Aprobación del Pabellón y Escudo Nacional en el Tercer Congreso reunido en el templo de la Encarnación el 25 de noviembre de 1842, bajo la presidencia de don Carlos Antonio López.
Óleo sobre lienzo de Guillermo Ketterer pintado en 1957.

martes, 12 de diciembre de 2017

La traducción recíproca necesaria para la construcción del Paraguay bilingüe

Señoras y señores:
Tengan ustedes la mejor de las noches.
Como se tiene anunciado, fui convocado para verter algunas opiniones sobre el tema que nos congrega. Agradezco a los organizadores de este acto y a los propulsores de esta obra, la invitación que me han cursado para venir a reflexionar ante ustedes sobre el valor de las traducciones literarias.  Si fuera político les diría que no se equivocaron al elegirme, porque yo tengo una rica historia personal en cuanto a las posturas asumidas frente a este fenómeno en las distintas etapas de mi vida.
Casi nadie en nuestro medio, que yo sepa, ha asumido una postura tan radical y totalmente negativa a las traducciones literarias como yo. Fui acérrimo adversario de la misma durante mucho tiempo y llegué a tal extremo que, en el prólogo de mi libro de cuentos en guaraní paraguayo titulado: ARANDU KA’ATY, en el año 1989, dije textualmente esto que van a escuchar: “…Prohíbo la traducción de estos relatos al castellano y a otras lenguas por el tiempo que sea necesario, a fin de evitar lo ocurrido con mi novela Kalaíto Pombéro, que fue leída en versión mal traducida por el único pueblo del mundo que pudo haber leído en su versión original. Soy consciente de la autolimitación que significa este confinamiento idiomático, así como de la quijotada de escribir para un pueblo que hoy y ahora es analfabeto en su lengua propia. Pero mis ambiciones como escritor son mínimas. No escribo para el lucro, para la crítica ni para la fama; no escribo para los concursos literarios ni para otro pueblo que no sea el paraguayo. Estos relatos son para el pueblo paraguayo y para nadie más. No importa el tiempo que pase antes de que sean leídos; lo que  importa es el tiempo que transcurrirá después. Mi propósito es lograr que alguna vez mis compatriotas se vean reflejados en una literatura propia, que se reconozcan en ella, y que a partir de allí reflexionen y accionen en busca de mejores condiciones de vida y de convivencia…”.(sic)
Mantuve esta postura con total convicción hasta mi participación en el Taller Continental de Escritores en Lenguas Indígenas de América, reunido en México D.F., en el año 1997. En aquel prestigioso foro literario defendí mi posición casi con soberbia y fui severamente cuestionado por colegas mexicanos. En aquellos años ellos publicaban ya sus obras normalmente en versión bilingüe: Zapoteco-Español, Nahuatl-Español, etc.
Cuando vieron mi empecinada oposición a las traducciones, uno de los escritores me preguntó: “Colega: ¿usted no ha leído a los clásicos franceses, ingleses, rusos, etc.?” Contesté que sí y agregué que leí específicamente a los clásicos rusos desde Tolstoi hasta Solzhenistsyn. El colega exclamo: “Ah…entonces usted lee ruso”. Sorprendido le contesté que no y agregué que esas obras las he leído en castellano. Sobre la marcha el colega me espetó: “Entonces usted leyó traducciones; tuvo acceso, aprovechó y disfrutó de esa literatura a través de su lengua y no de la original”, y agregó: “eso es y será siempre así porque las obras literarias no reconocen fronteras idiomáticas, así como las obras de arte en general no reconocen tiempos ni fronteras geográficas, políticas ni culturales; simplemente son patrimonio de toda la humanidad”.
Sintiéndome arrinconado por el peso de estos argumentos, salí argumentando con la consabida teoría de que, a pesar de ser así, mi lengua era intraducible; que existían expresiones imposibles de ser traducidas y que las traducciones traicionan al texto, según el viejo aforismo “tradutore traditore”.
Sobre el punto salió otro colega a argumentar que: “Si bien en algunos aspectos la obra literaria puede perder nivel al traducirse, el buen traductor puede recuperar esa pérdida en los párrafos siguientes, dando un mayor vuelo artístico a la expresión originaria mediante los recursos de la lengua receptora”. “Eso – me dijo - depende de la capacidad del traductor” y agregó: “por eso es recomendable que lo traduzca el propio autor”.
Los colegas mexicanos habitualmente publican  sus obras en versión bilingüe porque han tomado conciencia de que nuestros pueblos originarios son analfabetos en sus lenguas propias, como lo son también, en las lenguas americanas los mestizos y criollos integrantes de la población nacional; de modo que las manifestaciones literarias dadas en lenguas indígenas solo pueden ser apreciadas y valoradas, inicialmente, a través de las lenguas europeas, que son de uso internacional.
 Regresé de México como un perro apaleado pero con criterio diferente. El encuentro continental de escritores en lenguas indígenas me hizo cambiar de postura sobre las traducciones. Entonces tomé  la decisión de traducir mejor mi novela Kalaíto Pombéro, así como la de traducir al castellano Arandu Ka’aty, la obra aquella en cuyo prólogo prohibí la traducción,  y a partir de allí vengo traduciendo todas mis obras.
Estas son las distintas etapas de mi postura personal. Ahora paso a revisar la importancia de las traducciones a nivel social y sobre todo a señalar la necesidad que tiene de ellas nuestro país para la construcción del Paraguay bilingüe.
El Paraguay es un país diglósico castellano–guaraní y como tal tiene, naturalmente, su literatura dividida; buena parte se halla escrita en castellano y la otra parte más que escrita, contada, narrada, cantada y declamada en lengua guaraní. Ambas literaturas son válidas, importantes y necesarias, pero evidentemente se hallan condicionadas por la diglosia paraguaya;  esto es, que cada literatura tiene su campo específico pero la que se da en guaraní goza de menor prestigio y se halla virtualmente supeditada a la producida en castellano. Este fenómeno de diglosia se da entre nuestras dos lenguas oficiales,  donde el guaraní no se encuentra socialmente en el mismo nivel del castellano y este mismo fenómeno trasunta la literatura paraguaya.
Como es de conocimiento de este ilustrado público, existe una diferencia de cuatro siglos entre el nacimiento de una y otra literatura en el Paraguay, donde la literatura en castellano, nace en el siglo 16, en tiempos de la colonia, mientras  la que se da en guaraní nace en el siglo 20; a ello debe sumarse el apoyo que recibió y recibe la castellana de parte de España y de los países hispanoamericanos; ambas regiones son fuentes, referentes y respaldos de nuestra literatura en castellano. Mientras tanto, la literatura guaraní no tiene ninguna fuente donde abrevar ni otra literatura en la cual pueda referenciarse siquiera.
Esta situación de desnivel tiende hoy día a abreviarse pero el proceso que lleva es muy lento. Por ello, el acercamiento, la contrastación y la búsqueda de nivelación entre ambas literaturas viene a ser uno de los capítulos más importantes en la construcción del Paraguay bilingüe. Esta es una gran tarea que tenemos por realizar los paraguayos, tarea que se inició oficialmente en 1992 cuando nuestra Carta Magna declara lengua co-oficial al guaraní, en paridad total con el castellano.
El Paraguay bilingüe es aquel que tiene un Estado que habla sus dos lenguas oficiales desde  dictar las leyes, los decretos y las resoluciones administrativas en ambas lenguas, hasta el uso oral de los dos idiomas en todos los ámbitos de funcionamiento oficial del Estado. Esto, por una parte; y por la otra, un país en el cual los ciudadanos son bilingües coordinados, con capacidad para expresarse con soltura y solvencia en ambas lenguas oficiales, como los canadienses y los catalanes. A nosotros nos falta la estatalización del guaraní y la bilingüización del ciudadano para superar la diglosia y alcanzar el bilingüismo nacional.
En un importante encuentro internacional sobre bilingüismo celebrado en Barcelona, un colega me preguntó si los paraguayos ya hemos empezado a traducir al castellano la parte de nuestro cancionero que se canta en guaraní  y  traducir al  guaraní  las canciones que se cantan en castellano.  Yo, hasta ese momento ni había soñado tal cosa, pero a mi regreso traduje “Despierta mi Angelina” de Emiliano, versión que hasta ahora no encuentra quien la cante.
  Entiendo que para acometer tan ímproba tarea necesitamos de una respetable cantidad de buenos traductores literarios, porque debemos traducir del guaraní al castellano el 80 % aproximadamente de nuestro cancionero popular, y del castellano al guaraní, toda la poesía paraguaya creada en castellano, todas las novelas paraguayas con excepción de Kalaíto Pombéro, la única bilingüe,  y toda nuestra basta producción cuentística. Además debemos traducir al guaraní las más importantes obras literarias latinoamericanas y universales.
Es mucho trabajo, pero creo que lo vamos a hacer y ya lo estamos haciendo. Hoy estamos celebrando un hecho concreto. Esto tenemos que hacer para dejar de ser una isla cultural; “isla rodeada de tierra” en la feliz metáfora de Roa, isla determinada y configurada por la lengua guaraní, hermosa lengua que nos tiene confinado en este triángulo de resistencia, dentro del cual seguimos defendiendo nuestra identidad cultural vertebrada por esta lengua y sin la cual ya hubiéramos sucumbido ante el inmisericorde  bombardeo cultural  “de bandeirantes, porteños y guaicurúes”, como se decía en el siglo pasado,  que desde siglos atrás asedian a nuestra nación por todos los medios.
Pero si bien esta lengua es un arma poderosa en nuestra lucha de sobrevivencia como sociedad como elemento identitario, la misma también tiene su contracara; y es que al envolvernos en ella, el resto del mundo queda privado de conocer el pensamiento auténtico y genuino del pueblo paraguayo; el pensamiento que se formula y se expresa en guaraní.
Hace unos días un amigo me indagaba sobre el significado preciso de los versos de una vieja canción; era un paraguayo con acceso  superficial a la lengua guaraní,  que interpreta a su manera los textos de las canciones. Pero apenas que fue informado del contenido semántico real que le di a conocer, manifestó su más grande asombro y admiración por la profundidad del pensamiento del poeta ñanandy. En ese momento ratifiqué mi convicción de que no solo necesitan los extranjeros, los propios paraguayos necesitan que le sean traducidos al castellano los textos literarios que escuchan y cantan a diario. También me congratulé de haber superado aquella postura de chauvinismo  mediterráneo que sostuve por tanto tiempo.
Y se nos preguntará: ¿qué importancia tiene que los extranjeros conozcan el pensamiento más íntimo e intrínseco del paraguayo? Pues, yo digo que con ello el pueblo paraguayo se ganará el respeto del mundo, porque un pueblo que tiene profundidad de pensamiento es digno del más estricto respeto.
Nosotros no necesitamos traducir la literatura guaraní a muchas lenguas; bastará con traducirla al castellano, que de allí ya puede ser llevada a todas las lenguas del mundo, habida cuenta la larga tradición de intercambio literario y cultural que tiene el castellano.
Por otra parte tenemos la tarea pendiente de traducir al guaraní las obras literarias habidas en castellano, tanto de autores nacionales como de extranjeros. En esta tarea tenemos algunos precursores y son:
1) Eduardo Saguier, con su traducción parcial del Martín Fierro de José Hernández al guaraní, en 1951;
2) Ricardo Dacunda Díaz, que publica en Corrientes la primera versión completa del Martín Fierro en guaraní en 1996,  una traducción bastante objetada por los hablantes del guaraní.-
3) Félix de Guarania, que publica su versión definitiva del Martín Fierro en guaraní,  en el año 2006.  A esta traducción, elogiada por mí en su momento como presentador, hoy le encuentro muchos defectos, pero eso no importa.                                        4) Lino Trinidad, que tradujo con éxito “Platero y yo” de Juan Ramón Jiménez;
5) Natalia Krivoshein de Canese, Feliciano Acosta y este servidor, que tradujimos al guaraní un importante conjunto de fábulas de Esopo y otras fábulas universales; y
6). La misma Susy Delgado, precursora de sí  misma, que siempre nos presentó sus poemarios en forma bilingüe y en la materia es pionera entre los poetas paraguayos bilingües. En aquella época en que yo era guaranista chiíta, me causaba hilaridad la actitud de Susy cuando publicaba; “Tesarái mboyve” / “Antes del olvido”; “Tataypýpe” / ”Cerca del fuego”, etc. Yo me decía: ¿para qué esta mujer escribe en guaraní si sobre la marcha la va a traducir?.  Mba’e piko péa.  Bueno, tuicha mba’e niko la ñande tavy.
Ella nos presenta esta noche las traducciones al guaraní de un amasijo de poemas de nuestro laureado escritor mayor.
Íntimamente creo que los poemas de Roa han caído en buenas manos; en manos de la persona más indicada. No creo que haya en el Paraguay dos traductores plenamente solventes para esta delicada tarea. Después de Susy, solo Susy. Y que conste que no he leído aún nada de estas traducciones porque ni  Vidalia ni Susy ni nadie me han alcanzado un ejemplar; vengo a hablar a ciegas pero vengo seguro, porque conozco la capacidad de Susy. Por suerte no soy el presentador oficial de este libro y sobre el mismo solo les puedo decir apelando a una filosofía bien paraguaya: Oimearäko oï porä hína.
En puridad no digo esto en broma sino con mucha convicción porque sólo estoy repitiendo mi juicio de valor sobre la solvencia de Susy. En efecto, en mi libro titulado: LA POESÍA GUARANÍ DEL SIGLO XX. GALERÍA DE 22 POETAS DE LA LENGUA, la incluyo a Susy con el rótulo de “Consumada poeta que navega en dos lenguas”; y digo de ella: “Susy Delgado es una consumada poeta bilingüe no porque usa por igual el castellano y el guaraní, sino porque produce poemas de igual nivel estético en ambas lenguas y  además de eso, es capaz de recrear un poema en la otra lengua; es decir, tiene la capacidad de dar a un poema escrito por ella o por otro, el mismo vuelo poético que tiene en el original al traducirlo a la segunda lengua. Por eso nunca podemos saber con certeza en cuál de las dos lenguas oficiales del Paraguay ha sido escrito originalmente  un poema de ella. En suma, Susy es una insigne traductora de poesía, una virtud que no abunda en razón de que es absolutamente incomparable la traducción de un texto común con la traducción de un texto poético. En la primera se traducen ideas y hasta palabras; en la segunda se traducen figuras literarias como imágenes, metáforas, comparaciones y muchísimas otras.
Vayan pues mis felicitaciones a don Augusto Roa Bastos por estas traducciones y le reitero con esta cariñosa frase: Nde suérte, lekaja.
                                                                                                          Tadeo Zarratea
                                                                                                               9-XII-17    


