Aprobación del Pabellón y Escudo Nacional en el Tercer Congreso reunido en el templo de la Encarnación el 25 de noviembre de 1842, bajo la presidencia de don Carlos Antonio López.
Óleo sobre lienzo de Guillermo Ketterer pintado en 1957.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Alfabetizar a los analfabetos en el Paraguay.

En estos días cunde la noticia: serán alfabetizados masivamente los adultos analfabetos en nuestro país, utilizando un sistema creado en Cuba y que dio resultados muy positivos en Venezuela y Bolivia. ¡Albricias!. Pero antes, repasemos la lección. Recordemos que en el Paraguay tenemos tres clases de analfabetos: los analfabetos reales, los funcionales y los académicos.
Son analfabetos reales aquellos compatriotas que no tuvieron la oportunidad de ingresar a la escuela ni de tomar un curso libre de alfabetización, y, consecuentemente no conocen el alfabeto de ningún idioma, no leen, no escriben, no se comunican por medio de la vista. Ellos no son muchos pero son los únicos que se auto declaran analfabetos.
Son analfabetos funcionales aquellos que sí ingresaron a la escuela, cursaron los primeros grados, aprendieron algo del abecedario castellano, con esfuerzo leen algunas palabras aunque sin entender muy bien lo que significan porque son palabras de un idioma extraño, no del suyo, del que ellos hablan que es el guaraní. Los integrantes de este segundo grupo niegan ser analfabetos “porque saben firmar”. Pero es evidente que tampoco se comunican por escrito. No tienen el hábito de la lectura. Lo poco que leen no entienden y nada escriben porque eso ya es más difícil; es asumir el rol activo de la comunicación; es crear el mensaje usando letras, palabras, frases y oraciones. Prefieren informarse por medio de la radio, de la televisión, y hablar por teléfono. Ni siquiera hacen uso del sistema de mensajes por el “celular”. Este es el grupo más numeroso.
Son analfabetos académicos aquellos ciudadanos que llegan a la universidad sin haber aprendido a leer y escribir. Aquellos que aprobaron todos los grados de la primaria y de la segundaria, pasaron las pruebas de admisión y toman asiento en la universidad como si fueran bachilleres, pero no saben leer ni escribir. Estos jóvenes son productos y víctimas de un sistema educativo condescendiente y permisivo, engañoso y perverso, convertido en mercado de trabajo prebendario, tienda en la que se venden grados y títulos. Un sistema que configura una gran estafa a la nación. Y, curiosamente, “es un sistema importado de otras playas”; copiado y mal copiado; traído de países que ninguna concomitancia cultural tienen con el nuestro. Sistema que ignora la metodología educativa utilizada por los grandes pedagogos paraguayos en el pasado. Aquella que ha dado tan buenos resultados a Delfín Chamorro, Ramón Indalecio Cardozo, Adela y Celsa Speratti, y miles de Maestros del campo y la ciudad que lograron que nuestros abuelos no tuvieran errores ortográficos; que se expresaran con corrección y propiedad por escrito, en fluido castellano, y para más sin haber perdido un ápice de su lengua materna, porque hablaban también con precisión y gracia el guaraní, idioma que se encontraba fuera de la aulas.
El grupo objetivo. Ahora nos preguntamos: ¿a cuál de estos tres grupos se dirigirá el plan de alfabetización? Si es al primero sería inútil, porque ese grupo sólo habla en guaraní y sus miembros están en ese estado justamente por eso, porque son guaraní hablantes. Son víctimas del apartheid lingüístico paraguayo. Pero si se dirige a los otros dos grupos no tendría alumnos, porque estos no saben ni admiten que son analfabetos.
