Aprobación del Pabellón y Escudo Nacional en el Tercer Congreso reunido en el templo de la Encarnación el 25 de noviembre de 1842, bajo la presidencia de don Carlos Antonio López.
Óleo sobre lienzo de Guillermo Ketterer pintado en 1957.

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miércoles, 2 de abril de 2014

ALBERTO LUNA PASTORE (S.J.), poeta del sincretismo religioso


Alberto Luna Pastore, Ka’asapa, 12/10/1960, sacerdote jesuita, representa a una generación de jóvenes poetas de la lengua y a una región raigalmente guaraní y paraguaya. En su infancia amalgamó las culturas del Ka’asapa y del Guaira, porque nació en el primero y se crió en el segundo. Ka’asapa forma parte del Paraguay profundo; reducción franciscana desde 1608 y luego pueblo cerrado de indios durante toda la época colonial y la dictadura francista. Allí se forjaron los primeros indígenas cristianos del Paraguay. Por su parte la capital del Guaira, Villarrica del Espíritu Santo, ha sido pueblo cerrado de españoles. Pero ambas ciudades fueron abiertas en la época independiente, produciéndose en ellas una intensa mixigenación étnica, idiomática y cultural. Entre ambas regiones, que son contiguas, existen lazos culturales muy fuertes y en conjunto constituyen las bases culturales más genuinas del Paraguay. Sus habitantes son los mejores hablantes del guaraní y posiblemente también del castellano. Por tanto, el Padre Alberto cabalga sobre dos lenguas ejercidas por estos pueblos con eficiencia, profundidad y destreza artística. Es heredero de una gran tradición; exponente de pueblos donde la oratoria religiosa, política, social y artística siempre ha ocupado lugar preponderante.

Nada encanta tanto al guaraní, y sigue en la predilección del paraguayo, como las entelequias teológicas. Con mucha razón Pierre Clastres los denomina: “los teólogos de la selva”. Su oratura sagrada no termina de contarse en 40 días con sus noches. Allí desfilan todos los dioses; es un impresionante panteón con forma de pirámide que cobija a todos, desde el Dios Creador del mundo y de todas las cosas, los dioses secundarios o intermediarios, hasta esa sombra de la divinidad que es el hombre, ubicado en la última escala, base de la pirámide, pero parte esencial de la divinidad.   Es un artificio creado por la imaginación del hombre; una estructura  imaginaria pero consistente, coherente y vívida. El iniciado en ese conocimiento se desvive en la tarea de “comunicar” al profano esas verdades reveladas al hombre en los orígenes de esta era.

La cultura guaraní es teogónica, panteísta y teocrática. Todas las cosas, incluidas las inanimadas tienen su dios protector, su espíritu, su “jarýi”. En su mundo no hay nada que no sea sagrado. Cada acto del hombre tiene una explicación teológica. La regulación social y política de la convivencia humana es ejercida por los líderes religiosos. El jefe político no es sino un instrumento de los Ñande Ru a quienes consulta y obedece, porque son “los que saben” cómo conducir a las personas y a los pueblos.

Este aspecto cultural fue descubierto muy tempranamente por los misioneros europeos, quienes sobre la marcha plantearon a los guaraní el “diálogo teológico”. Allí mismo se enfrascaron en este diálogo que lleva una duración de 5 siglos y nunca se acaba. La simbiosis, aquí llamada sincretismo religioso, ha dejado huellas en la religiosidad del paraguayo, la cual contiene, al margen de la fe y de la ortodoxia cristiana, dejos de animismo y de panteísmo, y mucha carga determinista. Igualmente, la cultura franciscana y la comunitaria jesuítica han marcado a fuego la cultura del paraguayo, la que se expresa a través del profundo sentimiento de solidaridad general, amplia, no conmutativa y por ende contrapuesta a la cooperación bilateral de los europeos.

Forma y estilo poético. Pa’i Jasy se inscribe dentro de la poesía moderna aún cuando no deja de usar la estrofa y los versos medidos. La modernidad por él asumida se manifiesta en la eliminación de la rima en cuanto a la forma y la utilización de metáforas y alegorías, en el contenido. Además tiene una característica especial, inconfundible, consistente en la preservación del acento rítmico regular. Esto hace que sus poemas sean fluidos y agradables al oído, “orecchiabile”. El lector poco avisado ni se dará cuenta que sus versos carecen de rima; es más, algunos sostendrán que sí, que están rimados. Esa sensación se da porque el acento rítmico regular suple a la rima y hace previsibles los sonidos siguientes. Es un arte, un arma usada por el artista para lograr su objetivo.  Su alegoría del buey y su dueño, el labrador de la tierra, se asemeja severamente a una parábola de Cristo. La recuperación de Pa’i Tumé, el mito cultural guaraní, es una muestra de la pervivencia y perennidad de los mitos, y de la importancia de los mismos en el reciclaje de la cultura a través de los tiempos.

No podía faltar en esta galería de poetas de la lengua guaraní del siglo XX un representante de la iglesia católica; y al efecto, con mucha legitimidad ejerce esa representación el Padre Luna Pastore.

La institución a la cual representa abrazó desde el principio la lengua guaraní y la sostuvo a lo largo de cinco siglos en el Paraguay.  Ella ha dado a este idioma grandes exponentes, tanto en el Paraguay como en el Brasil, en la época colonial como en la idependiente.  El listado de los frailes que estudiaron esta lengua es frondoso. Comienza con Antonio Ruiz de Montoya, y sigue con: Fray Luis de Bolaños, Nicolás del Techo, Paulo Restivo, José Manuel Peramás, Amancio González, José de Anchietta, Justo Bottignoli, Antonio Guasch, Bartomeu Melià, Mariano Celso Pedrozo, Rubén Darío Céspedes y tantos otros.  Entre estos frailes hay lingüistas que cultivaron esa ciencia antes de la existencia formal de la lingüística, gramáticos, traductores de la biblia, del catecismo, poetas, prosistas, pedagogos y una infinidad de oradores sagrados eficientes y bien formados.

Obras

Su primer poemario titulado Agua Morena ganó el primer premio del concurso Voces Nuevas en 1992. Posteriormente publicó Siempre es Ahora en 1999, y finalmente su poemario en guaraní Pypore, en el 2008.

El Padre Luna Pastore encarna la tradición de los religiosos jesuitas y franciscanos que dieron nacimiento y fundamento al Paraguay. Es la prolongación de aquellos hombres de Dios que dieron todo de sí para transmitir la fe cristiana a los pueblos originarios de estas tierras y para ese menester hicieron uso de la sabiduría, del ingenio y hasta de la astucia, construyendo entelequias teológicas que amalgamaban las dos grandes religiones: la guaraní y la cristiana. El Padre Luna / Pa’i Jasy es el continuador de esa portentosa obra como puede comprobarse en sus poemas. Él pone la poesía al servicio de las verdades reveladas y la usa como puente entre dos teogonías, entre dos cosmovisiones; en suma, entre dos mundos culturales.  De ese modo hace que sea interesante y atractiva su forma de evangelización. Es un maestro del sincretismo religioso, viejo arte en el Paraguay, pero siempre atractivo e impactante.

