Aprobación del Pabellón y Escudo Nacional en el Tercer Congreso reunido en el templo de la Encarnación el 25 de noviembre de 1842, bajo la presidencia de don Carlos Antonio López.
Óleo sobre lienzo de Guillermo Ketterer pintado en 1957.

viernes, 17 de febrero de 2012

JUAN MAIDANA, un poeta verdaderamente popular


Juan Maidana (Karaguatay, 10/07/1917 – Asunción, 15/12/1982) es un poeta verdaderamente popular no solamente por haber escrito a favor de los desposeídos sino porque efectivamente fue y vivió como desposeído durante toda su vida. Se destacó como  poeta pero  también fue dramaturgo y de alguna forma narrador, porque escribió una larga obra poética titulada Mitã rerahaha, a mi juicio su obra cumbre, estrictamente enmarcada en el género narrativo.  Escribió exclusivamente en guaraní; que yo sepa, nada escribió en castellano.

Comenzó cultivando la poesía a edad muy temprana, según él mismo a los 13 años, y debió ser así porque sus primeros versos fueron publicados por “Ocára Poty Cue mí”, la más antigua y prestigiosa revista que divulgaba la poesía popular escrita en guaraní paraguayo en los años 30, y cuya gran parte pasó a formar el cancionero popular paraguayo.  Más adelante publicaron sus poemas las revistas Ysyry, Eirete Ñu y otras.

Juan Maidana no llegó a publicar un poemario porque entonces no se estilaba.  Los poetas populares publicaban sus poemas en forma colectiva  y sólo a través de las revistas mencionadas, razón por la cual muchas de sus obras se hallan inéditas y por ende desconocidas.  La  única obra publicada por él mismo bajo los auspicios de la iglesia cristiana evangélica “Misión de Amistad” fue “Mitã rerahaha”, editada bajo la dirección de Rudi Torga, prologada por mí y presentada al público por Roberto A. Romero el 16 de mayo de 1980; obra que merece un comentario analítico.

Como poeta es uno de los más grandes artífices del idioma guaraní. En cuanto a la forma poética se ciñó estrictamente a la preceptiva literaria clásica; es decir, escribió siempre bajo formas españolas, con estrofa, métrica y rimas regulares.  Su obra alcanza alto nivel poético por la profundidad de sus pensamientos, por el dominio absoluto del idioma y el manejo magistral de la técnica poética.  Varios de sus poemas fueron musicalizados por destacados compositores como Emilio Bobadilla Cáceres, Agustín Barboza, Pedro Barboza y otros, y forman parte de los primeros versos del guaraní paraguayo grabados en discos.

Sus obras teatrales generalmente nombradas son: Chapetonía yma guare, Póra, Karai pyhare, Porayhu y Mba'éicha rupi orekuéra okaraygua. Esta última fue publicada póstumamente por la revista de la “Misión de Amistad” titulada: Ñande Reko Cuadernos de Literatura Popular, No. 3, en 1986.  Las demás se hallan inéditas.

Mitã rerahaha. Es una obra escrita en versos octosílabos. Consta de 146 estrofas integradas a su vez por ocho versos cada una;  se halla dividida en 28 capítulos y es enteramente narrativa, razón por la cual, por su argumento monotemático y su envergadura, en su momento la califiqué como: “La primera novela en guaraní”. Su estructura,  aparentemente  lineal, es sin embargo envolvente, porque hacia el final se produce un cambio de plano para volver a tiempos y episodios anteriores.