sábado, 25 de noviembre de 2017

Presentación de: POEMAS Y CANCIONES DE EMILIANO R. FERNÁNDEZ





SEÑORAS Y SEÑORES:
Estamos  aquí  para presentar el tercer tomo de la colección POEMAS Y CANCIONES DE EMILIANO R. FERNÁNDEZ. 
         Es para mí un alto honor que nuestra entidad AMIGOS DE EMILIANO  me haya confiado esta presentación y que el CENTRO CULTURAL EL CABILDO  haya aceptado la designación, porque Emiliano es parte del patrimonio cultural  de Juan Pueblo, y como dice el poeta Santiago Dimas Aranda, “todo lo que es de Juan, es sagrado”.
         Y en este caso, sacratísimas son tanto la persona como las obras de este hombre, hoy consagrado ya como el mayor poeta popular paraguayo de todos los tiempos, pero reconocido y mimado por su pueblo en plena vida y cada día que viene pasando después de su vida terrenal, física.
  Muchos compatriotas se preguntan: ¿por qué Emiliano es tan apreciado, querido, amado, recordado y hasta venerado por sus admiradores?  Nuestra respuesta es: porque expresa al paraguayo; porque se ha metido en su piel para sacudir sus sentimientos desde adentro.
  Y aquí estamos con estas obras publicadas mediante los esfuerzos de mucha gente, especialmente de los nietos del vate. Inocencio y Emiliano Rubén Fernández y la esposa de Inocencio doña Graciela Abate, así como los miembros de su familia. Mis observaciones me han permitido afirmar que los herederos del artista no son sus hijos sino sus discípulos. Pero este es un caso pocas veces visto en que los descendientes de sangre son también los discípulos del artista. Es así porque ellos se esfuerzan por reunir la totalidad de las obras literarias del gran poeta y creo que todavía están lejos de lograrlo porque Emiliano es como una cantera, cuando más se cava más productos se descubre.
En este tercer tomo se incluyen poemas desconocidos por mí y por la mayoría de los emilianistas. Las canciones y los poemas más conocidos fueron incluidos en los tomos 1 y 2. Pero le dije a mi amigo Inocencio que todavía no incluyó aquel gran poema social titulado OJOAPYTÉPE, vigorosa arenga campesina, ni aquel poema donde Emiliano expresa su tedio, su cansancio de la guerra, su deseo de volver. Para mí ese poema es el registro fiel del espíritu de las tropas en 1935, porque nada menos que Emiliano, el que anunció antes que nadie que llegaremos al río Parapití, y llegamos;  y el que además  dijo entusiástamente:  “Ñaguahëne aipo La Paz pe. Tovale la ovaléva”, ahora está diciendo: “Ipukúma guerra ha ivai la véta. Ahase ahecha che ru ha che sy. Taikomi  jey chokokue poeta; ha tahavi’ü moréna Ysaty”. Luego se despacha contra el abandono de los soldados por sus propias madrinas de guerra, el cansancio de los mismos y la necesidad de poner fin a la guerra. Emiliano siempre fue el barómetro de los sentimientos nacionales. Por eso, para mí, este poema que comento es bastante sintomático.
Pero ahora quiero hablarles de un aporte suyo, muy significativo.
Así como José Asunción Flores pulsó a través de la guarania “la melancolía profunda” del paraguayo;  y así como la polka paraguaya expresa las formas y niveles de su alegría a través de sus 7 variedades, Emiliano R. Fernández ha logrado pulsar una de las cuerdas más sensibles del paraguayo: su melancolía heroica. Este estado del alma del paraguayo expresa la polka-canción. Y esta variedad de la polka es uno de los aportes de Emiliano a  nuestro acervo artístico.