Abril de 2013







WILFRIDO MÁXIMO ACOSTA, poeta de las expresiones tradicionales



Wilfrido Máximo Acosta, Emboscada, 18/11/1953, docente, actor teatral y de cine, periodista de radio, miembro activo del Centro Paraguayo de Teatro. Es uno de los poetas más sólidos de su generación. Hablante natural de la lengua y estudioso de la misma a la vez. tiene un manejo eficiente y eficaz del guaraní y un conocimiento directo de la cultura raigal del paraguayo. Ello le permite rescatar muchas expresiones tradicionales, frases, dichos y giros idiomáticos. 

Obras. Su primer poemario titulado Ñahatï, fue publicado en 1990. Los siguientes poemarios fueron: Ysoindy en 1993,  Mainumby veve en 1998 y finalmente Tatápe guarã, en el 2009.

En la semblanza, trazada por Rudi Torga, en el prólogo de su primer libro se lee: “Wilfrido Acosta recrea con original lenguaje metafórico y rítmico los temas que más profundamente encendieron su asombro, impregnaron su sensibilidad infantil y permanecieron ocultos en su latido. ÑAHATI es uno de los poemas de su libro y es el título de todo el poemario.  Realmente se trata de una excelente idea.  Este pequeño ser alado, inofensivo, casi transparente, siempre jugando en el aire como saludando al sol, al borde de los arroyos, libre y misterioso, simboliza la poesía; la poesía del campo; la poesía que tiene esa húmeda sustancia terrígena. La poesía que se nutre de esa materia vital que se entrega en cristalinos rocíos de condensada espiritualidad humana.  Wilfrido Acosta canta a la vida. Esa vida que él fue descubriendo y compartiendo por el camino de la honradez sacrificada, perseverante espíritu de superación y auténtica vocación por la dignificación de la persona humana.  El poeta que ahora es, tiene cimiento en su intransigente firmeza de hombre, consecuente con la verdad y el clamor por el bien común de la sociedad nacional”.

Por su parte el poeta Lino Trinidad sostiene en el prólogo de su tercer poemario: “Los que escribimos en guaraní, aún huérfanos de ese estímulo de integrar antologías más allá de nuestras fronteras, sentimos el profundo deseo de contribuir con la formación de la personalidad escrita de nuestra lengua autóctona, hoy nacional y oficial.  Es esa la mayor satisfacción que experimentamos los poetas en lengua guaraní.  Y es ese el caso de Wilfrido Máximo Acosta, destacado y brillante contribuyente en esa estética tarea de ir formando la personalidad escrita del guaraní a través de su producción literaria”. En otro párrafo el prologista sostiene: “Wilfrido Acosta sigue creciendo para enaltecer las letras paraguayas en el dulce idioma cantarino de nuestros ancestros y que hoy, más que nunca, se resiste a enmudecer frente a la ya escuálidada legión de detractores. El idioma guaraní vive, crece, salta y grita con euforia en Mainumby veve, el tercer poemario que hoy nos obsequia nuestro amigo poeta”.

Por su parte Susy Delgado escribe: “Purahéi ymáicha ahendu che ko Wilfrido ñe’, opurahéi syry, pukavy asýgui, umi ñande purahéi jaikuaa porãvaicha,Ortiz Guerrero, Emiliano ha hetave ohai kuaáva rembiapokue oñeñotva’ekue ñane ñe’ãme ha ko’ágã peve heñóiva ñande apytépe sapy’ánte. Pe “octosílabo” oje’éva kastelláno ñe’me, ñande apytépe ipotyjerava’ekue ku compuesto-pe, omohendava’ekue ñane akãme umi purahéi yma. Upévape oñemonde ko ñe’ pyahu oguãhva ñandéve ko ñe’ poty ryrúpe”.

Abril de 2013.



lunes, 2 de septiembre de 2013

AUGUSTO ROA BASTOS, el mayor escritor paraguayo en lengua castellana


Agusto Roa Bastos, Asunción, 13/06/1917 – 26/04/2005. Es el mayor escritor paraguayo en lengua castellana. Distinguido con el Premio Cervantes de literatura en el año 1989. Formó parte del selecto grupo del boom latinoamericano de la narrativa junto con Gabriel García Márquez, Alejo Carpentier, Mario Vargas Llosa, Jorge Amado, Julio Cortázar y otros. Cuando recibió el Premio Cervantes, Roa explicó que llegó a ese sitial “porque debajo de mis textos corren como ríos subterráneos la lengua y la cultura guaraní”. Evidentemente este fenómeno le daba a su obra literaria un sello distinto dentro de la narrativa común latinoamericana; era una narrativa con sabor diferente. Ese sello distinto fue obtenido a través de la traducción al castellano de las metáforas e imágenes usadas en el lenguaje común por los hablantes del guaraní paraguayo; muchas no son creaciones originarias sino traducciones.  No obstante, esta cuestionable actitud de Roa Bastos frente al guaraní, él tiene el mérito de haber puesto dichas imágenes literarias y los giros idiomáticos del guaraní al servicio y para consumo de la comunidad universal; aunque lastimosamente lo hizo a través de la lengua castellana. Loor y gloria para el gran escritor, pero ¿qué beneficios trajo este hecho al idioma guaraní? Para nosotros, poco, porque entendemos que un idioma no consigue enriquecimiento, promoción ni respeto a través de las traducciones de sus metáforas, imágenes y otras figuras literarias creadas por sus hablantes.  Estas traducciones enriquecen más bien al idioma receptor. Por ello y precisamente por ese aporte a la lengua castellana, fue muy justo que se le otorgara el Premio Cervantes de Literatura. Los españoles saben lo que hacen. Pero, a contrario sensu, el idioma guaraní poco le debe a Roa Bastos, porque su contribución a esta lengua, que le permitió llegar a tan alto sitial, fue escasa.  Es más, si fuéramos extremistas diríamos que no favoreció a la lengua guaraní; pero como no lo somos, valoramos en justa medida su actitud. No podemos desconocer que honró a la lengua al reconocer que mediante el idioma guaraní llegó a donde llegó.