Quienes hemos conocido a Juan Maidana creemos que esta obra es en gran parte autobiográfica. En la misma, “Juanchí” el protagonista es un niño campesino, huérfano de madre y de padre irresponsable, por cuyas consecuencias sufre tantas peripecias que lo lleva a una  frustración definitiva como persona. Aparece como victimaria la propia comunidad, indiferente, insensible ante los sufrimientos del más débil de sus miembros. Juanchí  toma conocimiento, ya muy tarde y sólo en sueños, de las causas de su desgraciada vida. Le cuentan que fue originada en los errores cometidos por su madre, una mujer que, llevada por su  excesivo orgullo y sus  desmedidas  ambiciones, escogió al peor de los hombres, el cual la abandonó embarazada;  ella murió al traer al  niño al mundo y lo dejó librado a su suerte. Criado por personas extrañas, Juanchí fue objeto de todos los abusos, ensayó los más diversos trabajos y llegó a la máxima degradación humana por causa de la pobreza material extrema, la falta de protección y de educación. Ya en la edad madura sus andrajos lo convirtió en “mitã rerahaha”, el viejo de la bolsa, supuesto raptor de niños. Su comunidad originaria, cuando ya no pudo servirse de sus fuerzas se sirvió de su espantoso aspecto personal, convirtiéndolo en instrumento de miedo para ejercer el gobierno de los niños. En vista de ello, emigró a la ciudad con su familia, se instaló en un barrio marginal donde sólo encontró mayor hostilidad.  Allí empezó la reacción negativa de su mujer que, influenciada por amigas, lo presiona a su vez a que algo haga para escapar de la miseria. En su desesperación Juanchí crea ilusiones y se aferra a ellas para no sucumbir. Primero se propone hacerse compadre del “Tendota guasu”; luego, cae en la ferviente búsqueda de la “pláta yvyguy”, y así llega a los límites de su resistencia física.

Una tesis

De esta valiosa obra surgen conclusiones dignas de consideración sociológica y psicológica, tales como que: toda persona recibe de sus progenitores un conjunto de condiciones de vida al que podemos denominar “la herencia total”.  Es la suma de los factores genético, cultural, de expectativas e ideales y de situaciones sociales y económicas. Ese conjunto de factores condiciona una suerte de predestinación de vida para cada persona por medio de complejos mecanismos. A esto se refiere el paraguayo cuando, esgrimiendo su fatalismo, dice: “el destino de cada uno”. Este mal llamado “destino”, si bien es un poderoso condicionante, no es nada misterioso porque las condiciones están a la vista; pero lo más importante es que no es atávico, porque toda persona en sí es un haz de posibilidades, una energía en potencia y por ende puede sobreponerse al mismo. El autor antes que negar este hecho, lo enfatiza. Una segunda aseveración encontrada en la obra es que el rol de los padres como educadores es insustituible.

Tres hechos

Independientemente de su obra, Juan Maidana me ha impactado con tres hechos: dos de su vida y otro acaecido ya en su muerte. El primero de ellos, la demostración de que las ideologías difícilmente se imponen a la cultura integral de la persona. Este poeta se reconocía a sí mismo como marxista-leninista, pero en esta obra sostiene un principio jesucristiano: alega que sólo el amor es capaz de redimir a la persona.  El segundo ocurrió en el hospital de Clínicas donde fue internado a raíz de un accidente de tránsito, el arrollamiento del que fue víctima. Lo asistimos su hijo Abdón Maidana y yo. En un momento le pide a Abdón que mande a retirar el suero que estaba recibiendo, alegando que por esa vía, los esbirros de su archienemigo, el dictador Stroessner, le estaban suministrando veneno. Naturalmente Abdón se negó porque conocía la paranoia de la que sufría su padre; pero luego, cuando horas después se produce su deceso le escuchamos al enfermero decir mientras desconectaba  los tubos del paciente: “Yo le advertí a los doctores que no se le puede suministrar suero glucosado a un diabético; tenía que ser suero fisiológico”. Como puede verse, Juan Maidana fue lúcido hasta el último minuto de su vida.  Finalmente, durante su entierro, en el cementerio de Lambaré, nos faltó el cuarto hombre para trasportar el féretro, porque solo estábamos Abdón, el cochero y yo, razón por la cual tuvo que hacerlo mi esposa Margarita. Apenas ingresado al portón principal llegó el representante de Autores Paraguayo Asociados (APA), el poeta Carlos Sosa, quien reemplaza a la mujer pasando a oficiar ella de cortejo, pero no sola, porque allí apareció un muchacho adolescente, andrajoso, aparentemente especial, que llevaba una bolsa al hombro y nos acompañó.  Al verlo le dije a Abdón: nos acompaña Juanchí, el personaje de tu padre. Él abrió desmesuradamente sus grandes y azulados ojos y comenzó a temblar. Finalizado el entierro lo buscamos al niño desconocido, pero ya había desaparecido del lugar. Así ingresó Juanchí al mundo de lo arcano, junto con su creador.

14 de febrero de 2012

Extraído de mi libro "La Poesía Guaraní del Siglo XX"

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