La polka paraguaya es un género musical creado por el pueblo paraguayo a través de su historia y nada tiene que ver con la polka de Bohemia, salvo su nombre; y es uno de los grandes aportes del pueblo paraguayo a la cultura universal. Pero nació como música y no como canto. Las primeras polkas paraguayas no se cantaron, no tenían texto literario; pero con los versos de Emiliano empezó a cantarse y allí varió su aire musical, nació una de sus variedades; la polka-canción, que se sumó a la polka-kyre’ÿ, a la polka-syryry; a la polka chamamé, al rasguido doble, a la polka-sarambí y últimamente la polka-jahe’o, más otras variedades. Estos aires musicales registran las diversas formas del vy’a del paraguayo, tales como el vy’a retia’e, vy’a ñemboki, vy’a kavalleria, hasta llegar al vy’a saingo, el jolgorio total. Emiliano registra en su música y en sus versos el vy’a-ñembyasy,  cuya mejor expresión viene a ser la polka-canción, virtualmente creada por Emiliano y otros artistas en tiempos de Emiliano, porque no cabe dudas de que fue él quien la popularizó.
    La "melancolía heroica" es un estado psicológico del paraguayo y de la paraguaya; un estado anímico de sensibilidad profunda; un sentimiento delicado, reflexivo, y hubiéramos dicho triste si no tuviera el condimento de la dignidad que roza el orgullo y del altruismo que vence a la mezquindad humana. 
    Emiliano R. Fernández es la encarnación de la paraguayidad porque ama y pelea con la misma pasión, y él, al popularizar la polka-canción hizo vibrar una de esas cuerdas psicológicas hasta entonces dormida.
    Este y muchos otros importantes aportes culturales le debemos al gran Emiliano. Por eso es importante este rescate y para completarlo seguiremos apoyando a estos señores que están en la tarea de campo hasta que reúnan totalmente los poemas, canciones y otros escritos de nuestro Mariscal de las letras, cuyos restos hoy descansan merecidamente en el Panteón Nacional de los Héroes y cuyo legado le pertenece legítimamente al heroico pueblo paraguayo.
   Muchas gracias.    
                                      Tadeo Zarratea

                                      22-XI-17

viernes, 20 de octubre de 2017

Presentación del libro TETÃYGUA PYAMBU de Gregorio Gómez Centurión

                                          
                             ÑEPYRÜMBY

TETÄYGUA PYAMBU,  Ecos de pisadas de los compatriotas, viene a ser una de las obras capitales del poeta y pensador villetano Gregorio Gómez Centurión, “Pirulo” para sus amigos y “Ke’y Puku” para los Paï Tavyterä.
En esta obra el autor combina la poesía con la investigación científica del idioma guaraní, agregando capítulos sobre Etimología, Toponimia, Semántica, Dialectología, Ecología y denuncia de violación de los Derechos Humanos. Es un libro que rebosa de sabiduría profunda. Todos estos aspectos solo él los puede abordar por ahora, porque siendo un hablante nativo del guaraní paraguayo, fue a vivir más de una década con los Paï-Tavyterä del Amambay integrando un Equipo de apoyo; de paso tomó contacto con los Ava-Katuete del Kanindeju  y con los Mbya-Ka’yguä diseminados por la Región Oriental. Aprendió los dialectos de  dichas parcialidades guaraníticas y  leyó con atención  las obras de don Leon Cadogan para realizar comparaciones.
En virtud de estos conocimientos se halla en condiciones de acometer el estudio de la Etimología y la Toponimia guaraní, aspectos que solo pueden abordar quienes conocen varios dialectos del idioma,  y además la cosmogonía, la teogonía y la religión de los Guaraní, fuentes principales de las palabras del idioma.
Es admirable el esfuerzo que realiza por ubicar el sitio preciso del asiento del alma en el cuerpo de la persona humana, según la concepción de los Guaraní, lugar que se halla revelado por la lengua y la cultura de los mismos. Partiendo del análisis lingüístico,  Gregorio llega a la conclusión de que ellos creen que el alma se halla alojada “en la coana”, en el “ ä ”, “ñane äme”, una cavidad donde confluyen las fosas nasales, el extremo superior de la garganta, el conducto del oído y el cerebro. Tal sería el asiento del alma, de la conciencia de la persona y del habla; por eso el guaraní considera que la palabra es la expresión irrebatible de la existencia del alma.
En este capítulo incluye sus reflexiones sobre el idioma guaraní y su evolución; señala que el guaraní paraguayo se apartó más que los dialectos indígenas de la expresión etimológica. No obstante, recomienda que este dialecto asimile los hispanismos transfonetizados y a la vez se acerque a los dialectos indígenas, de donde puede extraer gran cantidad de palabras genuinas del idioma, como lo hace él. Por otra parte, rechaza los neologismos de gabinete diciendo: “he’önguéma heñói ndaha’éigui ñe’ë”. Reivindica la soberanía lingüística del pueblo hablante y pide que los técnicos prestemos oídos a las expresiones de los hablantes nativos de la lengua.
En el capítulo de la Toponimia realiza un análisis lingüístico muy atinado de los nombres de ríos y arroyos. Señala que la totalidad de los nombres terminados en /y/ debe pronunciarse sin suspensión glotal y escribirse sin pusó, porque no es lo mismo Karaguatay, arroyo de los karaguata, que karaguata’y, karaguata de los humedales, un tipo especial de karaguata; lo mismo que Mboiy, arroyo de las víboras, no es igual a mbói’y, víbora acuática.
Su gran rescate es el nombre del río Jejuí, una palabra que no es castellana ni guaraní; la gente decía que debe ser lengua Mbayá o de otra nación. Gregorio revela en esta obra que ese río se denomina en guaraní: “El río de los palmitos”, porque “jejy” es “palmito” en este idioma y solo se le agrega una segunda /y/ para que la palabra señale que es un curso de agua: “Jejyy”, palabra totalmente transfigurada por quienes no han podido pronunciarla. El autor nos informa que tal nombre sostiene en la oralidad  hasta el presente el pueblo Ava-guaraní (Katuete) con: Jejyyguasu y Jejyymi. Este es un aporte extraordinario del gran “Pirúlo”.
La segunda parte del libro constituye cuatro poemas dedicados a la Ecología, pero no ya la protesta del poeta por la devastación de las selvas,  ya manifestada en libros anteriores; esta vez,  como un homenaje, ensalza a cuatro árboles nativos: mbokaja, guapo’y, juasy’y, tajy. En todos los casos explica la etimología de los nombres, señala las propiedades y utilidades  de dichos árboles y concluye con “Tajy mbohapy”, poema en el cual los tres últimos lapachos del mundo piden clemencia ante su inminente exterminio.
La tercera parte del libro incluye, en su primera parte, otra investigación científica referida al idioma guaraní. Explica y trata de enderezar un error cometido por don León Cadogan en la transcripción  del morfema de negación “e’ÿ”, en palabras como “maräe’ÿ”, trasncrito como “marä’eÿ”. Gregorio  testifica haber escuchado muy atentamente a los indígenas mbya, paï  y ava  pronunciar dicha negación y que el error es real, la transcripción de Cadogan esta errada; debe ser “Yvy maräe’ÿ” y no “Yvy marä’eÿ”. Para demostrar el error presenta varios ejemplos de frases recogidas de boca de los indígenas, tales como:  “omanoe’ÿre oñotÿ hikuái”, “ijysapy maräe’ÿ rupi”. El autor expresa su más absoluto respeto por las obras de Cadogan y las convalida en todo, pero sostiene que este punto debe corregirse en honor a la verdad y al idioma; menciona a varios líderes indígenas prestigiosos que le han confirmado el error en el registro de dicha palabra.
El contenido siguiente de esta  tercera parte  conforman varios poemas sobre temas diversos, entre ellos uno a su querida “Guasu Kora” y termina con una reivindicación y afirmación rotunda: “Tetäygua mba’e ko yvy paraguái”.
La cuarta y última parte del libro comienza, casi como si fuera ya habitual, con unas reflexiones filosóficas sobre “lo femenino y  lo masculino en el pensamiento guaraní”, para incluir luego dos largos poemas; el primero: “Ñandépa máva avei”, una suerte de prolongación de “Mávapa ha’e ñande” y “Kokueygua marandeko”, crónica de la lucha campesina contra la dictadura de Alfredo Stroessner.
En el primero aborda el tema de la alteridad; la necesidad de la existencia “del otro”, para que podamos existir “nosotros”; exalta el “Ñande” y enjuicia el “Ore” que reina en la sociedad excluyente. Denuncia a los sojeros como destructores del ambiente y de la sociedad paraguaya, y reclama que se reduzcan las grandes diferencias existentes entre los paraguayos por el bien de la nación.
El segundo poema tal vez venga a ser la parte fundamental de este libro por lo inédito del tema: la historia reciente de la lucha de los campesinos contra la dictadura. Esta es una historia jamás contada por militante alguno ni por testigos presenciales, torturados ni torturadores. El autor desnuda y denuncia aquella lucha desigual; el sueño que impulsó a los campesinos, la sórdida lucha, el aparato represor del gobierno, sus tentáculos en la sociedad, la resistencia de los combatientes, la agonía de los torturados y la muerte como castigo por sostener tan altos ideales.
Ha’éta mante che ñe’ëme.
Ha’eténte chéve ku nda’epáiva ä ha’eséva añe’ëgui ajúvo karai ñe’ëme. Ajevérö aityvyróta  mante avañe’ë ha’epaite haguä mba’eichaitépa hakua ha ipypuku ko “Pirúlo” rembiapopy. Remañaháguio hesénte iporä; nda’ipóri ñamombo va’erä hese. Hi’äite va’erä niko chéve, sapy’ánte, che avei ahkrivi peichagua lívro, arandúgui henyhëva ha ijeguaka saingopáva. Ndahetái oï tapicha paraguái äva ojapova’erä. Ajevérö niko tekotevé ñambojeroviami ko ñande poéta péva. Mamo piko jaikuaa hekoviánepa ñande apytépe. Hese ae niko jaikuaa umi mba’e vai oikoeta va’ekue ñane retäme; mávapa ha’e ñande ha mávapa avei ñande; mamóguipa  osë umi ñande  ysyrykuéra réra; mamoitépa ojaitypo ñane ánga ñande retepýpe; mba’épa he’ise ñande yvyra kuéra réra ha hetaiteve mba’e.
Añesupehë ha añakäity  ko ñande rapicha rembiapopy rovái. Aguerohory ha amomba’eguasu, ha ahovasa va’erä mo’ä avei chemba’ereroviáva  rire ramo. Opáichavo, péina aheja pende pópe aipotágui penembovy’a ha penderesape’a. Aikuaa horytaha pene korasö peleévo; omyesakätaha pene apytu’ü ha oipyso puku taha penemborayhu ñane ñe’ë ha ñane retä rehe.      
                               Tadeo Zarratea
                                         Julio 2017

viernes, 22 de septiembre de 2017

Presentación de la traducción de MAFALDA II al guaraní

Señoras y señores:

Me han asignado la difícil tarea de referirme a este trabajo tan especial que tiene relación con la lengua guaraní. Se trata de la traducción al guaraní de una de las obras cumbres de la literatura latinoamericana  que se ha dado en el género de historietas. Estoy hablando nada menos que de la inigualable MAFALDA del insuperable mendocino: QUINO.

Tal vez “Mafalda” no sea una de las primeras de su género en América Latina, pero es una de las principales, eso es indiscutible. Mafalda es una creación artística literaria que ha marcado a varias generaciones, entre las cuales se encuentra la mía y dentro de la misma, yo. No recuerdo la edad que tuve cuando descubrí a Mafalda; solo recuerdo que era un mozalbete  y ella estaba para mí, muy cerca de “Patorucito” y de “Isidorito Cañones”; inolvidables actores de mi juventud y buena parte de mi adultez, al punto que tampoco recuerdo cuándo dejé de frecuentar la compañía de estos personajes tan queridos por mí.

Pero entre estas historietas  había una diferencia fundamental. Eran muy agradables las travesuras de Patoruzú, y muy ilustrativas las costumbres típicamente porteñas de Isidorito; pero  estas no lograron los dos objetivos alcanzados por Mafalda, que son los de educar  y hacer pensar a la gente. Para mí, esta literatura gráfica, esta literatura de tan escasas letras, se ha ganado el corazón de la gente por sus tres características inconfundibles: la inocencia de una niña; el ingenio sorprendente de la misma y su actitud crítica; porque ella sometía a un verdadero enjuiciamiento a su mundo circundante y a los más destacados hechos universales de su tiempo.

Por esto me alegra que sea Mafalda la primera histoieta en ser traducida al guaraní y espero que las otras tiras cómicas mencionadas también se traduzcan.

En una reunión de escritores de lenguas indígenas realizada en México me dijo un colega mexicno: los paraguayos tienen mucho trabajo literario por delante. Para sustentar el bilingüismo paraguayo  deben  traducir al castellano todo su cancionero popular que se halla en guaraní,  para que disfrute del mismo el resto del mundo y traducir al guaraní las obras literarias  universales, para que disfrute de ellas el pueblo paraguayo.

Y efectivamente es así, mucho aún le debemos a la comunidad  internacional en el plano de la cultura literaria,  porque todavía funcionamos como una isla cultural. Disfrutamos de nuestro cancionero  sin compartir con el resto del mundo;  y no disfrutamos de las obras literarias universales por causa de esa frontera idiomática. Evidentemente esto no debería ser así, porque toda obra de arte constituye patrimonio de la cultura universal, y por ende, tienen derecho de acceso a la misma los ciudadanos de todo el mundo. Por eso es necesario que se rompan las fronteras idiomáticas. Ninguna obra artística es de propiedad exclusiva de un solo pueblo.

Por su parte, otro amigo mío, el bilingüista y educador catalán Joan Molé, realizó una acerba crítica al trabajo cultural de los bilingüistas paraguayos, entre quienes me encuentro,  por nuestra escasa iniciativa, señalándome que faltan varios géneros literarios en la literatura guaraní del Paraguay y entre ellos, especialmente la historieta, el comic. Me defendí diciéndole que a mí no me alcanzaban el tiempo ni el talento para producirla, porque estoy en la docencia, en la literatura de ficción, en la investigación de la lengua y en su promoción política, jurídica y social. Concluí mi defensa con la frase: ya aparecerán;  y precisamente, para satisfacción mía, en estos días aparecieron, hecho que me llena de contento  y me justifica ante Joan Molé.

El análisis y la valoración de  esta traducción de MAFALDA Nº 2, de la colega MARIA GLORIA MBURUKUJA PEREIRA DE JACQUET, ya fueron hechos por  mi querida colega y amiga  MARTA LAFUENTE, que de esto entiende mucho mejor que yo.

Pero no puedo dejar de decir que la traducción de María Gloria está lograda. Ciertamente no faltará quien alegue, que traducir a Mafalda es algo fácil, porque es breve y concreto su discurso  y prácticamente el dibujo lo dice todo; pero yo le digo que no, que no es fácil traducir textos de chispeante ingenio, porque habría que buscar en la lengua receptora la expresión equivalente, no la expresión literal que a veces se presenta sin ninguna  gracia;  incluso, para mayor eficacia, muchas veces el traductor se ve obligado a cambiar la misma metáfora original, porque en su lengua se expresa, eso mismo, de otra manera, con otro giro idiomático. De modo que cuanto más denso y profundo  es el texto, es más difícil de traducir, porque no es cuestión de dominio de dos lenguas;  además de eso, el traductor debe convertirse en filósofo, en político, sociólogo y sobre todo,  en artista del lenguaje.

Ajevérö niko, ahykuavomíta mante ko’ápe  chevy’a,  Mburukuja  omoï  rehe chéve,  che ñe’ëme, ha chéve guaräicha voi: “Mafalda moköiha”. Omombe’u rehe chéve, che ñe’ëme, mba’éichaitépa ohechapuku ha iñe’ëkuaa ko mitä kuña’i chapï, akä chara, sái jepoi rei.

Mboy vése piko ha’e nombojurujáiri itúva pe, térä Susaníta jejapoite pe, térä Manolíto pe, almacenero jopyete pe. Mafalda sapy’ánte ñanderovaka, sapy’ánte ñanemopensa, ha heta jey ñahendu rire chupe japyta ñandejurujái. Upéicha jave ñañeporandu: mba’éicharöiko  ko mitä kuña’i tupe osë he’i umi añetegua tupaóicha tuicháva. Aváiko ombo’e chupe. Mamógui  piko oguenohë umi he’ïetáva. Umíva niko ni kakuaa nde’íri. Ha upéva añete, péro avei heta vése umíva  ore ndoro’éimi  py’ajúgui. Ha katu Mafalda, he’i, ijuru tuichakue javeve.

Tekotevë  ñanemandu’ami mba’eichagua tiémpo pe pa osë va’ekue Mafalda. Ha’e osë diytadúra kuéra tiémpo pe; ijetu’uve tiémpo pe. Upérö opavaite tetäme, ko ñane Amérika yvy gotyo guápe oï diytadúra; nda’ipóri liverta mamove ni mba’evépe; ndaikatuí ñañe’ë;  ndaikatúi  ja’e  ja’eséva. Ja’e ramo ñandereraha hikuái “preso”. Upe tiempo pe oïva’ekue la “delito de expresión” ha “delito de pensamiento”. Ha katu jepe ramo upéicha, Mafalda he’i va’ekue añetegua. Ha’e nokirirïri. Ha’e  ome’ë ijupe la liverta. Ha ore katu, roleévo chupe orepy’andýimi, romaña ore’yképe, nda’ipóripa hína pyrague pe orejerére. Opa umívare rohayhúmi Mafalda pe. Mba’égui piko anichéne aje, ko ha’e he’íva umi ore ro’eseetáva ha ndaikatúiva ro’e.

Ha oimearäko opa umívare pe QUINO omonde  raka’e ko Mafalda pe peteï mitä ramo. Itukumbo niko añete la diytadúra, péro mba’éichatepa aipo mitä oipyhýta omoinge ka’iräme, aje.  Ajevérö niko Mafalda he’íta mante umi he’íva, ha upekuévo oñembohory umi omandáva  rehe. Hetaite mba’e jadevéva apytépe, péina péva: ñande liverta, jadeve avei Mafalda pe.

Opa umíva rehe aguerohory ha omomba’eguasu ko Mburukuja rembiapopy. Omombarete ñane ñe’ë guaraníme. Aréma ñaha’arö  oñembohasa  ñane ñe’ëme äichagua tembiapopyre  ipopenóva. Ha péina ápe. Ha’e omoï ñande po pe, ha águi rire ikatúma ja’e: “Ahenduva’ekue Mafalda pe oñe’ërö guarani me; karai ñe’ë me guáichante avei ijuky, he’ë, iro, itái ha he’ëmbochy”.

Péina a peve che ñe’ë.
                                               Penderekove ta’ijaguyje.