La poesía guaraní de Roa

En comparación con la narrativa producida por Roa, la poesía es escasa; es más, él sostenía que es un narrador por excelencia y poeta más bien por accidente; nunca asumió que fuera poeta a pesar de haberse iniciado en la literatura a través de la poesía y de tener una buena cantidad de poemas, reunidos por el escritor Miguel Ángel Fernández en un libro titulado Poesías Reunidas, Editorial El Lector,  1995. Y nuevamente tomando el conjunto de poemas escritos por Roa encontramos que la cantidad de poemas en guaraní es ínfima en comparación con lo escrito en castellano.  El capítulo VI del mencionado libro, se titula Ñane Ñe’me y contiene siete poemas escritos en guaraní paraguayo. No sabemos si tal cantidad es toda su producción o han quedado algunos poemas fuera de este libro.

De la forma

Analizada la forma asumida por Roa, encontramos que más bien adopta la forma clásica, especialmente la rima, que en ocasiones es pareada y en otras alternada en sus cuartetas.  Sin embargo el metro, que también lo adopta, varía de estrofa en estrofa en la mayoría de sus poemas. Encontramos que rompe el metro y la rima regular en un sólo poema, en el titulado Ñemomarandu.

Del lenguaje poético

Por lo general su poesía se ciñe al lenguaje lógico, utilizando las figuras literarias de pensamiento para dar vuelo poético a su obra.  Evidentemente la poesía Roabastiana no tiene el esplendor de su cautivante prosa, y por algo se consideró a sí mismo más narrador que poeta. 

Marzo de 2013

Extraído de mi libro "La Poesía Guaraní del Siglo XX"

jueves, 19 de abril de 2012

LILIAN SOSA, primera voz de la poesía erótica en guaraní

Lilian Sosa, Asunción 1954, sorprendió a los lectores de la poesía paraguaya en guaraní cuando en 1987 publicó en la Revista Ñemit Nº 15 su poema titulado Hyku Jasy / Se derrite la Luna. Es una obra que impactó en su momento y sigue impactando día tras día por ser el primer poema enteramente erótico escrito en guaraní paraguayo. Hyku Jasy describe con maestría cargada de emoción el acto sexual desde la perspectiva del sentimiento de la mujer. Este poema no tiene antecedentes en nuestra lengua propia. Salvo algunas obras de Ida Talavera que oficia de precursora en este género. Los poetas del siglo pasado se refirieron muy tangencialmente al sexo, siempre de modo sesgado o encubierto. Sin embargo, Lilian Sosa lo hace de modo directo, sin prejuicios y sin emitir juicio de valor alguno; simplemente describe el acto sexual para despertar en el lector sensaciones conocidas pero pocas veces descriptas o formuladas en palabras. No podemos decir que es un poema tierno porque no tiene nada de ternura si se entiende por tal un vocabulario sutil.  De la descripción surgen el fervor y la pasión puestos por la poeta en la obra, como ponen en el acto sexual los miembros de la pareja humana.

Estilo literario

Lilian Sosa es una de esas poetas nacidas dentro de la nueva poesía, de la poesía de forma libre. Ella no usa metro, rima ni estrofa. Sus versos son cortos y libres; su discurso es continuo, descriptivo o narrativo según las circunstancias. Su oficio de poeta ejerce a través de la metáfora y la metonimia. Su lenguaje poético cabalga sobre el lenguaje lógico sin identificarse con él, salvo en determinados puntos precisos. Su erotismo es desprejuiciado, natural y sin ningún tipo de malicia. Lilian no  incita al erotismo ni  lo promueve; simplemente describe el inmemorial acto humano con el lenguaje mágico de la poesía.

Lilian Sosa publicó su primer poemario titulado: “Ha ko’ sapy’a / Y de pronto amanece”, en el año 2011, a través de Arandurã Editorial. Antes ha dado a conocer algunos de sus poemas a través de las revistas literarias.  Además de poeta activa en teatro y cine como actriz, y cultiva las artes plásticas.


Abril de 2012

Extraído de mi libro "La Poesía Guaraní del Siglo XX"

miércoles, 21 de marzo de 2012

MAUROLUGO, el benjamín de los poetas en lengua guaraní


Maurolugo, Santa Rosa, Misiones, 1979. Es el más joven de los poetas que integran esta Galería de Poetas Contemporáneos de la Lengua Guaraní. Sin embargo, su obra revela una producción madura, tal vez porque contraviniendo la habitual soberbia del escritor paraguayo, se ha dejado guiar por un preceptor. Mauro Lugo se ha ganado una estima muy especial de Feliciano Acosta como alumno aventajado, e igualmente desarrolló una gran admiración por la obra poética de su maestro.

En verdad es un hecho fortuito el encuentro en las aulas de un gran maestro con un joven talentoso, porque Feliciano Acosta es uno de nuestros poetas más exquisitos y maurolugo (así, con minúscula es su nombre artístico) viene a ser su primer discípulo. Ojalá todos los jóvenes tuvieran como él la humildad del que quiere aprender, del que se deja guiar y al mismo tiempo emula, contrasta, crea y recrea fórmulas y giros idiomáticos. Tan importante es tener un preceptor en esa etapa vibrante de la vida, cuando la persona pretende abarcar todo el universo y guiado por su juventud cree firmemente que puede hacerlo.

El artista paraguayo es por lo general autodidacta, pero muchas veces lo es sólo porque no acepta la dirección artística, muestra escaso respeto por las obras de los mayores, alega que le toca vivir un tiempo nuevo y distinto, y con ese criterio trata de inventar la pólvora. Artistas de esta clase no se considera continuador de una obra que va construyendo todo un pueblo a través de los siglos; no sabe que la cultura es producto de un proceso de sedimentación de los esfuerzos, de los talentos y de la experiencia de varias generaciones. Un artista, una persona es sólo un eslabón de esa larga cadena; nunca va a ser el primero ni el último y menos el único.

Así se explica la ventaja que lleva maurolugo sobre escritores de su edad. Aprendió de muy joven el lenguaje simbólico de la poesía; un lenguaje en el cual las palabras no significan lo que indica el diccionario. El lenguaje de la poesía es figurado y emocional y por lo mismo diferente del lenguaje lógico. Esta simple verdad necesitan saber miles de jóvenes que se inician en el arte de la palabra.

Muchos talentos se han echado a perder por falta de conocimiento de esta mínima y elemental diferencia. Decir “te quiero” no es poesía. Es el lenguaje lógico; es la manifestación directa de un sentimiento. Poeta es aquel que puede decir eso mismo sin usar estas dos palabras, y que por el impacto de su lenguaje puede emocionar al destinatario.

Hoy podemos decir que maurolugo ha alcanzado el lenguaje poético, y por ello está en condiciones de proveer de una montaña de obras literarias al idioma guaraní. Y esto sin descuidar, como lo viene haciendo, su trabajo cotidiano como docente, locutor de radio, trabajador de la cultura nacional e investigador del idioma guaraní.

