lunes, 19 de marzo de 2012
ELVIO ROMERO, el más universal de los poetas paraguayos
Elvio
Romero figura en esta galería por el mérito de haber vencido el monolingüismo
castellano. Era buen hablante del idioma
guaraní pero como fue apartado de su pueblo por razones políticas siendo muy
joven, le faltó vivencia y profundización de esta lengua. La mayor parte de su vida la pasó en Buenos
Aires donde hablaba con los paraguayos en guaraní, pero no se atrevió a
escribir en esa lengua “por respeto a la misma”, como alegaba. No obstante, y
para vencer su monolingüismo literario escribió su primer poema en guaraní
titulado: Che ropea guýpe. Entiendo
que se propuso escribir una serie para no figurar en los anales históricos como
poeta monolingüe y hasta puedo creer que sus escrúpulos políticos no le
permitían dicha calificación. Él fue un hombre que abrazó en su juventud, como
decía el Dr. Eusebio Ayala, “las ideas humanitarias del socialismo”; y se
mantuvo en esa línea hasta su muerte. Por ello no podía ignorar el idioma propio
de este sufrido pueblo por cuya redención se jugó y al cual le demostró su más
plena solidaridad durante la vida entera. Pero al final resulta que Che ropea guýpe es el único poema
escrito por Elvio en guaraní. Tampoco abrazó el castellano paraguayo. Su
idiolecto fue un castellano estándar, clásico, tuteante en el centro de la
región voseante; un castellano internacional. Pero no se cómo se las arregló
para dar a su poesía, a pesar de todo ello, un inconfundible acento paraguayo.
Es posible que su lenguaje rebelde, altivo, combatiente y apasionado, haya
alcanzado a pulsar una de las cuerdas del alma paraguaya, porque a nosotros nos
gusta su poesía; la sentimos como salida de lo más hondo de nuestra tierra
profunda para envolvernos con un halo de emoción muy especial; es como si el
poeta empuñara nuestra más íntima dignidad para devolvernos el orgullo de
pertenecer a un gran pueblo.
Si
el bilingüismo oral guaraní-castellano antes que separar a los paraguayos, los
une, el bilingüismo literario debe hacer lo mismo. Por eso quiero destacar que
en el mundo de la literatura castellana del Paraguay hay literatos que militan
en el bilingüismo, aun cuando son monolingües o precariamente bilingües. Por
ejemplo, Rubén Bareiro Saguier, con esa diafanidad de conducta que le
caracteriza, dice a cuantos quieran escucharle: “yo lamento no poder escribir en guaraní porque fui formado en la
cultura colonialista; no tengo capacidad para escribir en esa lengua, pero
apoyo con todo fervor a quienes lo hacen porque es la lengua propia del
Paraguay”. Carlos Villagra Marsal tampoco
pudo ser un escritor bilingüe, igual que Rubén y por la misma razón, pero apoya
sin retaceos el bilingüismo. Estos dos
escritores tienen además el mérito de haber abrazado el castellano paraguayo en
literatura y de haber dado con ello identidad propia a la literatura paraguaya
en castellano.
Pero
no debemos olvidar que ellos tienen precursores. Elvio lo tiene a Herib Campos Cervera,
insigne renovador de la poesía castellana en el Paraguay que, para no ser
rotulado como monolingüe, escribió dos poemas en guaraní: Mandu’a rory y Kyha
inimbo. Los otros dos lo tienen a Benigno Gabriel Casaccia Bibolini,
novelista, el primer narrador de ficciones que tuvo el Paraguay, en cuyas obras
puede leerse, puesta en boca de los
personajes de Areguá, el castellano paraguayo.
La
historia de Augusto Roa Bastos es diferente, debido a su actitud frente al
idioma guaraní. Es nuestro mayor escritor, es cierto, y además formó parte del
selecto grupo del boom latinoamericano de la narrativa junto con Gabriel García
Márquez, Alejo Carpentier, Mario Vargas Llosa, Jorge Amado, Julio Cortázar y
otros. Incluso fue distinguido con el Premio Cervantes en el año 1989. Roa explicaba que llegó a ese sitial porque
su obra literaria tenía un sello distinto dentro de la narrativa común
latinoamericana; era una narrativa con sabor diferente, “porque debajo de mis textos corren como ríos subterráneos la lengua y
la cultura guaraní”. Ese sello
distinto fue obtenido a través de la traducción al castellano de las metáforas
e imágenes usadas en el lenguaje común por los hablantes del guaraní paraguayo;
muchas no son creaciones originarias sino traducciones. No obstante, Roa tiene el mérito de haber
puesto dichas imágenes literarias y los giros idiomáticos del guaraní al
servicio y para consumo de la comunidad universal. Loor y gloria para el gran escritor,
pero ¿qué beneficios trajo este hecho al idioma guaraní? Para nosotros, poco, porque
entendemos que un idioma no consigue enriquecimiento, promoción ni respeto a
través de las traducciones de sus metáforas, imágenes y otras figuras
literarias creadas por sus hablantes. Estas
traducciones fortalecen más bien al idioma receptor. Por ello y precisamente
por ese aporte a la lengua castellana, fue muy justo que se le diera el Premio
Cervantes de Literatura. Los españoles saben lo que hacen. Pero, a contrario
sensu, el idioma guaraní poco le debe a Roa Bastos, porque su contribución a
esta lengua, que le permitió llegar a tan alto sitial, fue escasa. Es más, si fuéramos extremistas diríamos que no
favoreció a la lengua guaraní; pero como no lo somos, valoramos en justa medida
su actitud. No podemos desconocer que honró a la lengua al reconocer que mediante
el idioma guaraní llegó a donde llegó.