                                                       Tadeo Zarratea

                                                          21-09-17

domingo, 17 de septiembre de 2017

LA CASONA DE ROA (7). (Capítulo de mi novela en proceso de elaboración)

Cuando estaban filmando “El portón de los sueños”, una documental ficcionada, Roa Bastos llevó a los periodistas y camarógrafos a una vieja casona que se halla en el pueblo de Iturbe. El  caserón estaba abandonado por sus propietarios; algunos vecinos recordaban todavía el apellido de la familia propietaria que simplemente desapareció del pueblo.  A la casa, invadida por los yuyos, las basuras, las malezas, se podía llegar por un sendero casi  borrado; las puertas ya fueron todas robadas de modo que se encontraba abierta a todo público. Sus paredes se veían severamente resquebrajadas, los techos derruidos, los pisos estropeados; en suma, todo estaba en ruinas y su interior habitado por la humedad y por un enjambre de murciélagos. El “caserón de añejos tiempos” seguía en pie, defendiendo su pasado señorial, su orgullo de morada de familia de fortuna para ese medio, de gente de bien.
Uno de los periodistas le preguntó a Roa.
- Maestro: ¿por qué nos trajo aquí? ¿Qué recuerdos le trae o qué significa para usted esta casa abandonada?, porque ya nos aclaró que no es la casa donde usted vivió de niño en este pueblo.
- Les traje para mostrarles la imagen del Paraguay actual; su más fiel representación metafórica. Esta casa es el Paraguay  mismo; su imagen y semejanza más perfecta.
El periodista inquisidor y sus compañeros quedaron estupefactos. Todos guardaron silencio. Rato después uno de ellos  se atrevió a comentar:
-  Un país en ruinas, a punto de derrumbarse, abandonado por sus propios dueños y habitado por un enjambre de murciélagos. ¡Bárbaro!.
-  ¡Por Dios…! – dijo otro- .
El Maestro guardó un escrupuloso silencio. No había necesidad de agregar una sola palabra más.
El equipo salió despavorido de la casona de Roa. Todos sus miembros pedían agua fresca, abanico, ventilador, tereré y si se tiene, una hamaca o un sillón bajo la sombra del árbol más frondoso del pueblo de Iturbe. El golpe del “Premio Cervantes” al equipo de trabajo fue fulminante. Todos olvidaron el libreto en curso y solicitaron descanso.
En la noche, después de la cena, el Director del rodaje le formuló a Roa el siguiente cuestionamiento:
- Según tengo entendido, Maestro, usted ha venido sosteniendo en varias de sus obras que tiene fe en la redención del Paraguay; que nuestro país, una vez reconquistadas las libertades públicas, saldría a flote, lograría encontrar el camino del desarrollo; pero lo de hoy me desconcertó. ¿Usted cambió de idea, perdió esa fe o cuál es su postura actual?
- Ni perdí la fe ni la convicción de que el Paraguay encontrará su camino; tampoco he caído en incoherencia como parece sospechar usted. No, amigo. No. La casa todavía no se ha derrumbado, todavía esta fuerte porque tiene poderosos cimientos,  es reparable y con un  poco de esfuerzo puede recobrar su antiguo señorío. Pero habría que convocar a los dueños de la casa y desalojar a los murciélagos.
- De acuerdo Maestro, pero dígame: ¿por qué razón los dueños abandonaron la casa? 
- Porque fueron obligados a hacerlo; la familia fue destruida, perdió su unidad, y a fuerza de miedo le hicieron creer a sus miembros que es imposible recuperar la casa,  les robaron  hasta el deseo de luchar por ella.
-  Entonces, ¿quién puede recuperar la casa?  Yo creo que la causa está perdida.
- Yo no. El Paraguay siempre supo encontrar el punto de inflexión después de las largas crisis sociales y políticas; y siempre se recuperó.  El pueblo paraguayo es inteligente y además irreductible, altivo, levantisco y sobre todo, tenaz. Jamás el paraguayo dejará de buscar la redención de la patria. El país siempre saldrá de las situaciones  ignominiosas aunque durara mucho tiempo. Usted lo verá; yo, tal vez ya no.
- Pero, Maestro, por favor. ¿Dónde está la fuerza social y humana que pude lograr ese milagro?; dígame para sumarme a ella de inmediato.
- Está en algún rincón de la vieja casona; en una de sus esquinas, pero por ahora  es invisible.
- ¿Quiénes son? ¿Las fuerzas armadas, la iglesia, los partidos políticos, los trabajadores, los campesinos, la juventud?; dígame, ¿quiénes?
- Yo no sé, amigo, quiénes serán. Solo sé que se manifestará en su hora. Es una fuerza potencial que tiene nuestro pueblo y que en su momento irrumpirá con mucha fuerza; vendrá con ideas claras y mucha autoridad moral;  acabará con los murciélagos y con todas las sabandijas. La casa será devuelta a sus legítimos dueños.

sábado, 8 de julio de 2017

DOSTOIEVSKI

Este es el texto que presenté oralmente en la sesión de 1 de julio de 2017 , ante el grupo de compañeros analistas de novelas y cuentos, en Cooltural Café y Libros.

El sueño de un hombre ridículo (1877)  es un título que usa Fiodor Dostoievski  como pretexto para crear un personaje que padece de depresión crónica. En este caso, el personaje padece además de apnea de sueño, enfermedad que le da terroríficas pesadillas. La depresión y las pesadillas son temas recurrentes en el repertorio cuentístico de Dostoievski.
Este cuento está narrado en primera persona, pero no por el autor sino por su alter ego, el hombre ridículo, innominado y sin retrato físico que, llevado por las referidas enfermedades  se pone a pensar  en el suicidio, y a tomar la determinación de ejecutarlo esa misma noche, al llegar a su casa, y allí, sentado y con un revolver al alcance de la mano, se pone a reflexionar sobre  los hechos que ocurrirían después de su muerte.
 La depresión del personaje esta muy bien registrada en este cuento, que tiene expresiones tales como: “En mi alma crecía una terrible melancolía”; “se apoderó de mí la única convicción de que en el mundo todo daba igual”. Estos son los presupuestos del suicidio, y éste, posiblemente el tema recurrente mejor abordado por nuestro autor.
  El narrador había decidido pegarse un tiro en la cien derecha, pero debido al cansancio que le causó la caminata y la paz interior de la que gozaba por saber que por fin ha llegado la hora de descansar de este mundo, se quedó dormido en la silla y un rato después sueña que efectivamente se suicida, pero no como él había planeado sino con un tiro en el corazón.
El personaje “muere” pero no pierde la conciencia. Escucha y siente todo cuanto ocurre en su rededor. Asiste a su velatorio y a su propio funeral. Pero allá, bajo tierra, le molesta la humedad  y las gotas de agua que van cayendo, algunas de ellas justo sobre sus ojos. Luego escucha que su tumba es desenterrada, que se destapa brúscamente su ataud, y al levantarse se apodera de él un ser desconocido que no sabe si es hombre o no, porque prefiere no mirarlo. Lo cierto es que entre ambos emprenden un vuelo por el espacio sideral. Luego  de atravesar  largos espacios oscuros alcanza  a  ver una estrella y su conductor y guía lo conduce hacia ella. El narrador se percata de que esa estrella verde y hermosa es, de nuevo, la tierra, porque identifica perfectamente los contornos de Europa dibujados sobre el mar.
Aterrizó en un país muy  extraño, pero ya solo, porque su conductor desapareció como por ensalmo. Allí es recibido por un pueblo extraordinario, donde la gente es muy afable, solícita, solidaria. Esa gente irradiaba bondad y amor; alegría y gentileza. Vivían en comunidad, compartían todo, no tenían bienes materiales individuales acumulados; se alimentaban con los frutos de sus hermosos árboles; y como él ya estaba muerto pensó por un momento que  había llegado al Paraiso, pero al punto reaccionó porque aquellas personas no eran meras almas, tenían cuerpo  de humanos y además eran esbeltos, bellos y saludables; se alimentaban, hablaban, procreaban y también morían. Este pueblo tenía resueltas y aseguradas dos necesidades básicas de las sociedades humanas: la subsistencia alimentaria y la convivencia social. La fraternidad incluye a los animales y a las plantas, pero no practicaban religión alguna, no tenían sentimientos de culpa ni preocupaciones por nada. Era una sociedad perfecta, inmaculada, cuyos miembros tenían almas de niño; destilaban candor e inocencia, pero por sobre todo, amor y alegría.
Aquí  abro un paréntesis para contarles que yo soy indigenista y en mi juventud visité muchas comunidades indígenas y participé de muchas reuniones con ellos; algo conozco de las culturas indígenas. Por eso cuando leí este cuento largo de Dostoievski me pregunté: ¿Sabía el autor el sistema de vida de los indígenas americanos?. ¿Algún cronista calificado le describió el sistema social, económico y político de los nativos  americanos?; o es Dostoievki simplemenete un genio total que sin tener noticias de estas culturas fue capaz de identificar los problemas esenciales de las sociedades humanas y tuvo el talento de imaginar la sociedad perfecta?  Me pregunto esto porque encuentro tantas similitudes entre una y otra sociedad; y además, porque me trajo a la memoria la respuesta que me ha dado el antropólo inglés Cristobal Wallys en la Comunidad Indígena de Laguna Negra, Boquerón, Chaco paraguayo, cuando le pregunté: ¿Por qué insistimos en la defensa y preservación de esta culturas condenadas, atomizadas y ya sin futuro, sitiadas por la sociedad nacional envolvente y agresiva? Yo le confieso que estoy en esto por mera projimidad, por humanismo, pero usted, que es antropólogo, ¿ por qué lo hace?
Cristobal me dijo: “Estas culturas deben ser preservadas porque eventualmente pueden servirnos de modelo, cuando nos replanteemos a profundidad  nuetra forma de vida. Por ahora no sabemos si ellos o nosotros nos hemos aproximado más a la felicidad, al ideal de la sociedad fraterna y solidaria”.
Confieso ante ustedes, mis amigos, que entonces no entendí nada de lo que me dijo el antropólogo; y que sus palabras sólo tuvieron sentido para mi después de leer este cuento de Dostoievki. Se le atribuye a un gran Médico Psiquiatra haber dicho: “Aprendí más de psiquiatría en los cuentos de Dostoievki que en los libros psiquiatría y en la Facultad de Medicina”.   
Bien, así las cosas. Concluyo esta exposición con la noticia de que nuestro narrador, el terrícola, sembró la sizaña en aquella sociedad perfecta y la destruyó. Primero les enseñó  la mentira y les gustó, luego la hipocrecía, el individualismo, el ejercicio de la posesión personal sobre las cosas, la traición y todos los vicios nuestros. Pero he aquí lo curioso. El resultado de la encuesta realizada para saber si quieren o no volver a la sociedad perfecta, fue negativa. Mayoritariamente la gente prefirió el sistema social imperfecto.
Este cuento pone en entredicho el racionalismo extremo y en general los personajes de Dostoievski contituyen  fuentes de inspiración de los nihilistas rusos. Pero este aspecto prefiero dejar a cargo de Gabriel González que puede explicar mejor que yo, para luego dejar librado al debate.
Y por fin, nuestro narrador despierta; se encuentra vivo, no se había suicidado y es más, decidió no hacerlo porque encontró motivos para seguir viviendo, encontró una causa, un motivo de lucha que le dio sentido a su vida.
                                                                Tadeo Zarratea

