Aprobación del Pabellón y Escudo Nacional en el Tercer Congreso reunido en el templo de la Encarnación el 25 de noviembre de 1842, bajo la presidencia de don Carlos Antonio López.
Óleo sobre lienzo de Guillermo Ketterer pintado en 1957.

miércoles, 2 de abril de 2014

ALBERTO LUNA PASTORE (S.J.), poeta del sincretismo religioso


Alberto Luna Pastore, Ka’asapa, 12/10/1960, sacerdote jesuita, representa a una generación de jóvenes poetas de la lengua y a una región raigalmente guaraní y paraguaya. En su infancia amalgamó las culturas del Ka’asapa y del Guaira, porque nació en el primero y se crió en el segundo. Ka’asapa forma parte del Paraguay profundo; reducción franciscana desde 1608 y luego pueblo cerrado de indios durante toda la época colonial y la dictadura francista. Allí se forjaron los primeros indígenas cristianos del Paraguay. Por su parte la capital del Guaira, Villarrica del Espíritu Santo, ha sido pueblo cerrado de españoles. Pero ambas ciudades fueron abiertas en la época independiente, produciéndose en ellas una intensa mixigenación étnica, idiomática y cultural. Entre ambas regiones, que son contiguas, existen lazos culturales muy fuertes y en conjunto constituyen las bases culturales más genuinas del Paraguay. Sus habitantes son los mejores hablantes del guaraní y posiblemente también del castellano. Por tanto, el Padre Alberto cabalga sobre dos lenguas ejercidas por estos pueblos con eficiencia, profundidad y destreza artística. Es heredero de una gran tradición; exponente de pueblos donde la oratoria religiosa, política, social y artística siempre ha ocupado lugar preponderante.

Nada encanta tanto al guaraní, y sigue en la predilección del paraguayo, como las entelequias teológicas. Con mucha razón Pierre Clastres los denomina: “los teólogos de la selva”. Su oratura sagrada no termina de contarse en 40 días con sus noches. Allí desfilan todos los dioses; es un impresionante panteón con forma de pirámide que cobija a todos, desde el Dios Creador del mundo y de todas las cosas, los dioses secundarios o intermediarios, hasta esa sombra de la divinidad que es el hombre, ubicado en la última escala, base de la pirámide, pero parte esencial de la divinidad.   Es un artificio creado por la imaginación del hombre; una estructura  imaginaria pero consistente, coherente y vívida. El iniciado en ese conocimiento se desvive en la tarea de “comunicar” al profano esas verdades reveladas al hombre en los orígenes de esta era.

La cultura guaraní es teogónica, panteísta y teocrática. Todas las cosas, incluidas las inanimadas tienen su dios protector, su espíritu, su “jarýi”. En su mundo no hay nada que no sea sagrado. Cada acto del hombre tiene una explicación teológica. La regulación social y política de la convivencia humana es ejercida por los líderes religiosos. El jefe político no es sino un instrumento de los Ñande Ru a quienes consulta y obedece, porque son “los que saben” cómo conducir a las personas y a los pueblos.

Este aspecto cultural fue descubierto muy tempranamente por los misioneros europeos, quienes sobre la marcha plantearon a los guaraní el “diálogo teológico”. Allí mismo se enfrascaron en este diálogo que lleva una duración de 5 siglos y nunca se acaba. La simbiosis, aquí llamada sincretismo religioso, ha dejado huellas en la religiosidad del paraguayo, la cual contiene, al margen de la fe y de la ortodoxia cristiana, dejos de animismo y de panteísmo, y mucha carga determinista. Igualmente, la cultura franciscana y la comunitaria jesuítica han marcado a fuego la cultura del paraguayo, la que se expresa a través del profundo sentimiento de solidaridad general, amplia, no conmutativa y por ende contrapuesta a la cooperación bilateral de los europeos.

Forma y estilo poético. Pa’i Jasy se inscribe dentro de la poesía moderna aún cuando no deja de usar la estrofa y los versos medidos. La modernidad por él asumida se manifiesta en la eliminación de la rima en cuanto a la forma y la utilización de metáforas y alegorías, en el contenido. Además tiene una característica especial, inconfundible, consistente en la preservación del acento rítmico regular. Esto hace que sus poemas sean fluidos y agradables al oído, “orecchiabile”. El lector poco avisado ni se dará cuenta que sus versos carecen de rima; es más, algunos sostendrán que sí, que están rimados. Esa sensación se da porque el acento rítmico regular suple a la rima y hace previsibles los sonidos siguientes. Es un arte, un arma usada por el artista para lograr su objetivo.  Su alegoría del buey y su dueño, el labrador de la tierra, se asemeja severamente a una parábola de Cristo. La recuperación de Pa’i Tumé, el mito cultural guaraní, es una muestra de la pervivencia y perennidad de los mitos, y de la importancia de los mismos en el reciclaje de la cultura a través de los tiempos.

No podía faltar en esta galería de poetas de la lengua guaraní del siglo XX un representante de la iglesia católica; y al efecto, con mucha legitimidad ejerce esa representación el Padre Luna Pastore.

La institución a la cual representa abrazó desde el principio la lengua guaraní y la sostuvo a lo largo de cinco siglos en el Paraguay.  Ella ha dado a este idioma grandes exponentes, tanto en el Paraguay como en el Brasil, en la época colonial como en la idependiente.  El listado de los frailes que estudiaron esta lengua es frondoso. Comienza con Antonio Ruiz de Montoya, y sigue con: Fray Luis de Bolaños, Nicolás del Techo, Paulo Restivo, José Manuel Peramás, Amancio González, José de Anchietta, Justo Bottignoli, Antonio Guasch, Bartomeu Melià, Mariano Celso Pedrozo, Rubén Darío Céspedes y tantos otros.  Entre estos frailes hay lingüistas que cultivaron esa ciencia antes de la existencia formal de la lingüística, gramáticos, traductores de la biblia, del catecismo, poetas, prosistas, pedagogos y una infinidad de oradores sagrados eficientes y bien formados.

Obras

Su primer poemario titulado Agua Morena ganó el primer premio del concurso Voces Nuevas en 1992. Posteriormente publicó Siempre es Ahora en 1999, y finalmente su poemario en guaraní Pypore, en el 2008.

El Padre Luna Pastore encarna la tradición de los religiosos jesuitas y franciscanos que dieron nacimiento y fundamento al Paraguay. Es la prolongación de aquellos hombres de Dios que dieron todo de sí para transmitir la fe cristiana a los pueblos originarios de estas tierras y para ese menester hicieron uso de la sabiduría, del ingenio y hasta de la astucia, construyendo entelequias teológicas que amalgamaban las dos grandes religiones: la guaraní y la cristiana. El Padre Luna / Pa’i Jasy es el continuador de esa portentosa obra como puede comprobarse en sus poemas. Él pone la poesía al servicio de las verdades reveladas y la usa como puente entre dos teogonías, entre dos cosmovisiones; en suma, entre dos mundos culturales.  De ese modo hace que sea interesante y atractiva su forma de evangelización. Es un maestro del sincretismo religioso, viejo arte en el Paraguay, pero siempre atractivo e impactante.

Abril de 2013







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