Aprobación del Pabellón y Escudo Nacional en el Tercer Congreso reunido en el templo de la Encarnación el 25 de noviembre de 1842, bajo la presidencia de don Carlos Antonio López.
Óleo sobre lienzo de Guillermo Ketterer pintado en 1957.

martes, 2 de septiembre de 2014

Presentación del libro: “Carlos Federico Abente, el Sembrador de Poesía”.


Señor Presidente en ejercicio del Congreso Nacional,
Senador de la Nación Dr. Enrique Bachetta

Señora Presidenta de la Comisión de Cultura del Senado,
Senadora de la Nación doña Blanca Ovelar

Dignísima Dama, doña Eva García Parodi de Abente

Señoras María Estela y María Eva Abente García

Señor Carlos Ramón Abente García

Señoras y señores:

Vengo a presentarles un hermoso libro titulado: “CARLOS FEDERICO ABENTE, EL SEMBRADOR DE POESÍA”, de la autoría de nuestro escritor Mario Rubén Álvarez y  la coautoría de Margarita Morselli, directora del Centro Cultural de la República El Cabildo. Esta gran obra está editada por el Congreso de la Nación, el Centro Cultural de la República El Cabildo y la Editorial Servilibro.

Sobre el libro en sí les diré pocas cosas, porque ni falta hace, tratándose de la obra de un escritor avezado y de una  gestora cultural la larga trayectoria. Tomando nota de sus autores podemos imaginarnos ya que la obra está correctamente organizada, cuidada en todos sus aspectos, prolijamente editada, profusamente ilustrada con documentos históricos, memorables fotografías que constituyen reliquias de nuestra cultura y cuyo diseño estético delata también la intervención de las manos de Mirta Roa.

Como biografía ilustrada y comentada es una de las mejores aparecidas en nuestro medio y eso debemos celebrar, porque la persona de quien se trata se lo merece y con creces.  Don Carlos Federico Abente es una de las altas cumbres de nuestra cultura, y no agrego la palabra “popular” porque conlleva un sesgo diminutivo, casi degradante, en este bendito país nuestro, donde la denominada “alta cultura” se halla divorciada de la “cultura popular” por obra y gracia del colonialismo cultural. En el concepto de nuestra mediocre clase intelectual, lo que está escrito en guaraní es popular, por el mero hecho de usarse esa lengua; y además, el valor semántico de la palabra “popular” está bastardeada; no significa obra valorada y amada por el gran público sino confinada al ámbito folklórico.

Hecha esta aclaración previa, puedo ya afirmar que la obra poética del Dr. Abente es innegablemente popular, porque es conocida, valorada y amada por toda la población paraguaya. Esto es lo que tiene de “popular”, porque tratándose de su nivel estético, éste se halla ubicado muy cerca de la cumbre en la escala establecida por la preceptiva literaria. Es una poesía moldeada en la fragua del lenguaje figurado, del lenguaje meta-lógico, del lenguaje simbólico. Por tanto, es poesía culta por donde se la mire; poesía de alto nivel estético.

El Dr. Carlos Federico Abente es uno de los ejemplos más vivos del intelectual que no se aparta de la cultura de su pueblo; que no busca diferenciarse sino al revés, busca afanosamente  comprender y hacerse comprender por el pueblo llano;  busca empuñar y darle forma a los sentimientos de la gente de pueblo.  En el pasado el Paraguay tuvo decenas de esta clase de intelectuales, pero últimamente deviene en una especie en vías de extinción. No tengo cómo explicar el fenómeno, por eso simplifico afirmando que es producto de la colonización cultural, del neocolonialismo. Y es una desgracia, porque obviamente quien se aleja de la cultura de su pueblo no se eleva sino se aliena, se enajena.

Una corriente de pensamiento sostiene que las obras de arte son obras de los pueblos y no precisamente de las personas que aparecen como sus creadoras.

El Maestro José Asunción Flores, nuestro mayor músico y gran amigo de este hombre cuyo centenario de nacimiento hoy estamos celebrando, estaba evidentemente enrolado en esa corriente, porque antes que auto proclamarse como creador de la guarania, le atribuyó esa creación al pueblo paraguayo. Lo dijo en su última carta dedicada a la juventud paraguaya, dirigida al entonces presidente del Centro de Estudiantes de Medicina, universitario Víctor Fanego, afirmando: Soy miembro del único pueblo del mundo que fue capaz de crear la guarania. La guarania  es de mi pueblo. Allí están los sollozos de su pasión y los gritos de su rebeldía. Nació conmigo, pero sobrevivirá mientras el hombre paraguayo sea capaz de silbar una canción. Como se ve, Flores se consideraba a sí mismo como un instrumento musical del Paraguay, como una guitarra del pueblo paraguayo, de este pueblo que fue capaz de crear la polka paraguaya con sus siete variedades y también la guarania.