Obras

Se inició con su poemario Urumbe poty en el 2001, prosiguió con Pykasu hovy en el 2003, luego publicó con su maestro, Feliciano Acosta, el poemario a dos voces, Mandu’a rendy en el 2004. Se inició en la dramaturgia con Ñoha’ãnga ñoha’ãngarã en el 2007. En el año 2009 apareció Kéra rembe’y su colección de cuentos. En el 2010 publicó Oñemboatukupéva, y en el 2011 su poemario Che tytýi / Mis latidos. Como traductor ha realizado numerosas traducciones. En el 2011, para la Editorial El Lector ha coordinado la edición de 30 títulos de obras literarias de distintos autores de la literatura paraguaya en lengua guaraní, y otros 5 títulos para la Editorial Servilibro.

Su libro de cuentos Kéra rembe’y  es aparentemente una recopilación de la oratura popular, o en su caso una imitación perfecta de narraciones reales de sueños vividos; pero de sueños pesados, de verdaderas pesadillas, visiones fantásticas, casi de terror. Esto es muy común en los relatos de nuestra gente, pero muy escaso, casi inexistente, en nuestra literatura.  Es un género que comienza a cultivarse con Mauro y fue necesario que alguien comenzara.

Pero debo celebrar algo más con la aparición de este poeta. En este libro maurolugo demuestra que se halla abierto a la ciencia lingüística, porque incorpora inclusive nuevos grafemas a su alfabeto. No hace lo mismo cuando escribe poesía, pero siempre hemos dicho que la poesía no es el medio más adecuado para transcribir la realidad lingüística que yace en la oralidad. Por eso es importante que este joven poeta se haya iniciado también en la narrativa.

maurolugo nació dentro de la poesía moderna. Como decía Ortiz Guerrero: “Ignora el metro y la cadencia loca / para la estrofa melodiosa y trunca”. Usa, igual que su maestro, versos muy breves, sin rimas y con acento rítmico irregular.  Rompe de modo ex profeso el acento regular. Construye imágenes con escasas palabras, pero a pesar de la emulación, su poesía se distingue de la de su preceptor; ya tiene estilo propio, diferente. Sorprende muchas veces sus frases poco comunes, nuevas en nuestro idioma y por lo mismo, impactantes.

Desde estas páginas apostamos al talento literario de maurolugo; a su producción futura porque hace tiempo que dejó de ser una promesa para pasar a representar a la generación más joven del arte literario que se produce en nuestro avañe’; lengua que la generación de Mauro va dejando de lado por causa de los desatinos en la promoción de la misma a través del sistema educativo; esta situación arroja sobre los hombros de maurolugo un compromiso mayor: el de sostener la lengua misma a través de su arte. Saludamos al depositario de esa gran tradición artística literaria; al eslabón de esa larga cadena que une el esplendoroso pasado de la poseía en guaraní con el futuro impredecible de una lengua poderosa que comienza a dar signos de desfallecimiento en nuestra sociedad.


Marzo de 2012

Extraído de mi libro "La Poesía Guaraní del Siglo XX"

lunes, 19 de marzo de 2012

ELVIO ROMERO, el más universal de los poetas paraguayos


Elvio Romero, Yegros, Paraguay, 12/12/1926; Buenos Aires, Argentina, 19/05/2004. Primer poeta paraguayo laureado con el Premio Nacional de Literatura; se le otorgó en 1991. Elvio no sólo es el poeta paraguayo más universal en lengua castellana, sino uno de los grandes latinoamericanos de la poesía castellana.  Es UN POETA con mayúsculas tanto por su nivel poético como por su vasta producción; un poeta profesional, y como tal protestó cuando en su documento de identidad no le quisieron poner “de profesión poeta”. Vivió la poesía y de la poesía su vida entera. Se ganaba la vida escribiendo. Se preguntará el lector: ¿por qué figura Elvio Romero en esta Galería de poetas contemporáneos en Lengua Guaraní? Yo le digo, porque es uno de ellos como lo demostraremos en este ensayo literario.

Elvio Romero figura en esta galería por el mérito de haber vencido el monolingüismo castellano.  Era buen hablante del idioma guaraní pero como fue apartado de su pueblo por razones políticas siendo muy joven, le faltó vivencia y profundización de esta lengua.  La mayor parte de su vida la pasó en Buenos Aires donde hablaba con los paraguayos en guaraní, pero no se atrevió a escribir en esa lengua “por respeto a la misma”, como alegaba. No obstante, y para vencer su monolingüismo literario escribió su primer poema en guaraní titulado: Che ropea guýpe. Es posible que se haya propuesto escribir una serie, para no figurar en los anales históricos como poeta monolingüe y hasta puedo creer que sus escrúpulos políticos no le permitían dicha calificación. Él fue un hombre que abrazó en su juventud, como decía el Dr. Eusebio Ayala, “las ideas humanitarias del socialismo”; y se mantuvo en esa línea hasta su muerte. Por ello no podía ignorar el idioma propio de este sufrido pueblo por cuya redención se jugó y al cual le demostró su más plena solidaridad durante la vida entera. Pero al final resulta que Che ropea guýpe es el único poema escrito por Elvio en guaraní. Tampoco abrazó el castellano paraguayo. Su idiolecto poético fue un castellano estándar, clásico, tuteante en el centro de la región voseante; un castellano internacional. Pero no sé cómo se las arregló para dar a su poesía, a pesar de todo ello, un inconfundible acento paraguayo. Es posible que su lenguaje rebelde, altivo, combatiente y apasionado, haya alcanzado a pulsar una de las cuerdas del alma paraguaya, porque a nosotros nos gusta su poesía; la sentimos como salida de lo más hondo de nuestra tierra profunda para envolvernos con un halo de emoción muy especial; es como si el poeta empuñara nuestra más íntima dignidad para devolvernos el orgullo de pertenecer a un gran pueblo.

Si el bilingüismo oral guaraní-castellano antes que separar a los paraguayos, los une, el bilingüismo literario debe hacer lo mismo. Por eso quiero destacar que en el mundo de la literatura castellana del Paraguay hay literatos que militan en el bilingüismo, aun cuando son monolingües o precariamente bilingües. Por ejemplo, Rubén Bareiro Saguier, con esa diafanidad de conducta que le caracteriza, dice a cuantos quieran escucharle: “yo lamento no poder escribir en guaraní porque fui formado en la cultura colonialista; no tengo capacidad para escribir en esa lengua, pero apoyo con todo fervor a quienes lo hacen porque es la lengua propia del Paraguay”.  Carlos Villagra Marsal tampoco pudo ser un escritor bilingüe, igual que Rubén y por la misma razón, pero apoya sin retaceos el bilingüismo.  Estos dos escritores tienen además el mérito de haber abrazado el castellano paraguayo en literatura y de haber dado con ello identidad propia a la literatura paraguaya en castellano. 