Volviendo
a Elvio después de estas digresiones, pasamos a analizar su único poema en
guaraní. Señalamos, en primer lugar, que tiene una forma curiosa. El poeta adopta
en esta obra una virtual forma clásica; le da un ropaje aparente de poesía
rimada cuando en realidad no usa rima alguna. El poema consta de 4 estrofas;
cada estrofa contiene 4 versos; cada verso es de 18 sílabas. El primer y el
tercer versos terminan con acepto llano, mientras el segundo y el cuarto versos
constan de 17 sílabas pero con terminación aguda, razón por la cual la
preceptiva considera que tiene 18 sílabas. Es un poema con métrica regular y
acento rítmico final invariable; son versos medidos pero no rimados. El sabor
poético le da, aparte del acento rítmico, sus metáforas, imágenes y otras
figuras retóricas. Es un poema dedicado al amor presente, al cual Elvio estaba
más inclinado. Es difícil encontrar entre sus obras un canto al amor ausente o
perdido. Che ropea guýpe es un gran
poema, bellísimo, pero insuficiente para ubicar a su autor entre los grandes
poetas del guaraní.
Llegar
a ser el más universal entre los poetas paraguayos en lengua castellana
conlleva un gran mérito, pero no el mayor. Para mí el mayor mérito de Elvio
Romero consiste en haber cambiado el discurso amoroso del hombre paraguayo. Me
explico: antes de Elvio, los poetas paraguayos, y detrás de ellos todos los
varones, cuando pretendían el amor de una dama lo pedían, rogaban, imploraban y
hasta mendigaban. Por ejemplo, Ortiz Guerrero decía: “Tañesüna ndéve / ha nde po guive pa / chemboy’umi”. Gómez Serrato
decía: “Epáy ehecha / nerokëme oúva oñepomoï.
Tupä mba’e jára / nerenói haguéma hembe ruguypáva”. De este mismo modo
escribían los poetas de lengua castellana de la época y en consecuencia éste
era el discurso utilizado por los varones para lograr el amor de la dama,
porque los poetas son los que nos prestan el discurso.
Pero
un día llegó al parnaso paraguayo un joven poeta llamado Elvio Romero y de
inmediato se cuestionó esta situación; se preguntó: ¿por qué el varón debe
mendigar de esta forma un bien siempre compartido, como es el amor o el sexo
que es casi igual?; ¿por qué no ha de manifestar simplemente sus sentimientos
con toda la dignidad de una persona, puesto que al final, a la mujer le da la
misma opción de aceptar o rechazar la oferta de amor?
Una
vez asumida esta postura comenzó su gran obra de transformación del discurso
amoroso. En su obra poética insta al varón a manifestar su amor con fervor y entusiasmo
porque tal es la naturaleza del amor presente. Insta a dejar de lado el discurso
derrotista y angustioso, que apela a la conmiseración. Para mí aquella renovación ha sido necesaria y
oportuna, porque, tal como entendía Elvio, el amor presente está signado por el
fuego, la llama, el fervor, el ímpetu, la vitalidad y un coraje arrollador. Este
poeta llega sosteniendo que antes que pedir, el hombre debe ofrecer; ofrecer su
corazón, sus sentimientos, su persona; y además debe valorar lo que tiene y ofrece,
porque no es poca cosa. Por ejemplo, el beso que él daba, recibe una
calificación casi mágica en el emblemático poema titulado “FUEGO”. Allí dice: “El beso que yo te doy / te deja una sola
herencia. Constelarte en su fulgor, en
su fragancia, en su arena. Es la activación de mi pecho / fruto viril /
apetencia; cárdeno deseo / de gloria; sed de una posesión serena”. “El beso que
yo te doy (…) / quiere medir tu estatura / quiere respirar tus trenzas / quiere
ceñir tus suspiros / quiere atravesar tu lengua. (…) Son clavos que llevo
adentro / donde mis hambres te acechan / donde mis armas te forjan / donde mis
hierros te queman. Se apoya en tu corazón y allí te acosa y te cerca”.
