Aprobación del Pabellón y Escudo Nacional en el Tercer Congreso reunido en el templo de la Encarnación el 25 de noviembre de 1842, bajo la presidencia de don Carlos Antonio López.
Óleo sobre lienzo de Guillermo Ketterer pintado en 1957.

sábado, 22 de octubre de 2016

No tenemos que ser soberbios

por Tadeo Zarratea.

— ¡Verdad que es ordinario este Nelson Vera! —, me dijo Tomasito González allá en Avay, cuando estábamos farreando.  Estábamos allí una partida de amigos después de terminar un trabajo que hicimos ese día; estábamos esperando que el asado se ponga a punto y mientras le bajamos unos tragos.  También trajeron los muchachos un conjunto musical recién formado, de Juty, que tocaban muy bien y cantaban mejor todavía; y todos los amigos estaban contentos.

Nosotros con Tomasito nos sentamos en una orilla y le bajamos al trago en medio de una importante conversación, porque los dos somos supuestamente poetas; por eso es que estábamos sentados cara a cara como esos viejos tizones en el fuego.  De repente nos descubre el Dr. Nelson Vera y en el acto se puso a gritar dirigiéndose a los músicos: “¡Ey muchachos por favor tóquenme El Abandonado! que yo le dedico al Dr. Zarratea y a Tomasito. Aquí están los dos nariz contra nariz recordando sus tiempos pasados de cuando fueron felices”.

Yo me limité a una carcajada pero Tomasito se molestó. Resulta que el caso de él era más nuevo y su herida todavía estaba sangrante.  Yo más bien ya llevaba mucho tiempo de separación conyugal y además ni siquiera era la primera vez que me había pasado; ya tengo el alma llena de cicatrices por causas de esas cosas.

— ¡Pero verdad que es ordinario este Nelson Vera! — salió diciendo Tomasito. 
— Acaso él cree porque se está llevando bien con su patrona que eso es eterno. No sabe acaso que las mujeres de hoy en día ya no soportan los defectos de los hombres, hasta la muerte como antes. Esa es una historia acabada. Cosa de antes. No tenemos que ser soberbios.

Apenas terminó de decir esto Tomasito y se dio un largo trago mientras nuestros músicos le daban al canto con la canción mejicana:

“El abandonado / tóquenme de nueeevooo. Tóquenme diez veces / la misma cancioooonnn”. 

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