Aprobación del Pabellón y Escudo Nacional en el Tercer Congreso reunido en el templo de la Encarnación el 25 de noviembre de 1842, bajo la presidencia de don Carlos Antonio López.
Óleo sobre lienzo de Guillermo Ketterer pintado en 1957.

martes, 5 de mayo de 2015

Presentación del poemario Haiku. Ñe’ẽ Mbyky de Feliciano Acosta



Señoras y señores. Amigos presentes:

Vengo a presentarles hoy un nuevo libro de poemas de mi entrañable amigo y compañero de luchas, don Feliciano Acosta Alcaraz. No puedo decirles qué número lleva este libro porque ya perdí la cuenta. Desde aquel lejano año de 1983 en que,  en el auditorio de Radio 1º de marzo, presenté al público su primer poemario titulado: Ñe’ẽ ryrýi, Feliciano viene agregando a su caudal literario virtualmente un libro por año. De entonces a hoy se ha convertido no sólo en buen poeta sino en un poeta muy productivo. Con gente como él, la lengua guaraní tiene su futuro asegurado. Gracias por esto a todos los santos y santas del cielo.

En mi libro: LA POESÍA GUARANI DEL SIGLO XX  dejé dibujado el perfil de Feliciano Acosta en estos términos:

“Este poeta comprende perfectamente que el lenguaje de la poesía no es el lenguaje lógico sino el figurado o simbólico. Los signos lingüísticos son para él meros instrumentos para construir ideas directamente con las imágenes. Sus versos son extremadamente concisos, breves y terminantes. Podríamos decir que es el poeta de la síntesis extrema, de la condensación más compacta. Su lenguaje es preciso como un telegrama. A sus poemas no se les puede agregar nada y mucho menos quitar; están dados con exactitud matemática; son unos comprimidos poéticos cuyo efecto se hará sentir o no en el lector o escucha, pero no en las esferas sensoriales sino en el campo del entendimiento o del sentimiento”.

Ahora digo que si tal es la característica de éste poeta, nadie mejor que él para incorporar a la poesía guaraní el género poético japonés denominado HAIKU, porque el haiku es un poema muy breve, comprimido, telegráfico; diríamos que es un proto poema, pero con la aclaración de que no es un poema en ciernes, no es un mero principio de poema sino todo lo contrario; es la síntesis de una idea; es un mensaje completo; en suma, un poema totalmente acabado, sustentado en sí mismo. A un haiku bien logrado no le falta ni le sobra nada.

Según nos explica la poeta Emi Kasamatsu en el prólogo de este libro, el haiku es un modelo tradicional y muy antiguo en la literatura japonesa. Es poesía con métrica estricta; tiene un molde invariable; una forma poética fija, congelada e inviolable. Su forma fija le exige al poeta que comprima su idea en tres versos medidos; el primero de 5 sílabas, el segundo de 7 sílabas y el tercero y último de 5 sílabas nuevamente. Definitivamente, el poema que no reúne esa forma será un poema pero no será un haiku.

Como es de conocimiento de este selecto público, la poesía nació dentro de la métrica en casi todas las culturas; de modo que si los versos son medidos en sílabas es porque su forma es antigua, como antigua es la forma del  soneto en la poesía castellana y europea en general. El soneto también es un poema de forma fija; es un poema de cuatro estrofas; las dos primeras son cuartetas con rimas alternadas y las dos últimas son tercetos o  estrofas de tres versos cada una, pero rimando de modo preciso con los versos anteriores. Los poemas sin estrofas, sin rimas y sin ritmo regular, son características esenciales de la poesía moderna. Sabemos además que esa nueva forma nació en América, de la mano del poeta nicaragüense Rubén Darío.

Volviendo a la poesía que se da en nuestra lengua propia, la guaraní, acotamos una vez más que la poesía guaraní nació en el Paraguay dentro de los moldes clásicos de la poesía castellana, es decir con métrica, rima consonante y acento rítmico regular. Esta es la forma tradicional de la poesía guaraní. Ratificamos también que la poeta que abrió para el guaraní las puertas de la poesía moderna es doña Ida Talavera, de la cual Feliciano Acosta es uno de sus más destacados discípulos. Aprovechamos para ratificar a la vez que tomando en consideración las 53 variedades dialectales de la lengua guaraní habladas hasta hoy en siete países de América del sur, sólo el dialecto guaraní paraguayo llegó a producir poesía, en el sentido europeo del fenómeno poético. Los demás dialectos no produjeron porque generalmente se hallan confinados a comunidades indígenas, y los indígenas guaraní no tienen poetas; en esas culturas la poesía se vive de otra forma. Esa forma la pueden encontrar en mi libro: La poesía guaraní del siglo XX. Disculpen la promoción.