sábado, 27 de mayo de 2017

MILÍKO RÃNGUE

         Heta, ñande chovy, jahasa asy pe diytadúra tiémpo pe – he’í chéve karai Jose’i Ferreira pe amo Atyrápe – ha oguapy omombe’u chéve hembiasakue.

         Upëro niko heta paraguájo pe oñenega iderécho. Heta tapicha ojeharu, ha umíva ñamombe’u’ÿre ojegarrotea va’ekue ha oñemosë va’ekue ñane retägui. Heta tapicha ndojapói upérö pe ojaposéva. Péina hína pe che ra’y Merárdo. Ha’e niko oreko ramö guare 20 áño ne raka’e omohü’a la ijehtúdio ha oikese la Escuela Militar pe.  Ha’e oikose militar ramo. Péa la ivokasión aje; ha che aapoja chupe.

         Ou peteï ára he’i chéve: “Ché niko papa aikese la Escuela Militar pe”, ha ha’e chupe: “Upéva ko che ra’y na’isensílloi hína pórke ñande niko ndaha’éi de la situasion, ha che ahendu upépe oike haguä la mitä pyahu oguereko va’eräha katuete iñafiliasion kolo’o”

         Ha he’i chéve: “Nda’upéichaI niko taita. Che añe’ëma tio Xasínto ndive, ha ha’e he’i chéve chemoingetaha”. “Upéicharö che ra’y ñatantea kuaa”,  ha’e chupe.

         Upérö niko oï ore famílla pe peteï ore prímo polítiko oïva la milísia pe; upéva hina Xasínto Gonsále, ikoronel jepe va’ekue. Ha ha’e omyakäraku la che ra’ýpe. Orahase katuete, ha oarregla la ikáso omorrendi haguä.  Ojeprepara la che ra’y ha oho orrendi.  Ohasa poräite ha opa ojeroky’i oúvo; ovy’aiterei.  Péro niko ogueru peteï lísta ndepukúva; hetaiterei mba’e ojejerure chupe ogueraha va’erä Escuela militar pe opyta haguä internádo. Peteï mba’ekuéra rysýi ipukúva, ha ipohýimava mboriahúpe guarä.    

         Suérte rei niko roguereko upérö peteï kure kyra, romongarúva rohóvo, ha ha’e isýpe: “Ñakarneána la viéxa la ne rymba kure, ña vende so’o ha ñandy, hyepyrénte topyta ñandéve, ha jajoguapaite chupe la hemikotevë”. Ha upéicha rojapo.  Ovy’aite niko la che ra’y Merárdo. Heta oagradese oréve ha oho heseve.

         Upe semána pahápe oguahë jey oúvo Atyrápe ha ndahovajeraiete. Ahechakuaa hese ha aporandu: “Mba’éiko  oime che ra’y ajeve ko nderevy’ái jepiguáicha”, ha he’i chéve: “Ijetu’u che ndive papa, pórke ojerure chéve hikúai afiliasion partidária, ha che niko aikuaa porä ñande ndaha’eiha ijapytepeguakuéra ha atï ndehegui ajerure haguä permiso”.

         “Ndovaléi retï che ra’y” – ha’e chupe. “Upéva naha’éi nde kúlpa. Ha che ahechápype mba’épa la ne vokasion ame’ë ndéve la permíso. Péro niko kóa ko káso nodependéi chehegui año; ñakomunika va’erä ñande partídope, ha chugui ñaguenohëarä la permíso”.

         “Nde katu reikuaáta upéva taita” - he’i chéve, ha ha’e chupe: “Jaháta ñañe’ë karai Tóti Cano ndive; ha’e niko la ñande Partído presidénte ko Atyrápe”, ha rosë roho.

         Tóti Cano  niko pelukéro ha oñapï heta kápope ha oïmearä niko upévare mba’e ndojepokói raka’e hese.  Romombe’upa porä rire chupe la ore káso he’i oréve: “Nda’iporiete provléma. Äichagua káso manterei oñepresenta, ha che, ñande Partído rérape ro’autorisáta che ra’y. Ápe che aanotáta ko che kuadérnope rerekoha permíso ñande Partído gui rejeafilia haguä la kolorádo pe.  Tereho karai Ranoni rendápe tande’afilia ha eiko gua’u chupe kuera la kolorádo ramo, eike ha eiko la militar ramo, eñeha’ä easende, eho ikatuha peve. Anínteke márö nderesarái ne kompromísogui ñande Partído ndive.

         Ovy’aite niko la che ra’y Merárdo ha oho oje’afilia ha ou omombe’u chéve hetaite omongele’e hague chupe karai Ranóni, Seysional presidénte; heta ndaje omboaguara chupe ha opa ohetümba chupe. Mba’éguitepa anichéne aje ko famílla liveral teete apytere oipo’óva hína.

         Oraha Merárdo la ikuatia ha ohóma opytávo; péro niko 8 día haguépe hova puku jey ojerévo Atyrápe. “Ne provléma jey piko che ra’y ha’e chupe”, ha he’i chéve: “Upéicha hína papa; ha ko’äga katu ijetu’uvéma.  He’i niko chéve hikuái aikotevëha avei nde ne afiliasion rehe ha avei che aguélo mba’e rehe, pórke niko ndaje la militar oiko haguä peteï mitä pyahúgui, ha’e, itúva ha ijaguélo ikolorádo va’erä.

         Upéicha ramo che ra’y nañanderapevéima, pórke la nde rejapóva che ndaikatuvéima ajapo –ha’e chupe–. Nde reju rejerure chéve permíso reje’afilia haguä ha che ro’autorisa, péro che ndarekovéima mávapepa ikatu ajerure permíso pórke la che ru añotÿma va’ekue, ha ha’e chereja va’ekue hekoviárö ñande Partídope. Ajevérö che upéva ndaikatuvéima akambia. 

         Upepete che ra’y odesidi ohejapávo ha osë oho Guenosáire pe.
                                                         
Tadeo Zarratea
Abril de 1998.

sábado, 11 de marzo de 2017

Nórte gotyo gua arrivéño

Carlos Villagra Marsal ohkrivi va’ekue kahtílla ñe’ëme, péina ombohasa guaraníme Tadeo Zarratea


— Oïmívante –hei la arriéro. Oimeraëva mbae.

Oñakamby kurusu hymba kavaju ári ha ojepepy’imi hapykuévo, oikoháicha kavaju ári umi chakéño.

Ndarekói mbaeve hei chupe la kuñakarai.

Oimeraëva mandio mimói hei asymi jey la xinéte ha ohechauka piguy chupe la mandi’o ty ñaña.

Nahániri hei jey la guãiguï. Ha upévo ñemo’ã vaicha kyhyje aky ohapejoko jokóva iñe’ë.

Ndarekói mbaevete. Chemboriahueterei voi anga ko ombojoapy omañagua’úvo hapykuévo,
ohechaukapotávo pe arrivéñope itapÿi tupe chu’imi ha oha’anga oike jey tama ha ipype.

Péro oimearãngo algúna kosami rereko, señóra. Oñe’ë vevuimi la arrivéño pya porã pópe, ha ombojeo iñe’ëre kane’ö.

Oguahëkuri ange asaje peteë ruáno kangue guasu ári, Nórte rakuvo oipeju karape jave, oiméne ra’e pe yvytu peteï xinéte kavaju ári rupi pevente voi ojupi hína ra’e, ha katu hatãitemi oitypei hína yvy.