Traigo esto a colación porque quiero explicarme de alguna forma por qué la poesía de Abente emociona con tanta facilidad y con tanta profundidad al paraguayo de los más diversos estratos sociales.  Se sabe que los grandes poetas tienen como meta llegar a expresar los sentimientos de su colectividad cultural. El poeta es un ciudadano más, pero un miembro privilegiado por ser una célula sensible de la comunidad. Al alcanzar ese objetivo es cuando el poeta se vuelve multitud, se convierte en vocero de su pueblo. A través de un poeta identificado con su pueblo, habla el pueblo mismo. Felices quienes logran esto. Felicitaciones a quienes se esfuerzan por lograr, y conmiseración para aquellos que sólo desean expresarse a sí mismos, para quienes ignoran a sus antecesores en el arte de expresar, para quienes no creen en la concatenación de la cultura, para los que creen que cuando ellos llegaron al parnaso fue descubierta la poesía verdadera; conmiseración para los que se consideran superiores al pueblo mismo y pretenden hacer arte al margen de toda cultura colectiva, para los que se distancian de su pueblo para sobresalir y triunfar, para quienes por ignorar sus raíces se ignoran a sí mismos.

El Dr. Abente alcanza en estos días, felizmente,  100 años de vida fructífera, pero todavía es poco; él vivirá más de 1000 años en el corazón de su pueblo, porque como miembro privilegiado, no por la fortuna sino por el talento, se ha convertido en un instrumento cuya función ha sido potenciar la voz de su pueblo hasta los más altos decibeles.

Conocí al Dr. Abente el 17 de setiembre de 1991, en la Casa de la Cultura que funcionaba en la ex Escuela Militar, aquí mismo, en esta manzana. Fue en ocasión de presentar al público uno de sus libros: “Che kirirĩ asapukái haguã”, y en esa ocasión dije lo que ahora repito porque sé que le gustaron estas palabras. Entonces dije:

“Me ha tomado totalmente de sorpresa la  solicitud del Dr. Abente, de  presentarle este libro, por cuanto que no me considero con suficientes méritos para que se me confiera  tan alto honor, y así lo he hecho notar al intermediario don Gilberto Rivarola, con total espontaneidad.

Jamás habría imaginado yo este  momento cenital de mi vida, de tenerlo presente ante mis ojos, y en el marco de su propia ecología humana, al inmortal autor de “Ñemitỹ”, Dr. Carlos Federico Abente. Y mucho menos podría imaginar tener en mis manos este poemario que recoge una buena parte de su obra poética en guaraní.

Siempre me llamó la atención el hecho de que los grandes hombres, los científicos y los intelectuales más profundos, recurrieran a la poesía en su edad madura. Por aquel tiempo yo pensaba que esos hombres se encontraban por encima del marco etéreo del lenguaje poético. Pero estaba equivocado y aquí tenemos una prueba más: un profesional de renombre, un científico, que recurre a la poesía para gritar su condición de hombre, de persona sensible, de paraguayo y de transterrado”. Evidentemente el frío lenguaje de la ciencia no basta para nombrar lo innombrable. Las sensaciones sinestésicas del alma humana”.

Luego de realizar minuciosos análisis de la poesía abentiana para su publicación en la antología de los poetas de la lengua guaraní del siglo XXI, he arribado a algunas conclusiones sobre la gran obra poética de don Carlos Federico. Allí he dejado escrito que:

Si bien es un poeta excepcionalmente bueno en lengua castellana, él se aferró a la lengua guaraní como a una tabla de salvación en el mar; como un cordón umbilical con su cultura propia. Él, íntimamente, nunca aceptó su separación del Paraguay, y la lengua guaraní le permitió sentirse siempre dentro del país.

El Dr. Abente es un hombre que irradia una fuerza extraordinaria, como persona y como poeta. Sus versos y su voz se hallan impregnados de una energía poderosa que se presenta sin convocatoria, sin que él se proponga; aparecen como una eclosión; dimana simplemente de un espíritu poderoso.  Pareciera que toda esa fuerza proviene de su integridad moral, de su conducta ciudadana y de su compromiso con el destino de su pueblo. Sin embargo, no es así; es independiente de esos atributos, que también los tiene, pero no. Les aseguro que simplemente proviene de su vena y de su verba poética.