Pero no debemos olvidar que ellos tienen a sus precursores. Elvio lo tiene a Herib Campos Cervera, insigne renovador de la poesía castellana en el Paraguay. Este poeta, para no ser rotulado como monolingüe, escribió dos poemas en guaraní: Mandu’a rory y Kyha inimbo.  Por otra parte, el precursor de B. Saguier y V. Marsal es Benigno Gabriel Casaccia Bibolini, novelista, el primer narrador de ficciones que tuvo el Paraguay, en cuyas obras puede leerse, puesta en  boca de los personajes de Areguá, el castellano paraguayo.

Volviendo a Elvio después de estas digresiones, pasamos a analizar su único poema en guaraní. Señalamos, en primer lugar, que tiene una forma curiosa. El poeta adopta en esta obra una virtual forma clásica; le da un ropaje aparente de poesía rimada cuando en realidad no usa rima alguna. El poema consta de 4 estrofas; cada estrofa tiene 4 versos; cada verso es de 18 sílabas. El primer y el tercer versos terminan con acepto llano, mientras el segundo y el cuarto versos constan de 17 sílabas pero con terminación aguda, razón por la cual la preceptiva considera que tiene 18 sílabas. Es un poema con métrica regular y acento rítmico final invariable; son versos medidos pero no rimados. El sabor poético le da, aparte del acento rítmico, sus metáforas, imágenes y otras figuras retóricas. Es un poema dedicado al amor presente, al cual Elvio estaba más inclinado. Es difícil encontrar entre sus obras un canto al amor ausente o perdido. Che ropea guýpe es un gran poema, bellísimo, pero insuficiente para ubicar a su autor entre los grandes poetas de la lengua guaraní.

Llegar a ser el más universal entre los poetas paraguayos en lengua castellana conlleva un gran mérito, pero no el mayor. Para mí el mayor mérito de Elvio Romero consiste en haber cambiado el discurso amoroso del hombre paraguayo. Me explico: antes de Elvio, los poetas paraguayos, y detrás de ellos todos los varones, cuando pretendían el amor de una dama lo pedían, rogaban, imploraban y hasta mendigaban. Por ejemplo, Ortiz Guerrero decía: “Tañesũna ndéve / ha nde po guive pa / chemboy’umi”. Gómez Serrato decía: “Epáy ehecha / ne rokme oúva oñepomoĩ. Tupã mba’e jára / nerenói haguéma hembe ruguypáva”. De este mismo modo escribían los poetas de lengua castellana de la época y en consecuencia éste era el discurso utilizado por los varones para conquistar el amor de la dama, porque los poetas son los que nos prestan el discurso.

Pero un día llegó al parnaso paraguayo un joven poeta llamado Elvio Romero y de inmediato se cuestionó esta situación; se preguntó: ¿por qué el varón debe mendigar de esta forma un bien siempre compartido, como es el amor o el sexo que es casi igual?; ¿por qué no ha de manifestar simplemente sus sentimientos con toda la dignidad de una persona, puesto que al final, la mujer tiene siempre la opción de aceptar o rechazar la oferta de amor?

Una vez asumida esta postura comenzó su gran obra de transformación del discurso amoroso. En su obra poética insta al varón a manifestar su amor con fervor y entusiasmo porque tal es la naturaleza del amor presente. Insta a dejar de lado el discurso derrotista y angustioso, que apela a la conmiseración. Para mí  aquella renovación ha sido necesaria y oportuna, porque, tal como entendía Elvio, el amor presente está signado por el fuego, la llama, el fervor, el ímpetu, la vitalidad y un coraje arrollador. Este poeta llega sosteniendo que antes que pedir, el hombre debe ofrecer; ofrecer su corazón, sus sentimientos, su persona; y además debe valorar lo que tiene y ofrece, porque no es poca cosa. Por ejemplo, el beso que él daba, recibe una calificación casi mágica en su emblemático poema titulado “FUEGO”. Allí dice: “El beso que yo te doy / te deja una sola herencia.  Constelarte en su fulgor, en su fragancia, en su arena. (Es la) activación de mi pecho / fruto viril / apetencia; cárdeno deseo / (de) gloria; sed de (una) posesión serena”. “El beso que yo te doy (…) / quiere medir tu estatura / quiere respirar tus trenzas / quiere ceñir tus suspiros / quiere atravesar tu lengua. (…) Son clavos que llevo adentro / donde mis hambres te acechan / donde mis armas te forjan / donde mis hierros te queman. Se apoya en tu corazón / y allí te acosa y te cerca”.

Después de Elvio Romero sólo aquellos paraguayos que no lo han leído siguen implorando el amor de la mujer.

Además de gran poeta, Elvio era una gran persona y tengo el honor de haberme honrado con su amistad.  Una vez en Buenos Aires, me llevó a ver y oír un espectáculo que le gustaba mucho: “El Cante Jondo” en el “Tablao Flamenco” y a la salida, en el “Café Tortoni” me dijo: “Nde Tadeo, oguah niko chéve peteĩ vy’a’, nantendéiva mba’érepa”. Le contesté: “Upévante niko katu oguãh ndéve. Aníkena oiko ndehegui la “mbokaja ha’eño”, he’íva ku Romero Valdovinos”. Mi respuesta le puso curioso y se puso a indagarme. Allí le expresé: “Acaba de hundirse todo un mundo ante tus ojos, y eso significa la depredación casi total de tu ambiente; es un golpe muy severo. La única forma de combatir la angustia que eso te causa es, recreando de inmediato tu ecología humana”. Esta recomendación le impactó. Estábamos a 5 años de la implosión del bloque soviético, donde antes él pasaba largas temporadas compartiendo tertulias con los más grandes literatos y artistas de todo el mundo. Ahora estaba sumando a su viejo exilio un virtual confinamiento en Buenos Aires, aislado de todos, con ya muy escasos viajes a Europa, y era natural que la depresión le viniera pisando los talones. Indudablemente tenía la urgencia de renovar su mundo y aceptó mi recomendación de muy buen grado.

Podríamos decir que Elvio nació poeta porque antes de cumplir los 20 años de edad ya registró en poemas los hechos ocurridos en su país, el sufrimiento de su pueblo, así como sus penurias personales.  Desde entonces aparecieron sucesivamente sus poemarios: “Días roturados” en 1947; “Resoles áridos” en 1948; “Despiertan las fogatas” en 1950; “El sol bajo las raíces” en 1952; “De cara al corazón” en 1955; “Los innombrables” en 1959; “Esta guitarra dura” en 1961; “Destierro y atardecer” en 1962; “El viejo fuego” en 1977; “Flechas en un arco tendido” en 1983;  “Los valles imaginarios” en 1984. Tiene además 2 ensayos: “Miguel Hernández, destino y poesía” en 1958 y “El poeta y sus encrucijadas” en 1991.

Elvio Romero es el poeta del amor por excelencia; del amor apasionado, digno y viril; pero también es el poeta de la lucha, de la protesta radical y de la esperanza de redención que abriga su pueblo.