Después
de Elvio Romero sólo aquellos paraguayos que no lo han leído siguen implorando
el amor de la mujer.
Además
de gran poeta, Elvio era una gran persona y tengo el honor de haberme honrado
con su amistad. Una vez en Buenos Aires,
me llevó a ver y oír un espectáculo que le gustaba mucho: “El Cante Jondo” en
el “Tablao Flamenco” y a la salida, en el “Café Tortoni” me dijo: “Nde Tadeo, oguahë niko chéve peteï vy’a’ÿ, nantendéiva mba’érepa”.
Le contesté: “Upévante niko
katu oguähë ndéve. Aníkena oiko ndehegui la “mbokaja ha’eño”, he’íva ku Romero
Valdovinos”.
Mi respuesta le puso curioso y se puso a indagarme.
Allí le expresé: “Acaba de hundirse todo
un mundo ante tus ojos, y eso significa para vos una depredación casi total de
tu ambiente; es un golpe muy severo. La única forma de combatir la angustia que
eso te causa es, recreando de inmediato tu ecología humana”. Esta
recomendación le impactó. Estábamos a 5 años de la implosión del bloque
soviético, donde antes él pasaba largas temporadas compartiendo tertulias con
los más grandes literatos y artistas de todo el mundo. Ahora estaba sumando a
su viejo exilio un virtual confinamiento en Buenos Aires, aislado de todos, con
ya muy escasos viajes a Europa, y era natural que la depresión le viniera pisando
los talones. Indudablemente tenía la urgencia de renovar su mundo y aceptó mi
recomendación de muy buen grado.
Podríamos
decir que Elvio nació poeta porque antes de cumplir los 20 años de edad ya registró
en poemas los hechos ocurridos en su país, el sufrimiento de su pueblo y sus
penurias personales. Desde entonces
aparecieron sucesivamente sus poemarios: “Días
roturados” en 1947; “Resoles áridos”
en 1948; “Despiertan las fogatas” en
1950; “El sol bajo las raíces” en
1952; “De cara al corazón” en 1955; “Los innombrables” en 1959; “Esta guitarra dura” en 1961; “Destierro y atardecer” en 1962; “El viejo fuego” en 1977; “Flechas en un arco tendido” en
1983; “Los valles imaginarios” en 1984. Tiene además 2 ensayos: “Miguel
Hernández, destino y poesía” en 1958 y “El poeta y sus encrucijadas” en 1991.
Elvio
Romero es el poeta del amor y de la lucha. Poeta del amor por excelencia; del
amor apasionado, digno y viril; pero también es el poeta de la lucha, de la
protesta radical y de la esperanza de redención de su pueblo.
Tadeo Zarratea
Marzo de 2012
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ResponderEliminarTesarái mboyve, Augusto Roa Bastos y Epifanio Méndez Fleitas (aprox. 1950)
ResponderEliminarAmáicha tata omboguéva
ha omokañýva hetia’evéro
maymáva tesarái pópe
ñane apatíva jajuayhuetéro.
Vokóinte vy’a mboypýri
ne águi aje’óne ahávo
ha nde chembojeroviávo
pukápe che amomyrÿine.
Akóinte mbyja ko’ë
ku ne pehengue
poty mimbipa
oúne che ánga piári;
ajéipo yvaga rata
okukúi rei
ha ikusuguepa
che aramboha ári.
Yvoty pirukuemícha
hembýne chéve nderéra
che móyru hagua che kéra
tesarái pohéi jave.
Mba’éicha tamora’e
reho vove chehegui
che rekove oñehundi
ku ne porë’ÿ
tesarái mboyve.
Jasy rendy pypore
pe ñúre tohechauka
oguévo ne ra’anga
amano hagua
tesarái mboyve.
Antes que nada, decirle que me gusta mucho su blog. Quería solamente discrepar sobre la valoración de Roa en relación con el poeta acá celebrado. Por caso, y si bien Roa siempre señaló que su lengua materna fue el castellano, testimonios poéticos menores, como éste que agregué, marcan que tampoco fue,como usted dice, ingrato con la lengua de la que se benefició. Pero, para ser más exacto, también difiero en que la obra de Roa sea una mera traducción, una apropiación del universo metáforico guaraní. Creo que lo más elevado de ella, excede ese aspecto. Y eso es lo que la coloca como una cima de la literatura mundial, no solo en lengua española.
ResponderEliminarVuelvo a reiterar, excelente su blog, me es de mucha utilidad. Espero se entienda mi discrepancia.
Saludos