Recuerdo que durante la larga dictadura mis alumnos de la universidad tenían el deseo, muy intenso por cierto, de cantar Ñemit en coro, en la plaza pública, a modo de provocación al dictador.  Más de una vez les prometí que cuando lleguen los tiempos de la libertad formaríamos un coro de 60 voces para cantarla.  Esta canción es más que emblemática en la lucha por la libertad y la redención del Paraguay; es una canción motivadora, energizante, que causa emociones muy profundas.  Es un canto del labriego, del campesino paraguayo postrado en la indigencia, pero Abente,  que se encuentra inmerso en ese campesino y nos habla desde allí en primera persona del plural, se ubica muy lejos de la auto conmiseración para emitir un mensaje optimista, lleno de esperanzas, de promesas; anuncia la alborada, el fin de todas las penurias y la redención del Paraguay. Este anhelo expresado en la canción tiene una magia; se apodera automáticamente del paraguayo, sea cual sea su condición social. Es una canción que crea una fuerte comunión de ideales.  El poeta Abente sabe de lo que habla, de lo que él ha pasado, de lo que ha pasado su país, de lo que su pueblo viene pasando; por eso está tan cerca de los sentimientos más profundos que se encuentran soterrados en el corazón del pueblo. Es posible que Abente sea el único paraguayo consciente de la gravedad de la situación paraguaya. Esta forma de encarnar el sentimiento popular es más propia de los políticos, pero la política es un arte-ciencia que Abente nunca ejercitó.  Refiere que a pesar de su íntima amistad personal con Flores y muchos de los que conformaban el grupo político de éste, Abente nunca adhirió a la ideología sustentada por ellos; tampoco tomó partido por las organizaciones políticas tradicionales del Paraguay.  Sin embargo, sus poemas siempre fueron caballos de batalla política debido a su enorme dimensión social y patriótica.  El partido de Abente es la patria toda, íntegra, sin divisiones; y la fórmula para la redención del país que él propone es simplemente el trabajo, la producción, junto con la unidad nacional, la fraternidad y la solidaridad entre los paraguayos. Abente no inventa soluciones mágicas. Como poeta que intuye el futuro se adelantó a las conclusiones de la Cumbre de la Pobreza de Copenhague de 1995. Allí, en ese foro universal se dijo, con la más alta de las voces, que “la pobreza extrema degrada a la persona humana” y que “la única fuente creadora de riquezas es el trabajo humano”.  Hoy toda la humanidad comprende que es así, pero nuestro poeta lo dijo 50 años antes.

Su obra poética se encuentra sin ser evaluada por los críticos, pero definitivamente consagrada por el pueblo que la ama y la enarbola.  Publicó en total 5 poemarios: Che kirĩrĩ asapukái haguã   Para gritar mi silencio (1990), Kirĩrĩ sapukái El grito del silencio (1995), Sapukái Poesías inocentes (1997), Sapukái sunu Grito de trueno (2001), y Ñemitỹ Antología poética (2009).

Como se ve, en los títulos de  cuatro de sus poemarios aparece la palabra Sapukái, el grito, por momentos contraponiéndose al silencio.   En un poema dice: “Quiero gritar mi silencio” sugiriendo que en su interior se halla contenido, por alguna razón, algo grave, algo grande. Su silencio es una amenaza de eclosión y su voz es un grito, un Sapukái, un trueno.

Tengo el honor de haberme ganado su amistad. Hemos compartido momentos culturales y familiares, tanto en Asunción como en Buenos Aires. Nuestras tertulias literarias, matizadas por esta gran compañera de su vida, doña Eva García Parodi de Abente, nunca han tenido desperdicios. Cuando lo tengo en mi presencia y lo observo, por momentos  imagino que sus canas no son tales, sino lavas del volcán que lleva adentro”.