Kuñakarai óga jára ohecha chupe ojayvy ramo, henda ári guivénte voi, oipe’a trrankéra ýva peteïmi oïva vientosur gotyo. Osë huguãitïvo ogarokápe. Ojerure ramoite hína chupe hi’upymi oimehaichagua ha péina ãga hakua hikuái ojováre pe kuarahy tiníme; la mbohupa, arriéro puku guasu, heko kañy léntova gueteri hína ha ñemo’ã ikane’öva pe irruáno ári. La kuñakaraimi katu mba’everöguáicha, heko kyhyje ha hete cha’ïnguemi reheve, isái ruguáipe oitypei pe yvyku’i aku; upévo pe Nórte rakuvo ojelia hesekuéra ha umi yvyra máta rehe, ha ojera jey jepi hína; ojapyhara ha ovandeapa umi kóga ty raviru ha oñapipï  kyre’ÿ ohóvo pe yvy ape hü.

Mamóguipa rejumi la kuñakarai ombojurui hesa omañávo pe tapicha reko ambuére, jasy jatere tie’ÿicha oïva hína kuarahy tiníme.

Mombyrýgui pe xinéte jyva ojepysóvo ojekutu pe amo ára rapo gotyo pe íla rovyü aty rehe . Pe amoite, Nórte guivo ha yvytu ojo’o pe hova kangue oúva oñemoï yvy ha yvága mbytépe.

Upéramo la guãiguï oimo’ã, pe tapicha Nórte membýnteneha voi, hyapu mombyry guasúva, osyryrýva oúvo pe yvytu pepo akúre, ha avave oikuaa’ÿva (ha ha’e menoiteve) mba’erãnepa ou ha hembiapopyrã ikatu’ÿva avave oharu chugui.
Ni ndoroviaséi kyhyje oñepyrüha ohasa chugui ohóvo.

Ikatu aha ahecha umi che ryguasúpa omboa rae hei ipahápe ha ombojoapy ku oporandu ramo guáicha ajapo kuaa ndéve peteï soo josopy imbyjáva.

Iporãta upéva ombohovái la arriéro —. Ovaletereíma.

La ruáno oñambyvo puku puku. Oreko ramo guáicha mba’e ohechaukaséva la arrivéño ombojepoi hetyma moköive ha oñemoï porã hymba apéro ári peteï ku’a jepokavymi rupive. La kuñakarai ohechakuaa pe ñemongu’emi upéva ha’eha pytuhë ypy pe tapicha ohupyty jeýva hína areterei rire; pytu’u añete oguahëva chupe kensáe mboy ára ha pyhare otrraxina rire ha’eño pe tape pukúre pa, ojapysaka tendído rire oúvo opytu’u’ÿre.

Ha eguahëna upéicha ramo che karai ikyhyje rendaguépe oïma jeporayhureko.

La arriéro odesensilla kirirï peteï ajuy kanéla guýpe, orekóvane hína 8 áño ryvy ryvy. Oipe’ávo hymba xérga, pe kavaju apére oñemarkáva taangágui otimbo poi hovy asy osëvo pe animal ry’aikue. Tyakuã pohýi ombyekovia kuarahy’ã potï ryakuãme ha yvyra rogue hovyüva piro’ykuépe; upévo la arrivéño oñapytï sã mbyky irruáno, kavréhtogui, pe yvyra ra’y hysy reíva ha imáta po’íva gueteri ku’áre.

Upéi ojehecha ikarapã ohóvo mbeguekatu ogaguy gotyo hymba apéro kuéra ipópe. La kuñakarai oha’arö chupe pe soléro guy ypyetépe. Upépe opyta jey ojovake ha’angakuéra ikuarahy’ã’ÿva, ha akóinte Nórte rakuvo omyenyhë opa ipyko’ëmiha hete ha ijapysakua, ha ogueropu’ã ipy kuéra guive ára máta peve tatatï po’i oñemboyke kuaa’ÿva.

Ajépa mbyryaiete ko ára haku kóva pe hei la kuña.

Hëë. Haku vai –omoneï la arriéro.

Emoïna pépe la ne rymba kálcha, che karai, pe atrravesáñore –hei la guãiguï.

Ojepyso peteï inimbe itrráma vakapívape la arrivéño ha opensa. Ombopasea hesa óga técho jero’a, vícho kuéra karuhague rehe, ha tápia jepiropa opa rupi iperepáva rehe, ohechaukáva ijapyte yvyraha pe pare franse, ho’águi chugui yvy pytã akytã guasu. Tápia kuára rupi kuarahy rata ohesapeve ogapy pe ovetã chu’imi orekóvagui, ha ojehecha vyy timbo overa vera ha oku’e vevúiva omyenyhë pe iñypytüha. Tápiare ojaite peteï mesa kechë, ipálla ijaho’íha pytãngýmava tuja ha jarégui. Hi’ári oï sánto nícho, yvyrágui ijapopyre, henyhëva sánto ra’angágui. Ha’e oikuaáva oï upépe Ñandejára kurusu, Tupãsy Dolóre, “Corazón de Jesú” tuicháva ha Sánta Livráda; oï moköi yvoty ryru ha ipype kuéra yvoty kuatiágui ijapopyre. Tataindy ryrúpe, yvyguigua oïva nícho renondépe, nipo hypa ra’e tataindy. Upe inimbe tuja ha peteï fresáda perö rire mba’evete ambue mba’e nda’ipóri upe kotýpe. La guãiguï oiko otrraxina pe ogaguýre. Upéi ohendu la ochyryrýva tatápe, páila pe vaicha chupe, ha oguahëma katu iñapynguápe vaka ñandy ryakuã raguino. Ha’e, upe ramo osapymi.

Upe riremínte ohenóima katu chupe la kuñakarai. —Ejúke, che karai, péina oïmbáma ne rembiurã.

Iporãvéko akaru ko’ápe ojehetejora la arrivéño. Imbareteterei ko Nórte vai ha pe ogaguýpe oikepaite la resolána.

Nde katu hei chupe la guãiguï.

Oho ha’e ogueru okágui peteï vánko po’i puku. Oike la kuñakarai hembi’urã reheve. Ojapo chupe peteï chamburreádo so’o piru ha ryguasu rupi’águi. La arriéro oñakamby la vánko rehe, omohenda porã henondépe la platíllo enlosádo ha ondyry hese.

La guãiguï oguapy pe inimbe rembe’ýpe ha oñepyrü opoi irrodétegui.

Tuicha mbae la ñembyahýi hei la arriéro aremi rire. Haete chéve ku oikóva chehegui ótrro mbae hei.

La guãiguï oipo’o ha omohenda mbeguekatu ohóva orkílla kuéra iñakã rague jokoha hapypa’üme.

Ndaha’éiko la iporãmbáva la che chárke hei Amalisia ko itiemporasa’imíma.
Chéve cheguhta la soo hovy hovýmava hei hae.

Ombovo mbovo la mandi’o ha umi sesína pehëngue tuicháva ikyse teépe, peteï jatagan kue hi’ýva vera ha hi’óxa ikanal pypukúva.

Ajukuévo niko amarihkasemo’ã kuri hei ombojerévo ikuchára apÿime peteï ryguasu rupia pytãngue atã. Ha ipahávo ombojoapy: péro la apúrope jaiko jave ndaikatúi.

Rejepersegi piko . La guãigui oñakäkaräi meme peteï kygua pe vaka ratïnguégui ijapopyrépe.

Ha añarä niko ojapo hína do dia la che rekortáo oñembyaiete hague ha amombo mante hei la arrivéño ijupe guarãichante. Oheja sapy’a hembi’u ha ojesaupi, omaña porä hováre ha he’i chupe: “ndaikatúi ko jaikuaapa araka’eve la ojehúva ñandéve”.

Ha ojayvy jey hembi’u ári ondyry hese, ha’ete umi animal tuya imánsova ha ivare’aitereíva. Peteïcha kuchára ha kygua ojupi ha oguejy, oguejy ha ojupi mbeguekatu péro opara’ÿre moköive, ha’ete voi imbo’epyre. La arriéro omyaña platíllo omonandímava pe kuñakarai oñepyrü javete otrrensa jey iñakä rague hi’atï atïmava.

Upéi la karia’y ojohýi porä ikyse rái jovaive pe vánko rembe’ýre ha ominge iváinape. La kuñakarai ohecha mba’éichapa omoinge iku’akuápe, henondévo, ijasúvo ha hi’yvakue yvy gotyo.

Ne ryguatäpa che karai

Oikoite ha ojapichy vevuimi ifáxa

Pe kuñakarai nomombíai hína kuri hesa ichugui ni sapy’ami. Karia’y rete porä ojuhu; oguapyhápe jepe voi ipuku, tuicha ha ikangue guasu. Ha’eñónte voi ñemo’ä omyenyhëva pe koty po’i, ha katu ha’ete ku yvate oikóvva térä mombyry oïva, ku ohasakuevomínte oïvahína térä ku márö noguähëmbáiva oguahëhápe. Ha katu niko kane’ö tuja oje’o para pámava ojaitypo pe hova kanguére ha oguejy pe isiénere ohechaukapotávo py’a guapy kirirï ipypukúva omoirü mante ha chupe ipire kambáicha.

