrado hace 500 años y la sociedad guaraní actual. Hasta el presente no quieren acumular bienes; no se avienen a la agricultura de renta ni a la actividad pastoril o ganadera; a pesar del ejemplo que tienen en la sociedad paraguaya se niegan a practicar la acumulación de bienes.

2.4.- Organización Social

La nación guaraní nunca constituyó Estado. Tampoco centralizó su gobierno bajo un liderazgo común. Su modo de organización social es el confederativo. Se agrupan en pequeñas comunidades tribales, de menos de 100 familias nucleares, denominadas generalmente Te’ýi. La vida es vivida en comunidad, la misma se desarrolla alrededor de la gran casa de oraciones y las familias nucleares tienen sus viviendas propias hacinadas en el entorno de la casa principal.  El individuo responde primeramente a su comunidad y luego a su parcialidad o etnia.  La parcialidad es un conjunto de comunidades identificadas por una denominación común. Por ejemplo los Paĩ Tavyterã constituyen una etnia o parcialidad situada en el Departamento de Amambay y se halla constituida por cerca de 50 comunidades. Ellos tienen su dialecto de la lengua guaraní bastante emparentado con el guaraní paraguayo y su propia versión teológica de la oratura sagrada. En el Paraguay actual las parcialidades son Mbya, Ava katuete, Paĩ Tavyterã, Ñandéva Tapyete y Ache Guayaki.

2.5.- Organización Política

Estas comunidades tienen gobiernos de origen popular y no hereditario; sus autoridades políticas son elegidas por consenso, sin votación y sin plazo determinado de mandato.  Dicha autoridad política generalmente denominada Mburuvicha ejerce la función bajo el control directo del líder religioso, comúnmente denominado Ñanderu o Tekoaruvicha. Debido a la gran influencia que tiene esta autoridad sobre el servidor político, algunos antropólogos han calificado el sistema político guaraní como “teocrático”.

3.- Descripción de la cultura paraguaya

La cultura paraguaya es nueva y resulta del sincretismo cultural guaraní-español.  En lo político el Paraguay se ha apartado del sistema guaraní y adoptado la democracia europea, aunque con muchas dificultades debido a las falencias de la educación institucionalizada.  En lo económico la cultura paraguaya, desde sus orígenes, ha pretendido acumular bienes; es decir, se halla esencialmente predispuesta a acumular todo lo posible, a almacenar lo que alcanza, a tener y a prevenir el sustento del futuro; todo dentro de lo posible.  Sin embargo subyace en su cultura económica la imprevisión y la indisciplina en materia laboral.  En cuanto a la organización social el sistema paraguayo es del tipo europeo, separada en familias nucleares y con organizaciones sociales muchas veces más formales que reales.  En cuanto a la lengua el paraguayo mantiene las dos lenguas de sus progenitores, sin configurar bilingüismo sino diglosia, debido al gran prestigio de la lengua del poder y la falta de apoyo estatal a la lengua americana.

4.- La ambivalencia cultural del paraguayo

El paraguayo es un ser que navega en dos aguas culturales, y la confusión en que vive es total. Nuestro sistema educativo nunca ha aclarado suficientemente que como individuos somos parte del pueblo paraguayo y no del pueblo guaraní; y esta diferenciación es crucial para una formación adecuada de nuestros educadores y a través de ellos de nuestro pueblo. No se puede seguir ignorando esta situación en el sistema educativo.

5.- Las posturas extremistas

Dentro de la cultura paraguaya existen corrientes extremistas, tanto la inclinada hacia la lengua y cultura europea como la inclinada a la lengua y cultura americana.  La corriente tradicional que domina el sistema educativo es la que ignora completamente la lengua y la cultura guaraní, vigentes en la cultura del paraguayo.  Esta corriente extremista se instaló en tiempos de la colonia y por razones de coloniaje, por tanto para esa época era natural.  Lo inaceptable es que esta corriente cultural siga sin modificaciones después del 14 de mayo de 1811.  De esta época, que comprende los últimos 200 años, somos responsables los paraguayos.  Los registros históricos tienen anotado que en la época de la declaración de la independencia del Paraguay, más del 90% de la población nacional era monolingüe guaraní, pero a pesar de ello esta lengua no fue considerada en los niveles gubernamental y del sistema educativo.  El Paraguay perdió la oportunidad de ser el único país de América con lengua oficial propia y americana. Las escuelas del país y sus programas de estudio siguen hasta hoy el modelo colonial. Nunca se produjo un cambio de actitud del Estado paraguayo en este tema, con excepción de lo resuelto por la Convención Nacional Constituyente de 1992, y 18 años después, por la trabajosamente lograda Ley de Lenguas. Es de presumir que en virtud de estos instrumentos legales el Estado paraguayo comenzará, lentamente, a asumir su realidad lingüística y cultural.  Reiteramos que esta es una corriente extremista porque excluye totalmente de su enfoque tanto la lengua como la cultura guaraní, y lo hace con total arbitrariedad porque la realidad es otra.

La otra corriente extremista es aquella que pregona el cultivo de una lengua guaraní pura, sin mezclas, sin jerigonza, sin préstamos lexicales; aquella que no asume el guaraní paraguayo, que lo desconoce. Esa corriente rechaza la incorporación de toda palabra de origen hispánico al léxico del guaraní paraguayo; se proclama más guaraní que el propio indígena guaraní y pretende que la sociedad paraguaya se identifique como tal.  Esta postura extremista deja de considerar la vertiente española y europea en la conformación de la cultura paraguaya, cayendo en el mismo vicio que la anterior; ambas corrientes de pensamiento llegan al extremo de negar una historia que tiene 500 años.  Entre los cultores de la lengua guaraní hay muchos de éstos, y es fácil además caer en las redes de esta corriente por el silencio cómplice del sistema educativo y la cháchara del nacionalismo chauvinista.

6.- La postura que corresponde asumir

El paraguayo que se precia de tal tiene el deber de asumirse a sí mismo como individuo, con todo el bagaje cultural recibido de ambas corrientes culturales y cuyo vértice es la persona.  Pero en primer lugar debe hacerlo el sistema educativo nacional en su carácter de manifestación de la voluntad del Estado paraguayo. Apartarse de ambos extremismos no es una cuestión voluntaria ni de libre albedrío de la persona; es de rigor asumir dicha postura simplemente porque responde a un hecho cultural.  En la persona del paraguayo y la paraguaya viene realizándose una síntesis cultural de ambas corrientes.  La persona es el centro, el laboratorio, en cuanto heredero de dos lenguas y dos culturas que conviven desde hace 500 años en un mismo territorio, en una misma población y en el cerebro de los mismos individuos.  Desde todo punto de vista es imposible que el paraguayo como tal ignore una de esas dos corrientes en su cultura.  El que lo haga no sería propiamente paraguayo, porque éste, por definición, es receptáculo y producto de ambas corrientes.  Esto no significa que la persona que no posea las lenguas guaraní o castellana no sea paraguaya, porque se puede participar de la cultura sin pasar por las lenguas.  No obstante, al Estado le incumbe el deber de orientar la política cultural de la Nación y por ello, el sistema educativo es el que debe clarificar estos hechos para que el educando, como persona, asuma su propia realidad y con ella su propia identidad; de no ser así el sistema seguirá produciendo individuos confundidos o enajenados de su propia cultura, disfuncionales en la sociedad o simplemente invertebrados culturales.

Tadeo Zarratea
19 de julio de 2012

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