La educación paraguaya: su utilidad y contenido. La educación paraguaya es un fracaso. Y para arribar a esta conclusión no hace falta un trabajo exhaustivo de investigación de campo ni de gabinete. Midámosla simplemente por sus resultados. Tomémonos el trabajo de dictar un escrito de 10 líneas a un “bachiller campaña” (pero que no sea el que sabemos) y comprobaremos que comienza escribiendo con minúscula, que no tiene la menor idea de la formación de frases y oraciones, que no sabe la función del punto, de la coma, y finalmente ni el valor fonético de las letras, porque escribirá en vez de “llave”, “yave” o “chave”. Esto en cuanto a la destreza personal. En cuanto al contenido educacional, la educación paraguaya es altamente desparaguayizante y por tanto despersonalizante. El joven de hoy no siente el orgullo de ser paraguayo; el sistema no le ha enseñado a amar al Paraguay sino a menospreciarlo. Es más, se lo prepara para vivir fuera del Paraguay, y se apresta a ello con la convicción de que este país no merece ser vivido. Por último, el currículo educativo es expulsivo. Produce bachilleres inútiles para su comunidad; condenados a emigrar. La preparación académica expulsa a los jóvenes bachilleres del campo hacia la ciudad y de la ciudad hacia el exterior. Luego, nuestro sistema educativo está al servicio de los países mejor desarrollados que se benefician con la fuga de cerebros y del personal apto para el trabajo cuya formación no le ha costado un centavo. En suma, es un sistema simplemente criminal y depredador del pueblo paraguayo.
El nacionalismo. Cualquiera que lea estas líneas sin conocer mi ideología se hallaría tentado en aseverar: ¡Qué nacionalista es! Por eso me apresuro en aclarar que no soy nacionalista; soy y fui siempre internacionalista. Amo todas las culturas del mundo pero sé que necesito tener una mía, propia, para ser alguien en este mundo. Y mucho menos quiero parecerme a “los nacionalistas paraguayos”, farsantes, mercaderes del nacionalismo que se pasaron 61 años en el gobierno ignorando la lengua propia del Paraguay, su cultura propia y hasta el talento de sus educadores. Se pasaron importando modelos educativos que han fracasado en su totalidad, porque la metodología educativa no se importa ni se copia; se crea en cada país, para cada sociedad según sus pautas culturales. Y esto es tan evidente en el Paraguay por ser éste un país inimitable, único, con un bilingüismo nacional diacrónico, diatópico y diastrático. Un bilingüismo sin par en el mundo. El Paraguay es un laboratorio lingüístico universal, pero este es un hecho ignorado por los “grandes” dirigentes de la educación sistematizada; e ignorado consiguientemente por su sistema educativo; el cual, como en los viejos tiempos de la colonia, se empecina en alfabetizar en castellano a un pueblo cuya lengua principal es la guaraní.
El presupuesto para la educación. Mucha gente incauta cree que todo esto se debe al escaso aporte presupuestario del Estado a la educación y se equivoca. Yo diría: es demasiado dinero para estar tirando al río en un país de gente pobre. Si fuera por mí no daría un peso más para la educación porque es dinero malversado.
Un vaticinio. Me apresuro en vaticinar que el plan de alfabetización popular que se pretende implementar fracasará estrepitosamente, porque chocará con una realidad muy dura: la cultura paraguaya. Esta es una cultura bipolar vertebrada por dos lenguas en situación de contacto, de conflicto de baja intensidad y de diglosia. Todo plan educativo que se sitúa al margen de esta realidad fracasará; es así de simple. La propuesta. Por ello propongo que se realice cuanto antes la autocrítica del Ministerio de Educación; la evaluación científica del sistema educativo nacional; la medición de sus resultados en cuanto a calidad de la educación impartida, y luego, que se organicen congresos regionales para arribar a un gran congreso nacional de pedagogos paraguayos con el fin de corregir el enfoque del sistema educativo, de ajustarlo a la cultura paraguaya, a sus necesidades económicas, y al momento histórico de su desarrollo. Antes de que esto se haga, todo esfuerzo, todo gasto y todo emprendimiento educativo serán inútiles. Si alguien quiere prestar un verdadero servicio a la nación, que comience por el principio y se le agradecerá.

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