Estas aclaraciones y precisiones previas fueron necesarias que las hiciera porque debo señalar la importancia que tiene la adquisición por el guaraní paraguayo de esta nueva forma poética: el haiku japonés. Quiero también recordar ante ustedes que en su época clásica la poética guaraní produjo todas las formas de la poesía española. El hecho que se haya elaborado mucho más las cuartetas pareadas y las cuartetas alternadas no significa que no se haya producido octavas reales, octavillas, endecasílabos, sonetos y hasta la mismísima décima espinela, una décima especial creada por el poeta Vicente Espinel a finales del 1.500 en España. Nuestro conocido poema y canción Che valle mi, de Enrique Torres, es una perfecta  décima espinela.

Profundamente consustanciada como está la lengua guaraní del Paraguay con la poesía de forma clásica, con métrica, estrofa y rima, no le es nada difícil adquirir y asumir el haiku. Además, debemos saber que fuera de las muchas concomitancias fonéticas que tiene el guaraní con la lengua japonesa, comparte con ella una característica muy especial: ambas lenguas tienen sílabas exclusivamente directas o libres y por consiguiente ninguna de las palabras de sus respectivos léxicos terminan en consonante; todas sus palabras terminan en vocales. Esto ha llevado a grandes lingüistas a sostener que el idioma guaraní está emparentado con las lenguas oceánicas del pacífico sur, siendo la más cercana a ella la lengua MAHORI  de Nueva Zelanda, grupo lingüístico en el cual se encuentra la lengua japonesa. Estas características facilitan naturalmente la adquisición del género poético: haiku, nombre que Feliciano traduce con la frase “Ñe’ẽ mbyky”, mientras yo propongo la palabra “HAIKY” y explico: el significado del verbo “hai”, que originariamente es  “realizar un trazo, una raya”, se ha extendido para significar “escribir”, cuando apareció la escritura. Por su parte con el morfema “ky” se señala un modo cuasiaccional del verbo, un acto contenido después de su realización inicial. Por esto me parece apropiado denominar en guaraní HAIKY al HAIKU japonés.

Evidentemente se puede sostener que el haiku tiene un origen oral, pero no se puede dudar de que su consolidación como género poético se produjo luego de la aparición de la escritura, porque a ella se ciñe, a la cantidad de sílabas de sus versos.

Dadas estas concomitancias, no nos debe extrañar que nuestro “poeta de la síntesis extrema” logre en guaraní una alta perfección en la elaboración del haiku. Veamos algunos ejemplos. Su prologuista Emi Kasamatsu rescata uno que dice:

Nde resa hovy /ohesape che rape /pypũete jave.

Este haiku de Feliciano se ciñe estrictamente a la fórmula 5/7/5.
Por mi parte quiero destacar otro que dice:

Kerasy vai / che kéra mombáy, apo / ahecha reho

Y otros que dicen:

Ko yvy ári / ndeichaite ahayhúva / ndete jey voi.
Nde jeju ko’ẽ / vy’a’ỹ ñaña rata / omboguepaite.
Opa ka’aguy / guyra purahéi porã / noñehenduvéi.

Como pueden verse y escucharse, estos breves poemas encierran pensamientos redondos, completos y estéticamente impecables y agradables al oído. Este nuevo género ingresa hoy al guaraní de la mano de Feliciano Acosta y viene para quedarse, porque llega como si llegara a su propia casa. Es un encuentro del haiku con su viejo tronco lingũístico. También escuche en la feria del libro de Encarnación los haiku elaborados en castellano por nuestro poeta y narrador Augusto Casola, a quien Feliciano dedica la segunda parte de este poemario, reconociéndole con ello como preceptor e introductor al Paraguay del haiku. La primera parte está dedicada a Emi Kasamatsu, como no podía ser de otra manera, porque ella es nuestro enlace con la cultura y la literatura japonesas.

Aipóramo niko ko pyharépe ja’eva’erã HAIKU pe: eguãhẽmína, eike, eguapy ko ore rataypýpe; kóva  ko nderataypy tuja avei hína. Ymaitéma niko ko avañe’ẽ ha nde pejei hague ojoehegui. Péina hasýpe pejotopami jey. Peẽ oñopehẽnguéva pejoguerovy’amíta ko pyhare ore apytépe. Ha ore, upévare,  rovy’a avei pende pýri. 

Aguyje

Tadeo  Zarratea

Abril de 2015



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