Aprobación del Pabellón y Escudo Nacional en el Tercer Congreso reunido en el templo de la Encarnación el 25 de noviembre de 1842, bajo la presidencia de don Carlos Antonio López.
Óleo sobre lienzo de Guillermo Ketterer pintado en 1957.

sábado, 6 de diciembre de 2008

Elementos sociológicos y culturales comunes de Bolivia y Paraguay*.

Señoras y señores:

Aparentemente sería fácil encontrar los elementos sociológicos comunes a Paraguay y Bolivia desde que ambos son países latinoamericanos enclavados en el cono sur, signados por una misma historia de descubrimiento y colonización por parte de los europeos. Sin embargo, a pesar de estos hechos es difícil determinar las características sociológicas comunes. En primer lugar porque, decir Bolivia no significa designar una nación, debido a la multiculturalidad de esta querida nación hermana. Este rasgo es ciertamente menos notorio en el caso del Paraguay, país que presenta una mayor homogeneidad cultural a lo largo de su territorio y de su población. Y cuando hablamos de Bolivia no podemos dejar de señalar, a pesar de lo inoportuno que pueda parecer, las grandes diferencias culturales que presentan las regiones del altiplano y del oriente Boliviano, porque son hechos que obedecen al determinismo histórico. Generalmente los sociólogos, para describir más gráficamente estas dos culturas de Bolivia hablan de “la nación Colla” y de “la nación Camba”. Espero que nadie tome en forma despectiva estas denominaciones que utilizamos por comodidad del lenguaje y reitero que no hubiera querido referirme en estas circunstancias históricas de Bolivia a este tema, pero el congreso me ha asignado esta carga y no puedo apartarme de los principios científicos ante este auditorio tan calificado.

Hechas estas aclaraciones debo señalar, también muy a pesar mío, que si bien existen las características sociológicas comunes entre Paraguay y Bolivia, es innegable que dichas concomitancias son mucho más amplias y cercanas entre el Paraguay y el oriente boliviano. Para ello contribuye una serie de factores, en primer lugar la topografía porque existe diferencia entre la cultura del llano y la cultura de las montañas, y el Paraguay tiene la cultura del llano; esto condiciona desde ya los tipos de vivienda, de transporte, de comunicación y de trabajo. Luego tenemos los aportes históricos, entre los cuales debemos señalar necesariamente el tiempo en que estas dos regiones contactan a través del mismo conquistador. No olvidemos que el fundador de Santa Cruz de la Sierra ha sido el Capitán Ñuflo de Chávez, miembro de la expedición de Domingo Martínez de Irala, fundador del Paraguay, como dice la leyenda puesta al pie de su monumento allá en su tierra vasca, en Bergara. Estos hombres partieron de Asunción del Paraguay, en 1558. Cuenta Ulrico Schmidel que esa expedición ha venido contactando con pueblos americanos tales como los Mbaya, los Toyana, los Paiyono, los Mayágueno, los Guorcono, los Payzuno, los Corocotoqui y finalmente los Macasí, donde Irala recibe la carta del Gobernador La Gasca ordenándole que pare en ese mismo lugar. Entonces Martínez de Irala comisionó a cuatro hombres junto al gobernador del Perú, con sede en Lima, siendo Ñuflo de Chávez precisamente uno de esos cuatro hombres.

Irala tenía información de los naturales de que al noreste de la laguna de El Dorado reinaba el Paititi o el Gran Mojo (reino de riqueza fabulosa). Hizo algún intento, sin éxito, por encontrarlo. Empero, fue Ñuflo de Chávez quien concibió un proyecto realista y concreto para encontrarlo: crear una provincia cuyo gobierno le fuera confiado por la corona Española, alentado aún por la esperanza de hallar El Dorado o el reino del Gran Mojo.

Irala y sus hombres volvieron a Asunción quedándose Ñuflo de Chávez a realizar una gran labor de reconocimiento de pueblos y de riquezas metálicas en las tierras de los mojos y de los chiquitos, siendo una de sus obras capitales la fundación de Santa Cruz de la Sierra, aunque previamente fundó las de Barranca y Nueva Asunción, ambas en 1559. Todos estos pueblos fueron fundados presumiblemente sobre algún poblado indígena ya existente.