Marzo de 2012

Extraído de mi libro "La Poesía Guaraní del Siglo XX"

viernes, 9 de marzo de 2012

ZENÓN BOGADO ROLÓN, el poeta que pretendió volver a la cultura tribal


Zenón Bogado Rolón, Villarrica 1954, Asunción, diciembre/2005.  Es poeta maduro en las dos lenguas oficiales del Paraguay, porque las traducciones de sus poemas al castellano, realizadas por él mismo, tienen el mismo vuelo poético que los originales. Su lenguaje poético es esencialmente simbólico.  No aterriza en ningún momento al campo del lenguaje lógico. Pero como verá el lector, su poesía en guaraní se halla inundada de “cultismos vivos”. Así lo denomino en mi libro Gramática Elemental del Guaraní Paraguayo las palabras traídas de las variedades dialectales indígenas al guaraní paraguayo.  El caso es que Zenón se acercó al mundo cultural de los indígenas guaraní actuales, en las selvas del Paraguay, e investigó con avidez el lenguaje de los mismos. Descubrió con asombro los hechos culturales relacionados con la lengua, como le ocurre a toda persona que se inicia en el campo de la antropología, la etnografía o milita en el indigenismo. Su entusiasmo lo llevó a aplicar la metodología denominada de “observación participante” que consiste en ir a vivir con los indígenas y observar “desde dentro de la pecera” las pautas culturales. Esta es una metodología “peligrosa” para quienes en forma empírica, sin formación académica, aplican en las investigaciones de la cultura indígena. El peligro consiste en dejarse ganar por el esplendor de la cultura ajena hasta el punto de pretender abandonar la propia. Evidentemente le ocurrió esto a Zenón Bogado como le puede ocurrir a cualquiera que ingrese a ese mundo en forma desprevenida. Sólo de este modo puedo explicar la intensa asimilación de la lengua y la cultura indígena por Zenón Bogado, a tal punto que formula la propuesta para sí y para los paraguayos de volver a la cultura tribal. Su admiración lo llevó a una convicción muy firme y sincera. Recorrió parcialidades indígenas a fin de conversar con los Ñanderu, los sabios dirigentes espirituales. Tengo entendido que en tales circunstancias llegó a enfermarse y le ofrecieron un tratamiento especializado, pero Zenón se negó a someterse a la medicina occidental por haber perdido la confianza en ella. Esa medicina pudo haber prolongado su vida, pero él confió plenamente su cuerpo y su vida a los médicos indígenas, los cuales, como se ve, no pudieron preservar la vida de Zenón. Así quedó patentizado el grado de convicción al que llegó Zenón Bogado Rolón en esta cuestión.

La tentación de restaurar el “reino indígena” o “el edén americano de la pre conquista” acicatea a todos los que nos aproximamos a observar el mundo indígena; y doy mi testimonio de que su atracción es muy fuerte, conocimiento que me permite comprender perfectamente la actitud de Zenón. Sin embargo, luego de tomar distancia de la misma uno puede comprender que se trata de una quimera, de un imposible; es una utopía porque no se puede regresar a estadios culturales anteriores ni se puede asumir la cultura del otro, cuando ya se tiene una identidad cultural propia. Además, como dice Rubén Bareiro Saguier, “entre el guaraní y el paraguayo se produjo una ruptura ineluctable”. Entiendo por esto una ruptura que no se pudo eludir a lo largo de la historia porque son culturas incompatibles, y no precisamente porque los europeos hayan tenido una tecnología bélica infinitamente superior a la de los americanos, ni porque tengan una estructura religiosa más elaborada, sino porque se diferencian de modo inconciliable en el aspecto económico.  El indio americano no acumula bienes, porque su cultura no le permite, mientras el europeo se desvive por acumularlos.

Toda esta disquisición previa nos servirá para comprender y explicarnos la obra poética de Zenón Bogado Rolón; un poeta paraguayo que no solamente pretendió aprender y asimilar los dialectos guaraní indígenas sino que ingresó profundamente a la cultura de los guaraní y terminó identificándose con ella en perjuicio de su propia identidad cultural.  Esto le ocurre con facilidad al paraguayo porque deambula entre los extremos de despreciar profundamente al indígena o identificarse con él  invocando que pertenece a “la raza guaraní”.  El paraguayo normalmente no identifica su identidad cultural ni sabe que el pueblo guaraní es un pueblo distinto del suyo; además, es portador de valores maximalistas, va con facilidad de un extremo a otro, no conoce puntos intermedios y cualquiera sea la postura asumida, será radical y extrema.

Por esta vía Zenón Bogado Rolón trajo a la poesía paraguaya en guaraní una serie de palabras que, si bien son genuinamente guaraníticas, son desconocidas por el hablante del guaraní paraguayo. Además dichas palabras provienen de varios dialectos indígenas de modo que produce una confusión.  Por suerte no se trata de lenguaje lógico sino del lenguaje poético, y en ese contexto es aceptable. Lo único que va en detrimento de la obra de Bogado Rolón es que, por la razón señalada, su lenguaje poético descomunica.

Entre sus obras figuran los poemarios Tomimbi/ Que brille (1990), Tovera / Que reluzca (1990), Tojajái / Que titilen (1992) y Ayvu Pumbasy /Música de la palabra (1994). Sus Obras Completas se publicaron póstumamente en el 2007 por la Editora Servilibro SRL.

En cuanto a la forma poética es, inconfundiblemente, poesía de ropaje moderno, absolutamente alejada de la poesía popular paraguaya en guaraní, y por ende de la poseía clásica española. Nadie podrá comprender su obra poética a través del lenguaje lógico; se trata de poesía, y de una poesía altamente elaborada que en ningún momento se aparta del lenguaje simbólico.


Marzo de 2012

Extraído de mi libro "La Poesía Guaraní del Siglo XX"

jueves, 8 de marzo de 2012

BRÍGIDO BOGADO, el primer y único poeta indígena del Paraguay



Brígido Bogado, nació en la selva, en la comunidad indígena de “Arroyo Frazada”, en las proximidades de Colonia Fram, Itapúa, en 1963. Para abordar la obra de Brígido Bogado me veo obligado a repetir lo apuntado en la introducción de este mismo libro, bajo el título de “Literatura Guaraní”. Allí decíamos que: “Los que nos hallamos iniciados en el conocimiento científico de la cultura guaraní sabemos que el pueblo guaraní nunca tuvo poetas, porque allí cada hombre y cada mujer es creador de su propio canto, de su propia poesía, de su palabra propia y exclusiva. En la cultura occidental existen los profesionales de la poesía que nos prestan su palabra, su canto; ellos nos transfieren sus pensamientos y sentimientos a través de sus obras; y nosotros las cantamos; a veces nos identificamos con una obra poética, la asumimos, nos apropiamos de ella porque compartimos el sentimiento del poeta.  Esto no ocurre en la cultura guaraní donde sólo existe un limitado número de textos poéticos anónimos apropiados por el pueblo, y a partir de allí cada persona crea su propia canción.