Ha avei péicha ha’eva’ekue chupe upe ramo:

“Reñemyrõne che ndive, ryke’yvusu, aityvyro’ỹramo ñane avañe’ë,  ko ne rembiapopy porãite ojeguerovy’ahápe. Upévare péina aipovã vevuimi nde apysápe, nde ryvy pahaguemícha, ko’ã che ñe’ẽ. Ndachéi va’erã jepe niko kuri la ápe oúva oñe’ẽ. Ápe niko tekotevẽkuri ou Ortiz Guerrero térã Emiliano, térã Campos Cervera, ha tove José Asunción tombojeguaka umíva ñe’ẽ mba’epu rorýpe. Ape ñaikotevẽ peteĩ mbaraka guasu yvyra porãgui ijapopyréva, oñemosãva mborayhu ryvípe, mboriahu ry’áipe ojahupyréva ha ipúva ipuháicha chokokue ahy’o umi takuare’ẽndýre”.
Ha péina ko’ãga ha’e jey voi.

Tekotevẽ jajupi oñondivepa amo yvatete, pe amo yvyty pane ru’ãme, Areguápe, oĩhápe ñane retã apysa ha ijuru, pe estación terrénape, ikatu kuaa haguãicha upe guive ñañehenduka opaite yvypórape, mayma tapicha oĩva ko yvy apérepe, jaguerohoryha ñaína ko’ápe karai guasuetépe, “Ñemitỹ” apoharépe,  isánto ára rehe, ombotývo 100 áño. Upépe tove tajaguerosapukái ko mba’e guasuete, ñande ahy’o ipyáu peve.

Enterove ápe ñaiméva ñahendu ypy ne raka’e ñane mitãrõ, ku purahéi hérava “Ñemitỹ”; ha upe guive upe purahéi ñanemoirũ añete, ñanemongakuaa, ñanembokaria’y ha ñanemombarete. Upéva hína upéicha pe mboriahu pyapy ñañandúgui ipype; jatopágui ipype tetã resay oñehẽmba’ỹva araka’eve, ha tetãygua mba’apohára kerayvoty. Ha upéi, ñane retã ho’a ramo guare tekove tajasu poguýpe ha ñanderereko mymbárõ, ñahendu javérõ Ñemitỹ jahecha hechámi vaicha ñandéve ñane retã pykuaha oso ramo ha ñaime haguéicha jajepepy ramo jasapukái. Hi’ãntemi ñandéve jahecha ko tetã ojetyvyro ramo ha arai resáre ojepytaso. Ajépa niko hetaite mba’e ohatapyña ñande pype upe purahéi. Ha’e avei pe ko’ẽ pyahu ohechaukáva ñandéve, otiri-jeka ramo pe ára rapópe, pe amo ñu apýpe, ára mataitépe.  Umícha javerõ niko ñañandúmi pe yvytu vevúi ñanderovajohýirõ ha ohavi’ũ ñande pire kyrỹi, ñanembopiro’y ha ñanemombytu’u.

Chepyahúpemi aimo’ã pe Ñemitỹ ou ymaitevégui. Ha’etémi chéve ku yvyguýgui osẽva, ñane retã rapo kua rupi. Naimo’ãimi voi ijapohare oikovéne haguã. Nahendúimi voi chemopirĩ’ỹre; katuetémi che’angapyhy. Upévare ambopurahéimi cheremimbo’ekuérape. Aipotágui oñandu hikuái mboriahu angata ha ikerayvoty. Aipotágui oñandu pe jerovia ome’ẽva mayma tapichápe. Ñemitỹ ñahendúrõ ha’ete voi ku agãite herãntema ñasẽmbátava ojohapépe, jajotopapátava, ñañomomaitei ha jajopopyhýtava, ha oñondivepa ñagueroko’ẽtava Paraguái pyahu.

Ñahendúrõ hína he’i ñandéve: “Topa ñembyahýi / joayhu taheñói / Toppu’ã ñane retã / Ñañembytypa ha jasapukái / vy’ápe che retãygua”, niko, ñañeporandu voi: ava piko ñandepykua, ajevérõ ã mba’e ndajajapói. Máva piko ñande po joko. Araka’e piko ñaimembáta oñoñe’ẽme jaityvyro haguã ko tetã.

Aníkena tetãygua ñaiméva hu’ã ipiru ñande pýri ko’ã karai Abente kerayvoty. Ani jaheja omano ñandepype ko’ã mba’e ipotapýva, ohesapéva ñane akãpy ha oipyguaráva ñane korasõ. Chupe ñambojeroviapotávo kena ñamba’apo akói ñane retãre ha ñande rapicháre. Ha ani ñame’ẽtei juruja oguahẽ meve ñandéve ára pyahu, teko pyahu ha tekojera mborayhúpe oñemondéva.

Aguyje.

Tadeo Zarratea
Paraguay, 27, agóhto, 2014.


                                         
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