Iporämbaite la arriéro oguerova ikupy peteïva pe apyka puku ári rupi, oñembojere ha opyta la kuñakarai rovaiete, umi henypy’ä haimete voi oja ojuehe. —Mboýpa adeve ndéve che sy.

Mboyve hei la guäiguï. ¡He’ë!hei la arriéro mbaererovia’ÿ kangymi reheve –Anichéne upéicha.

Nahániri. Mba’evete che karai –hei jey la guäiguï. Omohendapa jeýma irrodéte ha péina ko’äga oasegura ohóvo orkíllape, ohupíva ohóvo hapypa’ügui.

Ndaupeicharäichango kuri ojekexa la arriéro .Noekapa niko hetaite rembaapo rei che rehehápe.

Mbaevete, ha’éma ndéve oñemoñe’ë pyatä la guäiguï . Sonseraiterei niko.

Upéicha ramo che ame’ëta avei ndéve peteï sonserami la arriéro ojepovyvy ivorsikérape.

La kuñakarai oipetemi chupe ijyvápe. Ha upévo, degolpete, iñe’ë ambuepaite.

Ani che memby. Marä piko aipotavéta mbaeve ko kuehe ambue pyhare ojererahapaite vaekue chehegui opaite mbae aguerekomi vaekue.

Máva piko orahapa –pe karai derrepénte hesa ñarö ha ima’ë pochy.

Ndaikuaái anga ko che. Oguähë niko hikuái entrre heta, pyhare pyte ramo; peteïnte la ilintérnava ha cheamenasa vaipa.
¡Háke añamemby! hei la arriéero-. Péro upéva piko siérto.

Siertoite che karai, ha añeno pe che renimbépe, aryrýi, asusü, kyhyjégui; upe aja haekuéra oike oguerahapaite la ojuhumíva ha upéva he’ívo omaña peteï pa’ü gotyo . Che karameguä che aomimi reheve, ha upéi che asáda ha che machéte, ha che lámpara avei. Ha pe che lámpara la ambyasyvéva.

Mbaeichaguápa la ne lámpara.

Peteï lámpara pyahuete, iporäitereíva, ajogua ramoitéva umi hesa omimbi ojahúvo tesaýpe ijeguaka de vrónse sayjúva –okirirï moköivéva . Ha la pyéulo niko mombyry ko’águi ha la tataindy hepy, ha hiarive ijekásoma voi ave ko’äga rupi.

Péro ajépa ivandidoite hikuái hei la arriéro ha noñentendéi la iñe’ëpa hái téräpa iro . ¡Vandído umi añamemby!

La revolución niko opáma. Ajépa. —Ojapóma un me opa hague hei la arrivéño.

Ha mba’ére piko aipórö osegi hikuái oporoperxudika ha oñembosarái la mboriahúre.

Umi ou vaekue piko montonéro térä piko xuérsa.

Moö anga piko che aikuaáta umi mbae. Péro amalisia ko che vesíno kuérante. Águi média légua hápe, kuarahyresë gotyo, pe íla Yryvukeha kupépe niko oï umi Cuéllar kuéra pyéhto; umíva niko xénte iñañáva sin segundo. Ha amo gotyo mive oiko ku Aguitín Segóvia, ótrro ñañálo avei. Ha upéi katu, amo gotyoite, pe ka’aguy rembérema, oreko ikokue Soláno Chamórro, arrieromi ilaja vaíva múndope. Oje’e jeko upe rupi cheplataha, ha mamópa jaikuaáta noiméipa umíva rehe mba’e.

Oñembo’y la arriéro oho haguäichama.

Ha néi hei ha ombojeo iñe’ëre ipya remiandu tekotevë apaga chedeveha. Aháta ajeporekami jahecha ndatopáipa umi nde kósa kuéra ojereraha vaekue ndehegui. Ikatu mba’éko.

Moö piko rehekáta oporandu la guäiguï.

Aháta ajapi una guélta pe rupi. Ikatúko aporandu randúpe umi ere hague rupi chéve ajuhu algúna kósa.

Oñepyrü oku’e karai puku—Ha rejapo vaerängo che karai la rejaposéva hei la guäiguï-. Reterere raëta niko reho haguä. Ajépa.

Nahániri. Iporävéko aha mandi voi.

Upe peve oñe’ë oúvo hikuái kuri guaraníme. Ko’äga katu, pe okë guive, la arriéro oñe’ë karai ñe’ëme:

He de conseguir tus cosas pe iñe’ë oveve yvytúicha iñakä ári, ñemo’ä voi ku katuete oikótava pe he’íva –. Lo que te quitaron.

La kuñakarai niko nontendeiete la karai ñe’ëme ohendúva, upévare oñakäitymínte chupe.

Onsilla pya’e porä henda ha ojupíma voi hi’ári. Péina äga pe Nórte vai ojupivéma yvate; yvyra ru’ärema oï. La kuñakarai ogueru peteï iliapy oprepara va’ekue chupe ijaviorä, so’o piru ha mandi’o mimói, oñoña pe igurúpa jurúpe, xinéte ojupiha ládo guápe.

Ruáno kangue guasu okavesea jevyevy. La guäiaguï oñapytï porä chupe itiénto, oasegura.

Muchagrasiaetaitémante he’i la arrivéño.
Kuarahy rata asajekue ipohýiva oguapy hováre ha ñemo’ä ku omboje’óva ha ombojehe’a ikane’ö tujaite, ipy’a marangatuete ha ipire kamba rehe.

La guäiguï’i niko ojekyty kyty hína kuri la xinéte retyma asúre. Upeichaháguinte omaña yvatévo ha otopa tuichaiterei erádo pe kavaju ha kuimba’e háse la arriéro. Upévo orrekula trre páso ha’etégui chupe pe ára je’okuepa oñyñýi ha ojehykuavóva iñakä ári. Upépe oñandu pe karai ipu’akapaitétaha opa mba’ére, oñandu imba’ekuaaha, itýra péva, opensa; upévo oguejy ijahy’óre py’a angatu, (agradecimien to) omyakÿ oúvo ijahy’o.

Néi, aháma che sy hei la arriéro. Hymba ruáno ombojere.

Ha guéno. Ataluégo mante che karai –hei la guäiguïmi.

Pytü paráma hína kuri ojevy ramo guare. Amoite ára ru’äre Nórte vai omosarambipa arai vevúi oytúvrepe hetaitéva.

La óga jára nohendúi chupe oguähë ramo guare.

Reimépa la viéxa oporohenóivo iñe’ë na’imbaretéi ha katu hakua.
Ha’e osë hogaguy nandípe ha ohecha pe hogarokápe peteï xinéte pyhare, hatä oñekaramáva hymba riénda rehe ha ipo ambuépe katu ojapyhy peteï ao avoa ha peteï lámpara pyahu ijeguakáva.

Amalisia ko che, ko’äva ha’éne haguä umi nde kósa kuéra.

Oñemboja la kuñakarai. Pe karai po oguejy ohupyty peve ipo.

Kavaju ruáno oñambyvo atä ha oñakämbovava. —Aníke. Cháke itúvo hei la arriéro.
Eee. Ema’ëmi. Ha haeee. Péa che lámpara. Ha péa avei ha’e che sái pytä. Ha che sái guy, avei. Máhke mucha grasiaetaite mante che karai. Aagradesetépa ndéve. Hái, che Dio. Dema niko aagradese. Mba’éichambo ha’éta ndéve –iñe’ërasëmba la guäguïmi, haete voi ku ojahe’ómava hína.-

Guéno, che sy. Iporämante.

Ára resakä paguépe, pe pytümbypávo, ha’e ohecha jey hese heko ñemomombyry, ohasakuévonte ojehecháva, heko kañe’ö yma ha ipy’a marangatu máro okacha’ÿva.
Péro niko ha’e oñembojerevymi ha ojayvy pe iláso oïha ládo. Upe riremi, ohechauka’ÿre hova, he’i:

Ha péva chéve ramo guarä la nemondapa vaekue ogueru jey hete hendápe; ohupívo ijyva ha ombojerévo, ojapo peteï medialúna ára rováre ha tyapúpe oity pe kuñakarai renondetépe peteï tapicha yvypóra akängue. Opyta upépe oykévo, hova ijasuvogua oja yvýre. Peteï hesánte ojepe’a, morotï, ha’ete ku oma’ë mombyrýva hína.

Ijajúra kuára peteïvagui osyry jey osëvo tuguy hü, ojehe’a pe yvýre ojojoguágui ikolor ha oiko chugui peteï kuáxo ojapajeréiva pe kuñakarai py ypyete peve

La xinéte ojapi un tirón ojehechave’ÿmava hymba riénda pe ha otrrankea mbeguekatu trrankéra ládo irruáno ári, osë vientosur gotyo.

La te’öngue resa kue tuja ha’ete ku omimbivéva. Upévo la guäiguï oñepyrü osapukái.
Ha katu niko umi isapukái ojupi ára ru’äre avave ombohovaive’ÿma haguäme. Upe aja karai arrivéño oikaräi irruáno, ko pytümbávo ha’etémava peteï sáino tapadoite, ha oñapymi mbeguekatu ohóvo pe ñúre pytü ryepýpe, umi sapukái, pe tapicha ha henda ruáno, ndaha’ei ramo guáicha añetegua; ñemo’änteva Nórte vai remimoñare térä mba’e ñande képente jahecha va’ekue.

                                                      Tadeo Zarratea