La incursión de soldados españoles con toda la historia de ocupación violenta de los territorios indígenas y de sometimiento de pueblos enteros, es igual en Bolivia como en Paraguay. A ello se suma la acción religiosa con la misionalización de los jesuitas y con la misma metodología evangelizadora y transculturadora, tanto en Paraguay como en el oriente boliviano a lo largo de casi dos siglos. Algo característico en estas misiones es que los jesuitas buscan quitar, lo que en esos tiempos se llamaba, las “idolatrías” (Eguiluz 1696), pero no la lengua arawak. Así, cada reducción fue poblada con indígenas de varias lenguas, aunque en todo caso acabó dominando la lengua moja que era la más común. Sobre este aspecto se afirma: “El mojo fue la lengua obligatoria en todas las misiones meridionales. Este mismo fenómeno se registró en el Paraguay donde las misiones funcionaron exclusivamente en lengua guaraní. Las reducciones jesuíticas, tanto las de Chiquitos como las del Paraguay, tenían tres intenciones: 1) evangelizar a los originarios del oriente de la América del Sur Meridional, 2) organizarlos en pueblos mayores y 3) liberarlos de los encomenderos y de los ibéricos colonizadores que necesitaban de mano de obra esclava para sus estancias (Penacho 1987).

Con la cristinización de los diversos pueblos indígenas de estas regiones se produjo el teocidio de las religiones americanas y comenzó a gestarse el sincretismo religioso a través de este largo proceso cultural que todavía no acaba. Como una característica que nos marca es que hasta hoy la fe cristiana de nuestros pueblos es sumamente endeble porque es periférica, permaneciendo en las honduras de las creencias los animismos y todas las formas de religiosidad popular proveniente de las religiones propias de estas regiones.

En cuanto a lo social, durante la colonia tanto Paraguay como Bolivia tuvieron indios mitayos y yanaconas, es decir, servidores libres y servidores domésticos y estas palabras que las denominan fueron usadas en Paraguay sin que pertenezcan al léxico español ni al léxico guaraní; lo mismo que la palabra cacique que se extendió desde el Yucatán mexicano donde moran los mayas catchiquel hasta Tierra del Fuego. Así transcurrieron tres siglos de coloniaje que marcaron a fuego a nuestros pueblos pero que desgraciadamente no acabaron con la declaración formal de independencia de nuestros países. Aquí los criollos se hicieron dueños del poder político y económico pero mantuvieron el coloniaje interno sobre pueblos indígenas y no indígenas, como es el caso del Paraguay donde hasta hoy persiste la discriminación lingüística; donde no importa que el ciudadano tenga tez blanca, pelo rubio y ojos azules, si habla guaraní. Si sólo habla guaraní por ese mero hecho será discriminado porque el Estado paraguayo sólo funciona en castellano, de modo que para el monolingüe guaraní, que es del más del 33% de la población nacional, tratar con el Estado actualmente es como tratar con españoles porque las autoridades no les habla en su lengua y por tanto le da categoría de extranjero en su propio país.

Como un efecto deletéreo de las políticas culturales castellanistas de nuestros Estados y de la consiguiente marginación de importantes grupos sociales, aparecen las, hoy denominadas, lacras sociales constituidas por indígenas sin tierra, campesinos sin tierra, millares de personas sin trabajo, miles de familias sin techo, sin servicios eficientes en materia de educación y salud. Es lo que yo denomino el colonialismo interno. El vasallaje a que reduce el Estado a estos importantes segmentos de la sociedad. En suma, la herencia de tantos desatinos políticos derivados del colonialismo cultural y de las ausencias de las libertades fundamentales del hombre, es la pobreza de nuestros pueblos; la pobreza material, la falta de desarrollo, porque somos pueblos muy ricos en valores culturales.

Observando estas variables comunes que transversalmente cruzan los territorios sociales de Paraguay y Bolivia, no nos deben sorprender los fenómenos políticos, sociales y culturales que a veces se presentan como meras concomitancias. Ellos obedecen, sin embargo, a condicionamientos profundos que provienen de las raíces de nuestros pueblos.

Estimados colegas, señoras y señores: una vez más pido disculpas por señalar las diferencias existentes entre la cultura del llano y la cultura de montaña, y lo hago porque presumo que este tema es hoy en Bolivia muy sensible. Las soluciones las tendrán que encontrar los bolivianos mientras nosotros escrupulosamente nos abstenemos de opinar. Pero mi opinión no es política. Es una mera disquisición sociológica por lo demás innegable. No obstante, quiero dejar mi testimonio de fraternidad con todo el pueblo de Bolivia junto con mi deseo de que pronto encuentren el camino de la verdadera unidad nacional, talvez sobre las bases de un modelo federalista que preserve su unidad y su historia común; un sistema que sea respetuoso de las culturas, políticamente funcional, moderno y democrático.
* Conferencia leída por el Dr. Oscar Martínez Pérez, en representación del autor Tadeo Zarratea Dávalos, en el III Congreso Internacional Paraguayo-Boliviano de Derecho del Trabajo y Seguridad Social, realizado en Tarija- Bolivia, el 15 de mayo de 2008.

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