Ellos desconocen el oficio de poeta. Aquellos que sostienen que en el pasado tuvieron grandes poetas denominados Ñe’papára  o Etiguara  desconocen por completo la cultura de los guaraní; quieren que ésta sea igual a la occidental y a tal efecto le inventan supuestos poetas.  Esta es la causa principal por la cual no aparece en las parcialidades guaraníticas del Paraguay actual ningún poeta. Brígido Bogado es el primero y el único poeta indígena hasta ahora y como tal integra esta galería de 20 poetas contemporáneos en lengua guaraní”. Sin embargo, y para ceñirnos a la verdad, sus poemas no trasuntan sino en un grado mínimo la cultura de los guaraní.

Brígido es y se reconoce a sí mismo como Mbya guaraní; pero su historia personal indica que fue tempranamente apartado de la cultura de su pueblo.  En su infancia fue sustraído de su familia y de su comunidad tribal, y criado por una familia paraguaya en Colonia Fram.  Ya en su juventud descubrió que no pertenecía a la familia ni a la sociedad en cuyo seno fue criado y educado.  Entonces se apoderó de él la ansiedad de volver junto a su gente, junto a su pueblo y así lo hizo. Haciendo un esfuerzo titánico renunció a los privilegios del confort occidental y ensayó vivir de nuevo como viven los Mbya, en comunidad, sin acumular bienes, en la selva y sometido a otras reglas de convivencia y de gobierno, que no son las paraguayas.

Esto ocurrió cuando Brígido era ya educador diplomado, profesor de escuela, universitario, y su opción ha sido muy meritoria. Volvió junto a su pueblo para desde allí impulsar el desarrollo de las comunidades indígenas Mbya en el marco de una identidad propia, indígena, comunitaria, sustentada en sus propios valores. Brígido manifiesta que allí se siente mejor, que se ha encontrado a sí mismo y eligió la literatura para interrogarse sobre el ser, sobre la cultura de los pueblos y el destino del hombre.

Aparentemente la alternancia de culturas que le cupo vivir le ha creado la angustia que lo llevó hacia la poesía. Porque como se sabe, la poesía es el puerto donde atracan los buques cargados de sueños, ideales y utopías, insurgencias y rebeliones causadas por la incomprensión de la cultura del otro o la discriminación que lleva al marginamiento.  Solo el lenguaje de la poesía es capaz de expresar lo inexpresable que muchas veces anida en el corazón del hombre.

La proeza emprendida por Brígido es admirable porque cambiar de cultura no es fácil. La cultura no es una camisa que se pone y se quita, sino una piel en la cual la persona se encuentra envuelta de modo irremisible. La definición que más me gusta es aquella que dice: "Cultura es la que nos queda después de olvidar todo lo aprendido".

Tampoco es fácil comprender la cultura del otro.  A este tema se dedica exclusivamente una de las más importantes ciencias del hombre: la antropología, definida como la ciencia que nos enseña a identificar la cultura del otro, a los efectos de comprenderla, única vía por la cual aprendemos a respetar el derecho a la otredad o derecho a la alteridad. Esto es, admitir que el prójimo es distinto y que tiene derecho a ser distinto de nosotros. Al llegar a este estadio de conciencia recién podemos decir ante la presencia de una persona que tiene cultura distinta: hay que dejarla que sea como es; tratemos simplemente de comprenderla, de entender cómo funciona en el marco de esa cultura que no es la nuestra.

Brígido es un caso de transculturación y re-transculturación en donde se mezclan dos formas de vida, dos filosofías de vida, dos mundos culturales vertebrados por códigos diferentes.  Como se verá en sus poemas, Brígido expresa mejor el mundo de su infancia, que aquel que él quiere expresar; definitivamente no alcanza a penetrar hasta la médula la cultura Mbya apytere porque le falta una mayor vivencia.

Como anécdota debo anotar aquí que con mucha expectativa concurrí por los años 2007 o 2008 a un recital poético donde se anunciaba que estaría leyendo sus poemas un poeta indígena Mbya guaraní.  Al término del recital me acerqué a felicitarlo a Brígido Bogado pero no me contuve y le manifesté, con mucha sinceridad, que a mi juicio, sus poemas no trasuntaban enteramente el mundo Mbya. Él me respondió con mayor sinceridad todavía que, debe ser así, porque estaba apenas en los comienzos de la reasunción de su cultura propia; que apenas estaba reaprendiendo a ser Mbya y que se le hacía cuesta arriba.

A pesar de su juventud Brígido ya produjo varios poemarios,  tales como: La tierra y el ser (2005); El ayer y el hoy, Canto de la tierra (2007); Ayvu’i (en lengua Mbya, 2009); y Secretos de un lago. Sentimientos de amor… (2010). Por lo general sus poemarios son bilingües guaraní/castellano y muchas veces a mí me cuesta establecer cuál es el original, porque las supuestas traducciones al castellano generalmente tienen mayor vuelo poético que el supuesto original.

Si algo tiene de Mbya la poesía de Brígido Bogado es la sutileza comunicativa, la delicadeza del lenguaje, la prístina finura. También tiene mucho de Mbya la profundidad en el cuestionamiento del estado de las cosas, las reflexiones profundas sobre el ser y sobre las relaciones interhumanas.  En cuanto a la forma, Brígido asume desde el principio el verso libre que es tan apropiado para el guaraní. Él no conoce la preceptiva literaria clásica, o conociéndola la elude completamente. Su poesía estriba en el acento rítmico irregular, en las imágenes, las metáforas y otras figuras literarias.  Pero independientemente de la forma y de los giros idiomáticos que utiliza, es forzoso apreciar en sus poemas una enorme carga de contenido cultural y una permanente interrogación sobre la condición humana.  Su producción poética es muy buena, pero lamentablemente es para consumo de paraguayos y otras personas de cultura occidental. Definitivamente el pueblo Mbya no asume ni asumirá la bella poesía de Brígido Bogado.


Marzo de 2012

Extraído de mi libro "La Poesía Guaraní del Siglo XX"

viernes, 2 de marzo de 2012

SABINO GIMÉNEZ ORTEGA, auténtico poeta campesino


Sabino Giménez Ortega, Tobatĩ, 30/01/1947  – Fernando de la Mora, 30/10/ 2004. Es un poeta tempranamente fallecido. Cultivó con preferencia la poesía guaraní y se graduó en el Instituto de Lingüística como profesor de esta lengua. Su actividad principal fue la de comunicador social, específicamente radial. Mantuvo durante muchos años su programa en lengua guaraní, ofreciendo música folclórica cantada en esta lengua, matizando con dichos populares, aforismos, acertijos y chistes. Desde dicho programa promovió el uso de los neologismos creados en gabinete por el profesor Decoud Larrosa y sus discípulos.  Insistió en que el pueblo hablante asimile las  palabras aravo, aravo’i y aravo’ive para designar la hora, el minuto y el segundo; y de tanto anunciar la hora y los minutos por la radio con esas palabras inventadas, el público oyente terminó dándole el apodo de “Aravo’i”, con el cual fue ampliamente conocido.

Sabino Giménez fue un hombre de gran vitalidad, con una intensa y permanente alegría interior que lo llevó incluso a ejercitar el humor como arte. También estudió canto e integró algunos coros importantes. Estudió danza folclórica y ejerció la docencia en todas estas ramas del arte. Fue conspicuo integrante, como poeta en lengua guaraní, del Taller de Poesía “Manuel Ortiz Guerrero”, publicando sus primeras obras poéticas en los libros de dicho Taller. Su único poemario publicado en forma personal se titula “Ñandeháma” (2001). Incursionó en la narrativa con su libro: “Aravo’i káso. Ojehuva’ekue” (2001), un conjunto de anécdotas que él presenta como propios, pero son más bien arquetípicos o comunes a los niños campesinos.

Sabino Giménez Ortega es un poeta que ha venido no solamente del campo sino del seno de los poetas populares que escribían ceñidos a la métrica castellana, en cuartetas alternadas o pareadas.  Que yo sepa no intentó dar ropaje moderno a la poesía guaraní que producía, corriente o estilo que se había iniciado en su época, con sus coetáneos y colegas, poetas como Mario Rubén Álvarez, Ramón Silva, Miguelángel Meza, Feliciano Acosta y otros que, siguiendo la senda abierta por Ida Talavera, se lanzaron a cultivar la poesía de forma verdaderamente libre, sin ataduras a la preceptiva literaria de la poesía castellana.  Sabino Giménez, al igual que los poetas populares campesinos, se ciñó estrictamente a la forma clásica, y no se aparta del lenguaje lógico; pero no por eso deja de ser buen poeta. Alcanzó el nivel del lenguaje poético mediante el dominio absoluto de la lengua y un talento innato para versear.  Su obra está impregnada de su ingenio, de su talento y de esa poderosa fuerza expresiva que tiene el idioma guaraní en boca del buen hablante que suma a su condición de tal el talento poético. Con su partida, la lengua guaraní perdió a uno de sus más entusiastas promotores y a uno de sus más ingeniosos poetas. Sin embargo, nuestro querido Sabino no está muerto, porque vive en nuestra memoria y en nuestro afecto, y sigue el camino de la inmortalidad  a través de su ya imperecedera obra poética.

Marzo de 2012

Extraído de mi libro "La Poesía Guaraní del Siglo XX"

RAMÓN SILVA, el poeta del lenguaje sonoro


Ramón Raimundo Silva Fernández Devalicoff, Asunción, 7/01/1954, poeta, comunicador social, docente universitario y promotor de la lengua guaraní. Se dio a conocer como poeta a través del Taller de Poesía “Manuel Ortiz Guerrero”. Este Taller publicó tres poemarios colectivos, que son: “…y ahora la palabra” en 1979, “Poesía Taller” en 1982, y “Poesía Itinerante” en 1984.  En su momento el Taller Ortiz Guerrero causó impacto en el mundo literario porque fue el primer taller bilingüe castellano guaraní; en segundo lugar porque agrupó a jóvenes poetas, hasta entonces desconocidos, en ambas lenguas. Ofreció muchos recitales poéticos, actos culturales de nivel y envergadura, y  publicó los mencionados libros a modo de antología de sus integrantes.  Ramón Silva participó del Taller desde el principio como poeta en lengua guaraní, junto con Miguelángel Meza, Mario Rubén Álvarez, Sabino Giménez y otros, en paridad con los jóvenes poetas de lengua castellana cuya principal figura fue el prestigioso Moncho Azuaga.

Posteriormente Ramón Silva publicó sus poemarios individuales que son: Hovere vere (1985), Tangara, tangara (1985), Néikena (1988), Na’ápe (2001) y Kuku lele (2006). También publicó Arandu ka’aty aty (1991), un trabajo de investigación y registro de las hierbas medicinales, sus propiedades y aplicación de las mismas a diversas enfermedades.

Ramón Silva es un trabajador incansable de la literatura; produce de modo incesante y publica sus obras sin perjuicio de su actividad periodística, su medio de vida, manteniendo por décadas el único programa televisivo en lengua guaraní que tiene el país.

Ramón Silva nació como poeta dentro de la poesía moderna. En ningún momento aterrizó en el territorio de la forma clásica; no usa la rima ni el metro. Busca siempre sacar provecho de la sonoridad del lenguaje y del acento propio del guaraní. Utiliza versos cortos con acento rítmico irregular. Es un maestro de la anáfora, figura literaria que consiste en jugar con la sonoridad del lenguaje.  Para producir esta poesía agradable al oído por sobre todo, utiliza figuras literarias propias de la oralidad, tales como la onomatopeya, las interjecciones y la cadencia, en las que el guaraní es muy rico.  Sus poemas no son para ser leídos en silencio sino para ser escuchados. Utiliza también imágenes sensoriales directas, integradas o sinestésicas. Tiene un estilo propio, peculiar, inconfundible, marcado por los efectos sonoros. Pero el poeta Silva no se agota en la poesía. Su poemario “Kuku lele” recoge, como ningún otro libro, la terminología del guaraní paraguayo usada en los diversos juegos infantiles y en las canciones de cuna que son tradicionales, siendo ellos los rescates idiomáticos más valiosos que se ha realizado en los últimos tiempos.  Su libro“Arandu ka’aty aty” recoge una buena parte de la medicina herbolaria guaraní-paraguaya todavía en uso en los sectores populares que no cuentan con servicio médico. También es un buen rescate aun cuando esta ya se hallaba fragmentariamente recogida por otros.

Ramón Raimundo Silva Fernández es un joven asunceno cuya lengua materna sería, por eso mismo, castellana, pero fue enteramente ganado por el idioma guaraní, el cual lo puso a su servicio en las áreas de: lingüística, gramática, investigación, docencia, literatura y promoción. Para nuestra  lengua propia es un gran capital humano, y como  poeta de esa lengua entronca la forma poética más antigua del  mundo: la poesía oral, con la más moderna de ella: el verso enteramente libre, que ignora toda forma de formas y se hace poesía por su propio contenido; se hace poesía por sus imágenes, sus metáforas y otras figuras literarias. Y este es, precisamente el lenguaje que deben esgrimir los poetas verdaderos.

1 de marzo de  2012

Extraído de mi libro "La Poesía Guaraní del Siglo XX"